Publicado el 28 de Noviembre del 2012 por Capitan_Melenas en Cómic
SUPERGIRL: OLA KE ASE PRIMA

Nuestra super nena favorita retorna, como era de esperar con el relanzamiento masivo de personajes que ha supuesto esa revolución en todos los aspectos llamada Nuevos 52. Un órdago con el que DC ha puesto patas arriba la industria del cómic USA, que ha tenido mucho de experimento comercial, con lo que compensa una cantidad bastante curiosa de enormes blufs con enormes aciertos. ¿Dónde se encuentra el regreso de la última hija de Kripton? Repasemos un poco lo que ha sido el reencuentro de Kara Zor-el con sus lectores.

Todas las encarnaciones de nuestra rubia, y estáis mirando a la de la minifalda

Todas las encarnaciones de nuestra rubia, y estáis mirando a la que lleva el top

Nuestra protagonista nació como contrapartida femenina al tremendamente popular Superman. Venían del mismo planeta, tenían unos poderes similares gracias a la acción del sol amarillo de la tierra sobre su fisonomía extraterrestre, e incluso compartían parentesco. Kara es la prima de Kal-el, y pertenece al grupo de familias que sobrevivió a la destrucción de Kripton, gracias a la ciencia del padre de Kara. Se crió en la ciudad de Argo, construida sobre los vestigios de la avanzadísima civilización Kriptoniana. Pero está visto que los tipos estos tienen la negra, y una lluvia de meteoritos acabó con la idílica ciudad de Argo. Por suerte, el padre de Kara consiguió salvar la vida de su hija, en una lanzadera muy similar a la que años antes había puesto a salvo a Kal-el, con rumbo a la Tierra, donde sabía que su sobrino había ido a parar años atrás. Una Kara adolescente aterriza en el planeta azul para conmoción de Superman, que descubre que no es el último kriptoniano vivo (aparte de dilucidar una triste verdad, supongo: la única superviviente de su planeta, con la que podría hacer cosas kriptonianamente sucias, es su prima. Que depresión).

¿Qué por ser rubia no se de mecánica? pues estas piezas sobran

¿Qué por ser rubia no se de mecánica? pues estas piezas sobran

Supergirl consiguió unos índices de popularidad bastante elevados, con constantes apariciones en distintas series derivadas de la franquicia Superman, e incluso protagonizando su propia serie regular. Es más, se estrenó un infame engendro cinematográfico a raíz del éxito de la muy estupenda “Superman” de Richard Donner. Aires ochenteros para una Supergirl con calentadores, protagonista de una de las peores películas de superhéroes de la historia. Teniendo en cuenta lo que ha dado el género eso es mucho decir. Aunque admito que la visioné no hace mucho, y tiene un encanto cutre que hace que merezca la pena un vistazo para el recuerdo.

Pero llegó la crisis infinita. Nuestra rubia superpoderosa favorita murió de manera épica para salvar la vida de su primo. La despedida de Superman en lo más profundo del espacio, con Kara envuelta en su emblemática capa, es uno de esos momentos grandes del cómic. Una muerte trascendental, emotiva. Sniff

Para más desgracia, John Byrne se hizo cargo del Superman post crisis, con una idea en mente. Aparte de una necesaria redefinición del origen del héroe en la miniserie “Man of Steel” (Imprescindible y recién reeditada por ECC ediciones. Compradla), una de las ideas básicas que el autor defendería a capa y espada es la naturaleza de Superman como último Kriptoniano. Así que Supergirl desapareció del mapa editorial porque, con la reescritura del universo DC después de la debacle de aquella primera crisis en tierras infinitas, Kara no existía. Así de simple.

