Publicado el 9 de Diciembre del 2012 por Capitan_Melenas en Cómic
Starman: Extensa oda a la genialidad

Bueno, pues aquí estoy. Enfrente del monstruo blanco en el que muchas veces se convierte la pantalla del ordenador. A todos nos pasa en ocasiones, que nuestros dedos se entumecen, las ideas se enmarañan, una veces por exceso, otras porque parece que al inspiración ha decidido que era un buen momento para unas vacaciones. Y es que hay tareas que muchas veces nos superan, por su propio origen, por su propia esencia. Hoy, me enfrento a un reto que hace mucho tiempo me propuse. Llevo días dando vueltas a conceptos, al tono que quería para esta reseña, que momentos son los realmente especiales de una colección tan larga como de la que hoy se habla, que personajes o historias se merecen un trato especial, para no extenderme hasta el aburrimiento, para una síntesis manejable que os permita construir vuestra decisión acerca de lo necesario o no que es el hacerse con este puñado de tebeos.

Jack con Shade y el Sandman de la edad de oro

Jack con Shade y el Sandman de la edad de oro

He descubierto que me resulta muy complicado. Porque hoy hablo de una de esas obras que son importantes, trascendentes, radiantes y hermosas. Porque Starman tiene los elementos no sólo necesarios para ser un buen cómic. Tiene ese ingrediente secreto del que se nutren las grandes obras, esas que recuerdas con los años, que surgen de manera inmediata en tu cabeza si alguien pregunta cosas como “¿Qué cómic te llevarías a una isla desierta?”

Hay tres colecciones que han significado algo especial para mí. Tres obras muy distintas, pero con muchos puntos en común. Que me han influenciado de maneras que nunca pensé que lo haría un cómic, que han hecho algo más que divertirme, que han tocado algo en el corazón, en mis tripas, en mi cabeza, que me han emocionado hasta un punto que ninguna otro medio de expresión artístico ha conseguido. Uno es este Starman. Otro The Sandman, que es de obligada referencia en esta reseña, os explico por qué dentro de un párrafo o dos. El tercero, ya os lo contaré un día que esté de un humor más llevadero. Porque reencontrarme con Jack Knight, sus aventuras, los fabulosos secundarios, su personal camino del héroe, sus fracasos, sus victorias… ha sido una catarsis, así de claro, por muy rotundo o exagerado que os suene.

El uniforme del Starman original

El uniforme del Starman original

“Venga, tío, que es sólo un tebeo”, os imagino a algunos mientras leéis este artículo. Bueno, mi idea es que, cuando acabéis de leer este panfleto, comprendáis la razón de mi explosión emocional. Que si no teníais ninguna referencia sobre estos cómics, corráis como histéricos a vuestra librería más cercana para haceros con ellos, y que si ya los tenéis en vuestras manos, compartáis mi absoluta fascinación por estos 80 números de pura magia, o que veáis la colección con otros ojos.

Decía hace un par de párrafos, que es obligada la referencia a The Sandman, una obra con la que no puedo ser objetivo, ya que, os confieso, Neil Gaiman es, desde mi punto de vista, el mejor cuenta cuentos que ha conocido la humanidad desde hace siglos. A gusto me he quedado escribiendo esa frase, frikis míos. Cuando Starman comenzó a publicarse en tomos, todas las reseñas nos vendían la colección como “el Sandman de DC”. Me decía a mí mismo “Es una maniobra comercial, una historia sobre superhéroes al uso es imposible que tenga ningún punto de conexión con algo tan complejo como la obra de Gaiman”. Ese era mi error, claro; creía que Starman era una simple colección de superhéroes, otro intento más o menos divertido de rescate de un personaje de la edad de oro totalmente olvidado. Después de su lectura, descubrí que era eso, pero mucho más; la receta original del cómic de los años 50 con una acertadísima selección de nuevos sabores. The Sandman, pues, va de un engreído y caprichoso semi dios, que tras muchas tribulaciones aprende a enfrentarse a las consecuencias de sus decisiones, a ser consciente de sus responsabilidades, la terrible lección de que todo lo que hacemos tiene una reacción, y que hay fuerzas en universo más poderosas que nosotros mismos. Todo eso mientras se revisa el concepto de familia, el de la propia muerte, decenas de conceptos más grandes que la vida, acompañado por una colección de secundarios magistrales.

