Publicado el 27 de Octubre del 2012 por Capitan_Melenas en Cine
Lo Imposible: Crítica sin chistes sobre Rocío Jurado

Qué difícil es hacer críticas, chavales. En serio, no es nada divertido. Primero, aunque parezca mentira, no es especialmente agradable machacar el trabajo de los demás. Incluso cuando los demás me han confundido con una ameba imbécil, y me han intentado colar un bodrio como un castillo. Segundo, algunas críticas me llevan a polémicas que no me apetece alimentar, a conversaciones que se convierten en infinitas, y por ende, aburridas, en las que decenas de personas se empeñan en demostraciones inútiles acerca de mi incapacidad de entender el cine como ellos lo ven. Me siento como un marciano, como un ser de ladrillo. Esto es lo que me ha ocurrido con esta película. La gente que tengo alrededor no entiende la razón por la que no trago esta medianía, el misterio de mi incapacidad para emocionarme y llorar como una magdalena ante la desgracia absolutamente atroz que ocurre ante mis ojos. Es más, cuando la proyección terminó y yo solté un muy contundente “menudo pedazo de mierda”, una chica en la fila de al lado me miró como si fuese un violador, un asesino de niños, o algo peor. Me miró como si perteneciese a otra especie, a otra clase de ser humano, de los que coleccionan uñas de los pies o decoran sus paredes con cuadros fabricados con sus propias heces.

Metes un obispo en la foto y es el Foro de la familia 2013

Metes un obispo en la foto y es el Foro de la familia 2013

Pero es que no puedo con esta clase de películas, precisamente por eso. Porque me están chantajeando desde el minuto uno. Y odio que me hagan eso. Lloraré si quiero, me emocionaré si lo consigues, me pondré en la piel de los personajes  si tú, director, eres capaz de hacer tu trabajo y crear ese clima de empatía. No porque me obligues con una serie de recursos manidos, explotados, a base de clichés desesperantes, de situaciones ya mil veces vistas, con la poco sana intención de que me olvide de lo terriblemente vacío que es todo lo que tú llamas película, pero que yo llamo manipulación ruin.

No lo dudéis, todas las películas manipulan. Todas. Cada una de ellas pretende llevarte a su terreno, un juego con tus sensaciones, a base de prestidigitación visual, historias más o menos llenas de artificios emocionales, y personajes que acaban formando parte de tu imaginario personal. La diferencia entre una buena película y una mala película es que no te des cuenta de que esa manipulación tiene lugar. Con Lo Imposible vemos el conejo antes de que lo metan en la chistera.

Ni siquiera pude ponerme un poco en la piel de los personajes. Ni un poco. Apenas hay presentación, no sabemos quiénes son, que relaciones hay entre ellos, aparte de pertenecer todos al mismo núcleo familiar. No entendemos si hay conflictos, un atisbo, aunque sea escaso, del bagaje anterior de esta gente de la que no tenemos ninguna información. Es más, a lo largo de toda la película, sabremos muy poco sobre ellos, puesto que lo único que los define es su desgracia. Hay una honrosa excepción con un personaje del que vemos una relativa evolución, el hijo mayor, pero es todo tan forzado y previsible, que se convierte en insuficiente. Los demás, acaban la película como la empezaron. Incluso los niños pequeños, metidos con calzador, absolutamente sobrantes, no despertaron una pequeña porción de instinto paternal en mí. Me pasé en todas y cada una de sus escenas con un único pensamiento: Sobra. Están ahí en otro intento miserable para atacar a mis emociones. Niños pequeños desvalidos en medio del horror. Muy bien, señor director, pero si quito esas escenas ¿Cambia en algo la película, son trascendentales, son imprescindibles aparte de para un ataque sin piedad a las emociones primarias del espectador? Pues, desde mi punto de vista, la película sobrevive perfectamente a esos momentos, porque, efectivamente, no son más que gas lacrimógeno. No tienen razón de ser más allá del gasto de kleenex.

Acojonarse, nivel pánico

Acojonarse, nivel pánico

Por lo demás, personajes anodinos. Imágenes cotidianas que buscan una conexión emocional, pero que a mí me transmitían un único mensaje: “¿Quién es esta gente, y qué hago viendo sus videos caseros?”

Para remate, hay una conversación con la que el guionista nos quiere explicar un poco el contexto de estos señores. Mientras están de vacaciones en Tailandia con sus cuatro hijos, en un resort de megalujo, hablan de posibles problemas financieros. Toma. Muy agudo. Una charla de apenas dos minutos, y que consigue justo lo contrario de lo pretendido. No me siento identificado por esta pareja de nuevos ricos venidos a menos. Lo siento, pero no.

