Publicado el 5 de Noviembre del 2012 por Capitan_Melenas en Cine
CONFESSIONS: El hermoso trazo de la venganza

TÍTULO : Confessions

DIRECTOR: Tetsuya Nakashima

AÑO: 2010

No soy un gran fan del cine japonés. Paso de hacerme el listo, ya que con esta crítica se puede uno pensar que soy de los que se meten en la red a la búsqueda de las películas más vistas en Tokio. Es más, la cultura japonesa me resulta de lo más marciana, y salvo un momento en mi primera adolescencia, cuando el manga era algo novedoso y desconocido, mis contactos con lo que ocurre en el país del sol naciente son más bien encontronazos. El actual panorama nipón me resulta estridente, poco claro, un cajón de sastre donde un grupo de lolitas góticas cantan exitazos de lo más chochi, que harían que Marisol muriese de vergüenza ajena. Vale, ya he conseguido cabrear a unos cuantos lectores de la página, que me están acusando de ignorante, reduccionista, amén de otras tantas ignominias culturales de las que hago gala en  mis anteriores comentarios. Pues sí, lo mismo es algo de eso, pero justifico mi siguiente crítica en cuanto a que no soy un mega obseso de la cultura nipona, que pondría por las nubes cualquier frikada llegada del lejano oriente.

os voy a joder la vida, nenes

os voy a joder la vida, nenes

Mi conocimiento del cine japonés viene de mano de los clásicos, claro, y de algún director moderno como Kitano, que es una versión bastante occidentalizada del cine real que se hace en su país de origen. De cuando en cuando, cae en mis manos alguna película de allí procedente. No pienso negar la importancia del contexto cultural donde se desarrolla una producción cinematográfica, por supuesto, pero soy de los que creen que una gran película es aquella que es capaz de superar sus localismos, que ofrece una serie de ideas universales extrapolables a cualquier situación, entorno o contexto. Esto es lo que ocurre con la película que os comento hoy. Es extremadamente japonesa, pero al mismo tiempo transmite una serie de ideas que pueden debatirse en cualquier sociedad occidental, la idea de belleza que defiende es perfectamente entendible desde el punto de vista de un tipo en Cádiz, en New York, Madrid, Mongolia o en Uzbequistan (creo que me he inventado un país), los personajes se entienden, las situaciones son cotidianas de cualquier gran ciudad.

recortes en educación a mí

recortes en educación a mí

La primera media hora es magistral. Así de claro. Brillante, sobria, sin aparentes alardes, pero llena de un ritmo acompasado que poco a poco te introduce de manera inteligente en el medio de una situación terrible, con un halo mágico en la sucesión de imágenes llenas de efectismo visual, pero acotada esa poesía por el realismo de la trama, que tantos debates puede generar. Una profesora, en su último día de clase, reconoce ante sus alumnos que sabe que su hija no murió por causas accidentales. Fue asesinada. Por dos de los alumnos que están en ese aula. Por dos adolescentes de 13 años. También avisa, como último adiós, que su venganza ha comenzado. Escalofriante.

Pero es que esa revelación se alarga durante más de 20 minutos. Que transcurren entre cuatro paredes. Y el director, con auténtica maestría, se hace dueño del espacio, genera la tensión necesaria para que nos metamos de lleno en la tragedia. Fijaos en la actitud de los chicos cuando comienza la película. Mirad como están un cuarto de hora después. Notad la absoluta frialdad de la profesora, observad el tratamiento que hace el director de tantas subtramas, como el acoso escolar, las deficiencias del sistema educativo japonés, la relación adolescente/adulto. Con tantos recursos visuales y elementos llenos de poesía que, a la media hora, yo, personalmente, estaba sin aliento. Repito. Entre cuatro paredes. Esto es cine, nenes.

Las relaciones entre los personajes son frías, distantes, aunque a veces se vislumbre cierto atisbo de humanidad, que luego descubriremos que es una ilusión. Precisamente eso, la total asepsia en las relaciones humanas, la falta de contacto físico con una emoción de base, la total incomprensión que sentimos ante los extraños que habitan nuestro día a día (un contacto físico que sustituimos con la agresión y la violencia), la falta de remordimientos, la desestructuración familiar, la responsabilidad por nuestros actos. se forma el triste conjunto que es la trama que subyace tras una sucesión de hechos fatídicos, contados por los personajes en primera persona, en una especie de historia coral, que encuentra en un amalgama de recursos narrativos otro de los aciertos de su desarrollo. A pesar de que resulte un poco caótico, y formalmente incorrecto, no es raro en el cine japonés, y da más entidad a lo que los personajes hacen.

Vale, puede que a veces la trama sea en apariencia complicada, pero si uno le da un poco de vueltas, en el fondo es simple como una entrevista a Messi. De acuerdo, el final es un poco precipitado, y si me apuras, pelín previsible. Pero hoy voy a mirar hacia otro lado con las mínimas deficiencias de una película que aplasta sin concesiones a sus carencias con un maravilloso montón de aciertos.

soy raruna porque el mundo me ha hecho así

soy raruna porque el mundo me ha hecho así

Los personajes utilizan a los demás para sus propios fines, sus relaciones se basan en las terribles pretensiones ocultas. Incluso para atormentar a otros a base de acoso escolar de lo más ruin, para la estigmatización del eslabón débil. Nadie es inocente en esta historia. Pero, aunque parezca mentira, a pesar de la mala uva, a pesar de la fría mecánica con la que todo se desarrolla, creo que hay una idea de defensa a ultranza de nuestra capacidad humana.

Un juego de apariencias, el horror de lo cotidiano, la capacidad de redención, la búsqueda del cariño por parte de unos monstruos que son, al fin y al cabo, niños.

No os dejará indiferentes. Vedla.