Rápido, por allí escapa el director de esta mierda

Rápido, por allí escapa el director de esta mierda

Pero su muerte y borrado del mapa no fueron suficientes para que su espíritu desapareciese. El universo DC necesita una Supergirl. Casi por arte de magia, emergía a finales de los 80 una nueva super nena, aunque no tenía nada que ver con Kara, ni con Kriptón, y su relación con Superman era casi de refilón. Es una historia bastante compleja para que sea analizada aquí, pero básicamente se trataba de un ente artificial llamado Mátrix, que tras mil vueltas y retruécanos, acabó fusionando su esencia con una chica que se encontraba a punto de morir. En un acto de sacrificio, acabaría unida con el cuerpo de la moribunda, adoptando su identidad. Nacía Linda Danvers, y comenzaba una etapa memorable de nuestra heroína. En un momento en el que Matrix/Supergirl estaba destinada a la extinción definitiva, apareció uno de los pequeños grandes genios del cómic de los últimos 30 años. Peter David. El Peter David del mejor Hulk. El Peter David del Spiderman más divertido. El peter David que consigue que X-factor sea una colección única dentro de la idiosincrasia mutante. El mismo tipo que representa el equilibrio perfecto entre intimismo, acción a raudales, trascendencia, cierto toque de polémica, y un sentido de la ironía que hace de su forma de escribir algo único en el medio. Un momento irrepetible, una rara Avis dentro del cómic de los 90, pero que fue más un éxito de crítica que de ventas. No todo el mundo entendía el extraño giro de la colección, que se transformó en una búsqueda casi espiritual por parte de Linda/Matrix/Supergirl, la necesidad de un ente que se había formado en trágicas circunstancias por saber quién era realmente, hasta que encuentra su naturaleza de origen cuasi divino. Ahí es “na”. Así que la colección acabó como el rosario de la aurora, con Peter David claramente enfrentado a los editores que obligaban al regreso de la Supergirl original. David pasó por el aro, y Supergirl /Kara regresó de entre los muertos. Linda perdería todo protagonismo, y un personaje entrañable en manos de David, pasó a ser una molestia para los que continuaron su labor.

Quita las manos, tío enfermo, que soy tu prima!!!

Quita las manos, tío enfermo, que soy tu prima!!!

Llegamos a la actualidad. Nuevos 52. Otra vez empezamos de cero. Kara aparece en la tierra, medio amnésica, sin ningún tipo de idea de donde se encuentra. Su último recuerdo es en su planeta, muerta de los nervios ante su inminente graduación, como cualquier adolescente en Argo, su ciudad de origen. Se encuentra rodeada de extraños, que hablan idiomas desconocidos, aparte de que no se muestran muy amables. Para más misterio, resulta que es muy fuerte. Y lanza rayos. Cuando la cosa se escapa de las manos, aparece un tipo con el emblema familiar, que habla Kriptones sin acento, que jura y perjura ser su primo Kal-el, el mimosísimo bebé que, según sus últimos recuerdos, ella misma había depositado en su cuna apenas unas horas antes. Confusión, novedad sobre una base clásica que sirve de gasolina a una serie que no cambia sustancialmente el origen de nuestra rubia favorita.

Guiones en manos de Michael Green, un tipo que viene de l

el uniforme ideal para un día bajo cero, oiga

el uniforme ideal para un día bajo cero, oiga

a producción televisiva, y se nota en el ritmo que imprime en la serie. Acción a raudales, sabor a tebeo de toda la vida. El autor ha pasado por Smallville, así que no es nuevo en esto de los superhéroes (Claro, que también es responsable de perpetrar algún episodio de Sexo en Nueva York, pero obviaremos este pequeño detalle sin importancia). Su compañero es Mike Johnson, con una trayectoria menos espectacular. Lo más gordo que ha hecho es la colección regular de Star Treck, que por lo visto tendrá mucho que ver con la siguiente película (que yo, anti Trekki a muerte, estoy deseando ver después de que disfrutase como un enano con la nueva versión Made In Abrahams).

Lápices y arte en manos de Mahmud Asrar, eficiente, eficaz y con un buen montón de recursos, aunque no es un espectáculo visual precisamente.

Un primer tomo en el que Kara se enfrenta a un planeta desconocido, a un millonario siniestro (que me temo, dará que hablar próximamente), conoce a su celebérrimo primo, muestra unos poderes sustancialmente diferentes a los de Kal-el (los autores se preguntan “¿Por qué el sol amarillo ha de afectar igual a todos los Kriptonianos?”). Visita su planeta natal, conoce parte de los secretos de su pasado, pero aparecen nuevos misterios, y además se enfrenta a los míticos Matamundos. Creo que es un buen comienzo. No hay respiro.

Así que  una  colección sin muchas complicaciones, con todo lo bueno que ha hecho entrañable al personaje. Yo, admito, tengo bastante cariño a nuestra supechica, gracias a ese carácter inocente, terco, luchador. Me lo he pasado como un enano, porque es un respiro entre la, a veces, excesiva trascendencia que acompaña la lectura de según qué colecciones. Tebeo de palomitas. A disfrutar.

No viene a cuento, pero me apetecía poner una foto de X-factor. Viva Peter David. Y viva Syrin!!

No viene a cuento, pero me apetecía poner una foto de X-factor. Viva Peter David. Y viva Syrin!!