Publicado el 5 de Abril del 2011 por Boss en Cine
Estuvimos viendo… SuckerPunch

Pero…¿qué me estás contando?

 

1’5 (5)

Con un montón de  críticas variopintas a la espalda acerca de esta, cuanto menos, singular película, me acerqué el pasado viernes noche a verla en pantalla grande, por aquello de que las películas visuales (y esta película prometía ser muy visual) generalmente sólo se disfrutan bien en una pantalla decente. He de decir que la desangelada impresión de la sala (ni una cuarta parte ocupada) un viernes noche, ya era un signo bastante clarificador de lo que me esperaba. Pero aun así, tenía fe.

 

 

SuckerPunch, el último filme de Zack Snyder (300), es una ensalada de pequeños trocitos de otros filmes que incluye referencias claras a Moulin Rouge, el Señor de los Anillos, 300, Kill Bill, Yo robot o Zombies Nazis, aderezadas con toques videojueguiles a lo Final Fantasy, o Dragon Age (Dungeons & Dragons también me vale).

 

Y vosotros diréis “Moooola”…

 

 

…pues, chicos, lo siento en el alma, pero la realidad es que no mola demasiado. Y os voy a contar por qué. La película nos muestra (no confundir con “nos narra”) la historia de una niña de 20 años que sufre una vida tormentosa y muchas experiencias traumáticas en una época que, si te paras a pensarlo, no se antoja lo suficientemente moderna para que la muchacha tenga tantísima imaginación (sobre todo en cuanto a robots). La muchacha, tras ser internada injustamente en un psiquiátrico, inserta la realidad en un mundo de fantasía (que sirve de excusa al director para meter todas las frikadas que se le han ocurrido, según se le iban ocurriendo) para intentar salvarse de un terrible final.

A partir de una idea como ésta, uno podría trabajar un guión con toques interesantes o profundizar en los personajes, o utilizar el pasado de la niña para ayudar a modelar esas fantasías a las que recurre tan frecuentemente. No es el caso: las fantasías no tienen figuras del pasado, ni representan momentos traumáticos ni nada por el estilo. Tienen una leve relación con el entorno o el objetivo con el que son, digamos, imaginadas, pero nada más. Son frikadas, puras y duras, que podrían ser producto de cualquier mente adolescente de nuestra época y, en algunos casos, están metidas bastante “con calzador”. Y esta carencia de argumento o de peso de las escenas no es algo exclusivo de las fantasias: a lo largo de todo el film ni siquiera se profundiza demasiado en el pasado de la protagonista, ni de ningún otro personaje. De cualquiera de los personajes que intervienen terminas conociendo la cantidad de cosas justa y necesaria para justificar que estén ahí. Al director no le hacen falta más. Luego pone una moraleja al final y ala, se queda tan contento.

Quizá pedirle un guión a una película como ésta os puede parecer pedirle demasiado. Yo fui al cine sabiendo que no iba a ver una obra maestra, pero pensando que al menos sería visual, y al final resultó que toda la parte visual estaba metida en la película de una manera tan gratuíta y con tantos sinsentidos, que  me aburrió bastante. Al salir de la sala lo único que me mereció un poco la pena ver fue el principio (porque suena prometedor) y el final (porque aunque tiene muchas cosas que no tienen sentido, no deja de ser un final con moraleja).

 

Una pena, porque podría haber sido una excelente película. Es lo malo de que las frikadas estén de moda.