Publicado el 15 de Octubre del 2012 por Capitan_Melenas en Cómic
Punisher: Olor a pólvora

Punisher está de nuevo entre nosotros;  regocijaos, hermanos. De hecho, el personaje vive un momento dulce, ya que son dos las cabeceras dedicadas a uno de los antihéroes más reconocibles del universo Marvel. Todos conocemos su historia, marcada por la tragedia familiar, que alimenta una legendaria sed de venganza contra la mafia carroñera que arrancó la poca cordura que le quedaba al ex marine Frank Castle después de su experiencia bélica en las selvas vietnamitas. Pocos imaginaban que este torturado vengador callejero conseguiría la atención del público, hasta el punto de que su dudosa posición moral en el mundo superheróico de blancos y negros fuese uno de los motivos por los que acabó ganando el derecho a protagonizar una colección con su nombre. Representaba los recovecos ocultos del colorido universo de la casa de las ideas, donde los villanos no son tan pintorescos, y los malos no acaban enredados en telaraña con una simpática nota para la policía. Si eres culpable, estás muerto, ese era el lema interno para el señor Castle, que se dedicaba a acribillar sin remordimientos a lo más sórdido y repulsivo de la sociedad. Protagonizó una mítica colección, War Journal, donde conocimos un jovencísimo Jim Lee, que ya entonces dejaba con la boca abierta por su tremenda ruptura con todo lo que habíamos visto hasta el momento. Es más, el tipo de la calavera tiene el dudoso honor de ser el protagonista de la primera adaptación de un cómic Marvel al celuloide, en una abominable película, subproducto de acción ochentera protagonizado por el inefable Dolph Lundgren, que en esa época lo mismo te hacía de boxeador ruso, que de castigador, que de HE-MAN (por favor, decidme que recordáis Master del universo… es más, pedidme una crítica, y seré todo vuestro para siempre, queridos frikis). Ahora le veis el jeto en The Expendables, y os declaráis fans del amigo Lundgren “de toda la vida”, pero ahora es cuando la vejez es un grado, y digo…”yo estaba allí, niños”.

La dignidad no se come, chavales

La dignidad no se come, chavales

En fin, que la carrera de nuestro sicótico favorito ha tenido mogollón de luces y sombras, con cierres continuos de su colección, regresos, más cancelaciones, momentos nefastos y ridículos, y etapas absolutamente gloriosas. La más sonada, la que escribió Garth Ennis, vuestro guionista salido de madre favorito, que venía fortísimo después de comerse el mundo con “Preacher”, y que se lo pasó en grande con el señor Castle en sus manos. Marcó un antes y un después en el modo de entender las historias protagonizadas por Punisher, lo amputó sin piedad de la continuidad tradicional, y creó un mundo a su imagen y semejanza, donde las historias crudas y plagadas de violencia gratuita fueron la tónica general.

Llegamos a la actualidad. Dos cabeceras, dos, con Punisher en vanguardia. La primera, absolutamente imprescindible, escrita por Jason Aaron, que recoge el testigo de la propuesta de Ennis, con un Frank Castle  desquiciado total, con el norte perdido del todo, con más años que la tana, y metido de lleno en una lucha a muerte con un enemigo que surge de la nada, pero que aglutina en sus manos todo el poder del submundo de la delincuencia que nuestro anti héroe quiere borrar de la faz de la tierra: Kingpin.

El uniforme me quedaba fatal. Me gusta más mi actual estilo casual/tarado

El uniforme me quedaba fatal. Me gusta más mi actual estilo casual/tarado

Pero vamos a la colección de la que vengo a comentar veleidades y maravillas. Después de muchos palos de ciego, la cabecera original de Punisher por fin tiene algo reseñable. Forma parte de la resurrección que han sufrido los tres grandes personajes de los bajos fondos de Marvel: Empezamos con el Caballero Luna,  continuamos con Daredevil (ambos reseñados en esta insigne página por el que suscribe), así que  ahora es el turno de nuestro querido colega Castle. Y que regreso. Totalmente incrustado en la continuidad Marvel de siempre, pero con una personalidad propia; un cómic adulto, influenciado por la serie negra más brutal, lleno de violencia sin tapujos, pero no exento de cierta elegancia, tanto en la historia como en el impresionante trabajo artístico. Un ritmo  endiablado que te dejará sin aliento desde la primera viñeta, literalmente. En las tres primeras páginas, Greg Rucka se carga a todos los invitados de una boda. Sí. Tres. Primeras. Páginas. Recuento de cadáveres, 60 muertos. Este tío no tiene piedad.

Greg Rucka es un guionista serio, implicado, capaz de dotar de alma a personajes límite, outsiders machacados por situaciones que a cualquiera de nosotros nos dejarían de por vida dándonos cabezazos contra paredes acolchadas. Rucka da humanidad a personajes que son unos supervivientes, que están por encima de la vida y la muerte, incluida la suya misma. No tienen nada que perder, y eso hace que sean los monstruos que son, cazadores de otros monstruos aún peores. Además, consigue que nos caigan bien, incluso que en algún momento lleguemos a cierto entendimiento de por qué hacen lo que hacen. Ya tiene la experiencia de las sucias calles de Gotham tras su etapa en Batman, con lo que  nos trae el mismo ambiente insano y mugroso a las viñetas de Punisher, con un compinche espectacular. Reconozco que no conocía a Marco Checcheto, pero me ha dejado absolutamente impresionado como se acopla a los cambios de intensidad de los guiones de Rucka, que pasa del intimismo al baño de sangre en un par de páginas. Un esteta de la violencia, que bien podría haber firmado el diseño de algunas de las mejores escenas de los momentos más épicos y sucios de las películas de John Woo.

Resumen: si buscáis un cómic que no os trate como idiotas, si estáis hartos de tipos en pijama repartiendo tollinas, si lo vuestro son los callejones oscuros, los mercenarios armados hasta los dientes, las redes mafiosas miserables, los ambientes de novela negra, los detectives de cafés en plena escena del crimen… ésta es vuestra historia. Y si os gusta, no dejéis de mirar la colección de Jason Aaron, con otro espíritu, pero igual de interesante. Parece que Frank Castle ha vuelto para quedarse. Así que, si eres culpable, estás muerto.

gangnam style, pero contra tu esternón

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