Publicado el 15 de Septiembre del 2012 por Germánico en Libros
Hablemos de Libros: El Cartero, de David Brin.

3.9/5

En estos últimos días, aquí en mi ciudad, ha habido una pequeña Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Como lector empedernido que soy no pude evitar pasarme por allí a ver qué había; por desgracia, si me dejáis entre libros siempre termino comprando alguno. Uno de ellos, encontrado por casualidad, de segunda mano y terriblemente barato, fue El Cartero, de David Brin, libro en el que se basa aquella película de Kevin Costner titulada en España Mensajero del Futuro.

Quizá sea una de las pocas personas a las que la película le gustó. Más por curiosidad que por otra cosa, comencé a leer el libro y pronto me vi enganchado en la historia. En El Cartero, David Brin nos presenta un mundo postapocalíptico, sumido en una especie de Edad Media tras una Guerra Fatal en la que la radiación, satélites de ondas y hombres locos que seguían una filosofía machista y violenta (basada en un libro de un tal Nathan Holn) fueron la causa de la caída de la civilización, dejando tras de sí un caos generalizado, grupos de asaltantes y pequeñas poblaciones aisladas sin conexión ni gobierno central. En ese mundo desolado vive un hombre solitario que se dedica a recitar poesía y representar pequeñas obras de teatro a cambio de algo de comer; su nombre, Gordon Krantz. En un pequeño encuentro con unos bandidos, Gordon se ve despojado de prácticamente todas sus pertenencias y, muriéndose de frío y por pura casualidad, encuentra el cadáver de un cartero del que tomará su uniforme. Al llegar al siguiente pueblo, despierta antiguos recuerdos de pasados gloriosos y civilizados y las expectativas de un Estados Unidos Restablecidos dan esperanza a la gente… esperanza que envuelve a Gordon convirtiéndole en un emblema de una nueva era. Así nace el mito, la leyenda… Y el Primer Cartero se ve en la obligación de vivir preso de su propia mentira, luchar contra los holnistas (una especie de ejército de liberación que seguían las premisas de su fundador, Nathan Holn) hasta que o bien se descubra,  o bien esa mentira se haga realidad.

Es una novela increíblemente adictiva de ritmo trepidante… El lector no acaba un capítulo y está casi desesperado por saber más (y eso que, en principio, al verme la película

Cartel de la película de Kevin Costner basada en la novela de Brin.

digamos que pensaba que tenía el final destripado). Lo mejor es que, aunque la película tenga la misma premisa, las historias son totalmente distintas. En la novela disfrutamos más conociendo las causas de ese catastrófico futuro, de las razones, de las consecuencias. El protagonista, Gordon Krantz, se presenta como un personaje melancólico e idealista con una fuerte lucha interna, que pasa de amar su mentira a odiarla, de ser totalmente ajeno a ella a creérsela hasta vivir casi únicamente y exclusivamente por ella en cuerpo y alma. Otro punto bastante interesante es que (a mí personalmente me encantan esos pequeños detalles) se nota que su autor es doctorado en Física con una especialización en Tecnología Espacial; le da ese toque totalmente verosímil que toda novela de ciencia ficción seria necesita (recuerdo a mis queridos lectores, que esto mismo dije de la novela de Robopocalipsis… Aunque bien es verdad que no puedo hablar mucho de la sci-fi porque no soy un gran lector del género).

¿Recomendarla? Si habéis visto la película y os gustó, por supuesto. Si habéis visto la película y no os gustó, también para ver que la historia original es, sin duda, mucho mejor. Y si no sabéis siquiera de qué película os hablo, pues también, que es fácil de leer y no es extensa (377 paginas tiene mi edición, y tiene una letra hermosota). Además de todo esto, es una novela que te hace pensar, recapacitar sobre qué somos los seres humanos, te hace divagar… Y una vez has cerrado el libro, te quedas aún un tiempo mirando el techo dándole vueltas al mismo pensamiento, rumiándolo.

Para terminar, y como curiosidad, esta novela (escrita en 1985), ganió el Premio Locus en 1986 y el premio John W. Campbell Memorial de 1986, considerándose una de las mejores novelas de ciencia ficción de los años 80.