Los secundarios tampoco ayudan. No ofrecen nada, salvo más gasolina para la desgracia de los personajes. Sirven para dar mayor empaque al llanto, porque un personaje sólo en medio de la nada no da tanto juego. Mejor que, si el protagonista llama por teléfono y se derrumba, tengamos un grupo de personas alrededor que sirvan para un par de planos convincentes de sus rostros desencajados ante la situación de nuestro héroe. No hay más. No aportan, la escena no depende de ellos, salvo por el puñetazo en las tripas directo al espectador. Mención especial, el cameo absolutamente cutre de Geraldine Chaplin, en una escena igual de innecesaria como casi todo lo demás en esta película, tan llena de superficialidad (lo cual es muy duro tratándose de un drama que intenta ser trascendente y terrible), que pretende con simpleza absurda, y con la misma ruindad de siempre, crear otro vínculo paterno filial con los hijos de la pareja protagonista. Si lo consigue, bravo por vosotros. Yo me sentí asqueado, casi como si me metiera mano un desconocido, salvo que el lugar de la agresión era mi cabeza, mi corazón. Y eso me parece repugnante.

Empantanito me tenéis esto, niños

Empantanito me tenéis esto, niños

Ningún plano es inocente, todo es un estudiado plan para que vuestros lacrimales se desequen sin piedad; cada uno de los movimientos de cámara es una invitación a que tus intestinos se remuevan, a que la impotencia ante la catástrofe se apodere de cada uno de los resquicios de tu alma, con tanta vehemencia que acabas por sentirte agobiado, presionado a que te metas en la debacle sí o sí. Sin ningún tipo de sutileza, sin una explicación coherente de la razón última por la que deberías sentirte así. La película es tan autocomplaciente que espera que tú, espectador, hagas ese trabajo, porque sí, porque es una peli de llorar, y si no lloras, eres un monstruo insensible.

Lo que más me duele de esta película es que, cuando es una intervención militar directa a los sentimientos del espectador, sea al mismo tiempo tan fría, y en cierto modo, ajena a sus protagonistas. Ahora es cuando digo que Bayona me parece un gran director. No lo dudéis, sabe manejar la cámara, sabe cómo se imprime ritmo a una película, tiene recursos visuales a miles…pero está tan obsesionado con incrustar tanta poesía visual, tanta alegoría emocional, tanta angustia a través de los ojos, que su forma de dirigir se convierte en una justificación por sí misma, más allá de la historia que cuenta, que creo que debe ser lo importante. Veo más amor en una escena en la que hay un elefante muerto que flota entre el desastre, que en la escena donde se produce un abrazo. Así que… ¿En qué quedamos?

Lo Imposible es una película que falla. Porque es un folletín de Antena 3 a las cinco de la tarde de un sábado, rodado con espuertas de dinero, y con un director que es algo más que un tipo que conoce su oficio. Pero no hay nada más detrás de esa perfección técnica. Vacío, mecánica, una falta de emoción que se escuda, encima, en la explosión de los instintos más humanos del espectador. Lo único que faltaba es el bombardeo de mediaset, y una bajada de pantalones por parte de la crítica oficial, porque, recordemos, en el fondo es cine español. Eso, y una especie de convencimiento general de que esto es mejor que comer con las manos, que es de mucha pena, que es un dramón. Pues bueno, pues vale.

y con esta cara pienso aguantar las dos horas de película, nano

y con esta cara pienso aguantar las dos horas de película, nano

Repito, Bayona me parece un gran director. Simplemente espero que por fin encuentre su película, porque van dos de dos. No soporté el Orfanato, otro bluff de mucho cuidado, y no soporto lo imposible. Por falsa, por efectista, por chantajista, por su falta de astucia y de escrúpulos a la hora de atacar a mis emociones, sin ni siquiera llevarme un segundo a su terreno.

No me considero ni más ni menos listo que los demás. Ni pretendo que se siente cátedra con esta crítica. Ni mucho menos; es más, si me dices que te ha gustado, posiblemente me quede sin argumentos que sirvan de contrapunto a tu opinión más allá de este análisis en un par de páginas. Quizá, Lo Imposible ha encontrado el camino que lleva a ese punto en tus emociones, quizá tengas una sensibilidad que yo no comparto, quizá seas capaz de ver más allá de los aspectos puramente formales y cinematográficos. Pero a mí no me vale, lo siento.

¿Queréis un peliculón con una familia destruida por la desgracia en la que un niño se enfrenta al caos de un mundo de adultos, se llora como si lo fuesen a prohibir mañana, y encima toda la manipulación emocional queda magistralmente oculta, con lo que tus reacciones son completamente naturales? Ahí está esperando por vosotros “El Imperio del sol”. Una magnífica película, rodada por un magnífico Spielberg, basada en un magnífico libro del muy magnífico J.G Ballard. Luego comparad esa maravilla a este truño, y a lo mejor así alguno entiende que no soy el monstruo insensible que se deduce de mi incapacidad para emocionarme con Lo Imposible.

Ains, Naomi, como te agarres así a todo...

Ains, Naomi, como te agarres así a todo...