Starman, aunque tiene como inicio una situación que nada tiene que ver con la historia de Morfeo, va de un tipo normal y corriente, que lleva toda si vida huyendo de quién es, de su responsabilidad y legado. Es la historia de Jack Knight, un hombre sin nada especial, irresponsable, caprichoso, mundano y egoísta. Pero es el hijo de Starman. El héroe original de la edad de oro de los cómics, y que formó parte de la JSA primigenia. Ahora es un anciano, que vive con la ilusión de que sus hijos continúen el legado científico y heroico que deja tras retirarse. El detonante de la historia es el regreso de uno de los villanos clásicos del Starman de los 50, y el asesinato de David, el hermano de Jack, que había decidido tomar el manto del hombre de las estrellas. Jack se ve obligado, en contra de su voluntad, a blandir la vara cósmica de nuevo.

Durante 80 números veremos como Jack aprende a ser algo más de lo que él creía que estaba destinado. Toda su vida huyó de su herencia, pero las circunstancias le obligan a tomar decisiones, a asumir sus consecuencias, a madurar. De un punk trasnochado, un rebelde sin causa, veremos la transformación del personaje en un auténtico héroe. Todo ello sin dejar de ser un tipo de la calle, una persona real con problemas reales, que a veces se ve superado por las situaciones absolutamente inverosímiles que se encontrará a lo largo de su camino. Un tipo que ama su ciudad, Opal City, que adora el cine clásico, los coches antiguos y los singles de vinilo. Que tiene tal afán por aferrarse a las cosas materiales que incluso tiene una tienda de antigüedades. Que se enamora, que hace amigos con los que bebe hasta la madrugada jugando a las cartas, que construye poco a poco un renovado sentido de la responsabilidad y la justicia.

Shade

Shade

Pero con Jack Knight no es suficiente. Porque, como toda buena obra, el personaje principal se ve escudado por una colección de secundarios entrañables, perfectos, brillantes, únicos y trascendentales para que la narración sea redonda. El primer Starman, su padre, con el que sobrelleva una complicada relación, que poco a poco gana en emotividad y lazos, hasta que se transforma en buena parte del leit motiv de muchos de los episodios más representativos de la serie. Shade, un villano de segunda categoría, que en manos de Robinson se transforma en un ambiguo aliado, que hace lo que hace por su amor incondicional a Opal City, la ciudad por la que mataría si fuese necesario. Un personaje que era de relleno maloso, pero que gana una trascendencia abismal, ya que sabe todos los secretos y susurros de la oscuridad e Opal. Los O`Dare, la familia de policías que nos pone al pie de calle entre tanto vuelo estelar. El Starman de los 70, Michael, o un bicho peligroso como Solomon Grundy, uno de los malos habituales de Batman, que nos muestra su cara más amable como un sorprendente aliado de Jack. Todos y cada uno tienen su momento, que alimenta la leyenda de la colección porque, de repente, forman una familia extraña, con lazos extraños, motivaciones extrañas, y sentimientos extraños.

Cómo no, tenemos chica en la historia, aunque no os cuento nada sobre ella. Ni siquiera diré su nombre, para no estropearos nada, que viváis la historia como yo la viví. Pero es una chica por la que nuestro héroe es capaz de cruzar la galaxia. Eso es amor, nenes.

James Robinson es un narrador de primera. Se ha molestado en dar personalidad a cada uno de sus personajes, escribe una voz distinta para cada momento y situación, desde el rebuscado lenguaje del romanticismo enrevesado de Shade, la paz mística de Michael, o el callejero e irónico tono de nuestro Jack. Cada historia es una entidad por sí misma, cada ciclo argumental es rico en sus propios términos, pero tienes la sensación de que cada uno de los pasos que Jack da, forma parte de algo mucho más grande. Así ocurre cuando se llega al final de la serie. Todo está perfectamente hilado, no hay huecos vacíos, ni incongruencia que valga. El gran camino de Jack llega a su apoteósico final porque así tenía que suceder, porque la magnífica orquesta que dirige James Robinson no ha fallado ninguna de sus notas, ni el más intrascendente de los acordes.

Tony Harris es genial. No se me ocurre otra definición. Hay artistas que se encargan de superarse a sí mismo y a las expectativas a base de trabajo, de sencillez, de espectacularidad cuando es necesaria, de perfección narrativa, claridad, empezando por las magníficas portadas de la colección. Uno de los más grandes dibujantes que ha dado el medio en los últimos 20 años.

