Publicado el 12 de Junio del 2012 por Capitan_Melenas en Cómic
Tiny Titans, el retorno a la infancia

Bueno, quizá para mi primera intervención frikera debería haber escogido algo más adulto y serio. Pero no he resistido la tentación, y dedico mi debut a la reseña de una de las colecciones más entrañables y divertidas que encontraréis en vuestro antro habitual. Los Tiny Titans, señores, que son muy de reírse.

El posmodernismo y demás nos han traído, entre otras cosas, un cambio radical en nuestro modo de entender el cómic de superhéroes. Obras como Watchmen, El regreso del señor de la noche o “Born Again” de Daredevil fueron una vuelta de tuerca, que recordaba a la industria que aquellos que fueron niños con la viñeta de fondo, habían crecido, y el medio tenía la obligación de crecer con ellos. Las historias se oscurecían con el paso de la década de los 80, hasta una desaparición total de la estúpida autocensura que el medio se había impuesto con el comics code, que tanto mutiló la evolución del noveno arte, hasta el punto de que muchas etapas de ciertos superhéroes rozaron el ridículo durante mucho tiempo (ejemplo, el Batman de los 60… algún día hablaremos de los temibles efectos de ese colorida bat-tontada: La serie de Adam West, el Batman con tripa).

Así que se rompió una estampa de antaño. Los miles de niños y adolescentes que asaltaban los kioscos cada mes, ansiosos por conseguir nuevas aventuras de sus tipos en pijama favoritos, desaparecían de la faz de la cotidianeidad comiquera. Ahora eran sustituidos por  tipos entre los veintitantos y el treintañero de turno, coleccionistas, críticos, y deseosos de ver como sus héroes son maltratados y vapuleados por el guionista sádico de turno (destroze usted a Daredevil de nuevo, querido guionista estrella: es un clásico ¡Y es gratis!)

Ya no había gente en el kiosco, el lugar para el tráfico con material sospechoso se trasladaba a la tienda especializada, que era además un punto de encuentro donde encontrar a fauna raruna como uno mismo. Las chicas se unirían mucho después con la llegada del manga, claro, así que al principio aquello tenía cierto tono de película de gladiadores (sin abdominales, claro).

Total, que los niños quedaban desplazados de un mundo que había nacido como alimento de su imaginación, un medio que se había intelectualizado y que les quedaba grande. El mundo de los superhéroes se hacía mayor, para bien o para mal.

Por eso aplaudo la aparición de una colección como los pequeños titanes. Quita toda esa complejidad, muchas veces absurda, reduce el nivel gráfico a un modelo perfectamente entendible por los peques, y que además es tremendamente atractivo. La eterna pandilla adolescente de la DC se transforma en su versión mini en una colección de pintorescos alumnos de primaria. Nada de megabatallas por la defensa del planeta, la justicia y el Kentucky Fried Chicken. Aquí tenemos peleas de lo más inocente en el patio de la escuela, escapadas y correrías por la Batcueva, para enfado del bueno de Alfred. Nos reiremos con los apuros de Raven y Rose al descubrir que sus maléficos padres son los profes de la escuela, las cosas de chicas que se trae la sección femenina de la pandilla, o los escasos éxitos de Beast Boy para conquistar el corazoncito de una muy jebi para tener seis años Terra. Historias simples, muy simpáticas, y con un gran apartado artístico, con una distribución de viñetas de lo más clásica y eficaz, que permite que los peques entiendan poco a poco las características del arte secuencial.

Aunque seamos serios. Es un producto destinado a los niños, premiado con un Eisner, y que hará las delicias de los peques comiqueros, oh pobres hijos de padres frikis. Pero el problema que veo yo a esta colección aquí en España es que los personajes no forman tanto parte de la cultura popular como lo puedan hacer en USA. Se dan muchas cosas por supuestas sobre la personalidad de los personajes, extraída y adaptada desde la serie clásica de DC cómics. Los chavales más metidos en el tema puede que recuerden algo de la serie de dibujos que se emitió hace unos años. Además, la edición no es muy apropiada para que sea manejada por niños, con cubiertas duras y llenas de picos. Hubiese sido más funcional, aunque mucho menos atractiva, un material más blandito.

En todo caso, para todos aquellos que tenéis peques en casa, puede ser un regalo ideal. Pasaréis horas con vuestros enanos, explicando quién es quién, una pequeña introducción en una mitología tan inabarcable como la del cómic de los últimos 50 años. Os reiréis de las correrías de estos pequeños supers, mientras os ocupáis de una importante labor pedagógica: la formación de la futura generación de comiqueros, que aprendan con productos como éste el medio que tanto nos hace disfrutar, que tantas horas nos quita, y que tanto hace peligrar nuestra cuenta corriente.

¡Disfrutadlo, malditos!