Publicado el 19 de Noviembre del 2012 por Capitan_Melenas en Cómic
Kick Ass 2: Mark Millar quiere vuestro dinero

Mark Millar, enfant terrible de los cómics de última generación; gamberro, irreverente, polémico, algo bocazas, y con un ego del tamaño del desierto del Gobi.

Gracias por invertir en mi jubilación, chicos

Gracias por invertir en mi jubilación, chicos

Un tipo, que, para bien o para mal, se encargó de la renovación del concepto de superhéroe, con su etapa en The Authority, donde se planteó una pregunta básica…¿Qué pasaría si los superhéroes hicieran su trabajo? Resultado, un cómic iconoclasta, rompedor, redondo y lleno de proclamas e intenciones que se repetirán a lo largo de la carrera del escocés más lenguaraz del planeta cómic. Aterrizó en Marvel, donde llevó el género superheróico a cotas de militarismo protofascista nunca vistas, cuando Los Vengadores versión Ultimate cayeron en sus manos. Resultado, The Ultimates, uno de los mejores cómics nunca perpetrados, si eres capaz de entender el opaco sentido del humor del que hace gala en sus obras Mr Millar. Lo curioso era que, por mucho que nos cambiase el entorno, por mucha modernización de los personajes, Millar siempre ha hecho gala de un clasicismo más elegante del que da a entender cuando uno lee sus cómics llenos de chascarrillos, lenguaje barriobajero o violencia gratuita. Lo único que hizo en The Ultimates es quitarse los complejos, llevando a héroes por todos conocidos a un nuevo nivel, pero sin perder la esencia. De hecho, esa visión ha sustentado la evolución de Marvel en los últimos diez años, con sus aciertos y sus desastres.

Así que quedémonos con eso: Mark Millar ama los cómics. Hay pocas personas que manejen el lenguaje de este medio como él, lo que nos lleva a la siguiente reflexión:

Mark Millar conoce el negocio del cómic como nadie. Y eso nos lleva a un entorno de mercado mucho más complejo que el simple mercadeo de cuadernillos de grapa en una tienda especializada los sábados por la mañana. Hablamos de productoras cinematográficas, hablamos de Disney, hablamos de millones de dólares en mercadotecnia. Hablamos de que el señor Millar quiere su parte del pastel.

Cariñoso homenaje, nunca plagio, a Los Vengadores

Cariñoso homenaje, nunca plagio, a Los Vengadores

Kick Ass era divertido. Mucho. Era una oda al friki, un regalo a todos aquellos que pasan su vida rodeados de otros seres parecidos y que discuten acerca de las relaciones sexuales de pícara, sobre la utilidad de los poderes de Júbilo, o la razón de por qué Frikis Reconocidos no está en la lista de patrimonio cultural de la humanidad. Era la historia de uno de nosotros, posiblemente el sosías de un Millar adolescente, que decide que es hora de dar el siguiente paso. Como el protagonista decía, es odioso vivir en un mundo en el que todo el mundo quiere ser Paris Hilton y nadie quiere ser Spiderman.

La base de Kick Ass era esa esencia nerd. El protagonista, por mucho que luchase contra su aciago destino, no dejaba de ser un Loser de tomo y lomo.

Entonces llegó la película. Entretenida, pero una versión moña del planteamiento original. Incluso con sus tacos, su ultraviolencia de saldo, sus preadolescentes Ninja asesinas, o Nick Cage vestido de Batman de oferta. Resulta que fue un pelotazo. Tocaba una segunda parte.

Aparece, entonces Kick Ass 2. Una maldita excusa. Un talonario para que Millar de rienda suelta a una idea peregrina que escribió en una servilleta una tarde de aburrimiento.

A Kick Ass le patean el culo... ¿Lo pillas?, ¿Eh?, ¿Eh?

A Kick Ass le patean el culo... ¿Lo pillas?, ¿Eh?, ¿Eh?

La novedad se desvanece, el sentido del humor brilla por su ausencia, y lo que Millar entiende por chiste, se me escapa. Una burrada detrás de otra no significa calidad, sobre todo cuando la justificación es tan fútil. Los malos lo son hasta el ridículo, y llamar al villano “Hijoputa”, no sé hasta qué punto tiene gracia una vez has pasado los 13 años. Hacer chistes sobre niños muertos necesita un trasfondo muy potente más allá de que el malo sea un tipo llamado el “Hijoputa”. Convertir una comedia sobre adolescentes disfrazados que se llevan palizas en una especie de metáfora sobre la naturaleza del héroe más seria de lo necesario, necesita un planteamiento mucho más amplio que llamar a tu villano el “Hijoputa”.

Todo lo que era colorista y alegre en Kick Ass, se transforma en algo dramático hasta lo absurdo, oscuro, sin un atisbo de diversión ni respiro para el lector. Pero no por eso es necesariamente adulto. Al revés, me parece todo simple como el mecanismo de un chupete, una búsqueda constante de escándalo, pero infantil, a la altura de los chistes de pedo culo pis.

Decepcionante. Innecesario. Carente de sentido del humor, con algún atisbo de genialidad en momentos puntuales, como diálogos chispeantes, que se pierden en la marea de brutalidad ideada por Millar. Los personajes eran carismáticos, o por lo menos te sentías identificado con las mil tribulaciones de adolescente freak que todos hemos sufrido en nuestras carnes. Aquí, da sensación de que la inestabilidad mental de todo el mundo no es tan divertida como parecía. El concepto básico de” todo poder conlleva  una responsabilidad” se disfraza de parodia insultante.

Pero Mr. Millar cobrará su cheque.

Una cosa buena es Romita Jr, que abandona su dejadez habitual para regalarnos alguna página realmente trabajada, con toques de espectacularidad muy acertados. Pero sigue a años luz del dibujante que un día fue.

Millar me repatea. Porque hace cosas como ésta con la sana pero poco gratificante intención de llenar sus bolsillos. Pero hace un par de meses, se editó Superior, otra de sus mini series más actuales. Una historia pequeña, simple, que se transforma en un espectáculo al más puro estilo Blockbuster veraniego sin dejar de ser sí misma. Un dibujo genial de unos de mis dibujantes favoritos de los últimos tiempos, Leinil Yu. Una demostración más del fan que lleva dentro, del tipo que ama los cómics, que se sigue emocionando cuando desempolva su colección. Superior es el mejor homenaje a Superman nunca escrito. Un homenaje al estilo Millar. Con todo lo bueno, con todo lo malo, con todo lo regular que nos da este escocés. Pero por lo menos es una historia honesta y llena de cariño, no un trabajo ramdom como Kick Ass 2.

Vamos, que os compréis mejor Superior.