Mención aparte merece su recreación de Opal City, un personaje más. Sus calles están vivas, los personajes así lo sienten, y gracias al dibujo de Harris, una recreación neoclásica de líneas rectas, de rascacielos de aire retro, escapados del sueño de la ciudad perfecta, entendemos a sus más ilustres habitantes. Nada que ver con la oscuridad de Gotham, o la brillante modernidad de Metropolis. Opal City tiene identidad propia, y sus héroes son los encargados de que esa personalidad se mantenga.

Así que lo que vais a encontrar en estos 80 es el camino de Jack Night hasta convertirse en un héroe. En todo momento, será un tipo con el que querremos compartir una cerveza, con el que nos iríamos a la búsqueda de tebeos viejos a una librería del centro, por el que nos partiríamos la cara sin dudarlo. Porque, a pesar de sus defectos, Jack es un tipo duro de los clásicos, fiel a su palabra hasta las últimas consecuencias. Un tipo que entiende el concepto de la amistad y del honor con la suficiente entereza como para transformarse en algo que siempre evitó, pero que le estaba destinado. Recorreremos hasta el último rincón de Opal City, viajaremos a las estrellas, escrutaremos en el pasado de la mano de los recuerdos y relatos de Shade, e incluso un viaje accidental en el tiempo hará que Jack conozca al primer Starman, su padre, en su mayor momento de gloria.

Una muestra de las espectaculares portadas de Harris

Una muestra de las espectaculares portadas de Harris

Pero sobre todo, os vais a encontrar con un testamento vital de la mano de James Robinson. Cuando hablo con gente que quita importancia a un medio como el cómic, por su aparente sencillez, por su filosofía de blanco o negro, por la simpleza de la que muchas veces hace gala, pongo siempre esta obra como ejemplo de todo lo contrario. Porque sí, a veces sus historias son una revisión de cosas que ya hemos visto, conceptos que conocemos, ideas que forman parte de la esencia del medio. Pero, desde mi punto de vista, eso es lo que hace que James Robinson sea un escritor de primera. Esa habilidad para llevarnos a lugares comunes, y que parezcan nuevos y emocionantes. Además, la recopilación en tomos se acompaña de escritos y revisiones del propio Robinson, en el que nos explica de forma muy personal, como fue el desarrollo de la serie, por qué las cosas ocurrían como ocurrían, de sus propias relaciones, de pérdida, de cómo Starman fue un experimento personal para el exorcismo de demonios internos, de filtro para sus propias miserias. Nos habla de desengaños, de reencuentros, de esos momentos en los que se vio endiosado por el éxito, y de la perspectiva que dan los años. La guinda del pastel, que hace la experiencia de lectura algo único.

Pero sobre todas las cosas Starman es una declaración de amor. Amor a un medio, a una forma de expresión, a los cómics en toda su grandeza. Robinson nos recuerda que ama su trabajo, que venera los clásicos que son la fuente de su obra, y se encarga de pasearnos por la edad de oro, con sus entrañables personajes, una época más inocente y clara que el mundo donde se desenvuelve Jack. El respeto, admiración, la pasión que pone el autor es una simple muestra de devoción a aquellos que construyeron el legado sobre el que se sustenta un medio que ha emocionado a varias generaciones. Para los que amamos las tardes de domingo con un tebeo en las manos, para los que dedicamos nuestro tiempo a escribir sobre el fabuloso mundo de las viñetas, en un mundo en el que muchos guionistas juegan con los personajes como elefantes en cacharrería, el trabajo de James Robinson es de una delicadeza inusual. Así que gracias, Mr. Robinson.

Opal City

Opal City

Como ya he dicho, hay tres obras que me marcaron. The Sandman, este Starman, y esa otra obra de la que algún día hablaré cuando esté emocionalmente recuperado de esta reseña. Y no se me caen los anillos al admitir que este melenudo lloró como una magdalena con el final de estas tres series. Nunca otra obra de este medio ha conseguido tal cosa. Así que os invito a que os metáis de cabeza en la vida de Jack Knight, que nos enseña que el héroe se define por sus acciones, aunque se gane el título por accidente. Os recomiendo que busquéis acompañamiento musical, que va desde el rock de los 50, la banda sonora de Star Treck, Funky de los 70, The Clash, The cure, nuevos románticos ochenteros, rock progresivo, y todo lo que podáis sacar de un baúl de vinilos olvidado en un trastero. Si tenéis que gastaros el dinero en un cómic en vuestra vida, que sea éste. Porque vale la pena que ocupe sitio en vuestra estanterías, y en vuestros recuerdos.

Espero que sintáis la misma emoción que yo sentí al leerlo por primera vez.

 

Twitter: @SantiagoNeg

Jack en todo su explendor

Jack en todo su explendor