Publicado el 16 de Diciembre del 2012 por Capitan_Melenas en Cómic
Batman: Tierra 1 El murciélago reimaginado

De cuando en cuando, estas cosas pasan. Autores que agarran un personaje clásico, y dibujan un nuevo origen, un nuevo trasfondo, o simplemente juegan con historias que ya son leyenda. Tierra 1 es el juego personal de Geoff Johns, uno de los niños mimados de la industria del cómic americana. En apenas unos años, ha pasado por las cabeceras más importantes de DC, ha ideado alguno de los eventos más definitorios de la editorial de los últimos años (La noche más oscura, por ejemplo, aparte de ser uno de los ideólogos de los nuevos 52), hasta que ha terminado en uno de los sillones importantes de la industria; director creativo en DC entertainment. Menudo carrerón que nos lleva el colega. De hecho, su mayor mérito hasta la fecha, desde mi punto de vista, es la misión imposible de hacer que Aquaman mole (Escribir Aquaman y molar en la misma frase es algo que nunca pensé que haría… estoy agotado mentalmente, mañana sigo).

El asunto es que no sé si Geoff Johns es un genio del cómic, o un bluff como un castillo. Tengo ese debate interno con este señor. Pero algo hay que reconocer a Johns: sabe cómo escribir un tebeo de superhéroes. Aunque la jugada que nos presenta en esta novela gráfica es peligrosa. Se atreve a rediseñar una historia que ha sido mil veces contada, con la intención de que lo que ocurre en sus 140 páginas se recuerde de aquí en adelante como “El Batman de Geoff Johns y Gary Frank”. Hay que ser valiente para la empresa, teniendo en cuenta que hay millones de fanáticos del Batman oficial y su continuidad capaces de invadir tu casa vestidos con pijamas decorados con murciélagos, armados con batarangs de cartón, clamando justicia por la violación flagrante de un legado más grande que la autocomplacencia de cualquier autor. Algo parecido con lo que le ocurrió a Nolan cuando planteó el final de su saga en su última incursión cinematográfica con el personaje. Un pelo y le declaran una Fatwa.

El nuevo Alfred

El nuevo Alfred

Pero ese es el mismo juego que nos propone Johns en su órdago, una revisión de personajes, de situaciones por todos conocidas, extrayendo la imagen de la historia del murciélago de un espejo deformado, donde las cosas no son lo que parecen, donde nadie es quién creíamos que era, donde el camino que hemos recorrido miles de veces, de repente tiene nuevas bifurcaciones, nuevos paisajes en los que nunca antes nos habíamos fijado. Exacto, sí, como hizo Nolan. Es que me temo que la última trilogía cinematográfica tiene mucho que ver con la idea que hay detrás de este cómic. Por ejemplo, se ahonda en la relación de Alfred con Bruce de manera tan emocional como se hizo en las películas. En este caso, Alfred es un ex marine, mucho más duro tanto por dentro como por fuera que el siempre correcto caballero inglés al que nos tiene habituados. Él se encarga del adiestramiento guerrero de Bruce Wayne, forma parte de la maquinaria de la venganza, alienta la locura en la que el joven millonario ha decidido convertir su vida.

Vemos a un Gordon vencido por su propia ciudad, ahogado por la corrupción, incapaz ante la realidad. La llegada de un pegado a sí mismo detective a la comisaría cambiará las cosas de manera dramática. La identidad del policía en cuestión, otro de los giros que no pienso desvelaros. El pingüino es un villano reconstruido por obra y gracia de Johns, y no deja de ser el mafioso sádico que acostumbra, pero desde una perspectiva mucho más intimidante, ahora que ocupa parcelas de poder político.

Batman es Batman. Obcecado en su cruzada. Carcomido por la tristeza. Encerrado en su caparazón, emocionalmente disfuncional. Pero está muy lejos de ser la leyenda que un día será. Es joven, falible, real. No es el luchador invencible, ni el atleta prodigioso. Es más humano, depende más si cabe del primer impacto de su oscuro alter ego, del miedo que provoca ante los corazones criminales. Además, en esta narración, su bagaje familiar es aún más complejo si cabe. En el reposa la historia de Gotham City, ya que no es sólo el heredero de los Wayne. Otra de las sorpresas que nos tiene preparada Johns es el nombre de soltera de su madre. Yo me quedé un poco bocas.

Gary Frank ha evolucionado de manera magistral. A mí me ganó hace ya años cuando fue dibujante de la etapa de Supergirl escrita por Peter David. Era perfecto para esas historias de gran contenido en diálogos, situaciones familiares, conversaciones trascendentales, sin perder el sentido de la acción y la espectacularidad cuando es necesario.

El triste camino de la venganza

El triste camino de la venganza

Todas las virtudes de Frank se multiplican por diez en este cómic. Fijaos en un detalle: se ven perfectamente lo ojos de Batman. Quizá otra herencia recibida de las películas, pero para nuestro dibujante, es perfecto. Si por algo se caracteriza es, precisamente, por el reflejo de los sentimientos de los personajes en sus rostros, en su expresivos primeros planos, en su acercamiento al alma de aquello que está dibujando. Vemos la rabia, la tristeza, la agonía, pero también podemos leer lo que están pensando los protagonistas sin necesidad de bocadillos innecesarios o elementos literarios puros. En ese aspecto, la aparente simpleza narrativa de Johns encuentra un aliado perfecto en un dibujante tan meticuloso. Porque es un cómic, no un libro. El recurso visual prima, así que es genial encontrar una historia tan equilibrada. Pero Frank no se corta. Cuando hay que abrir plano, lo hace a lo grande. Si hay que ponerse físico, sentiremos los puñetazos, oiremos las balas silbar sobre nuestras cabezas, oleremos la mugre de los callejones de Gotham. Tan fría, sucia y despiadada como siempre. Brillante, pero podrida, más cercana a la estilizada versión de Nolan (sí, otra vez) que a la pintoresca aberración gótica que damos por supuesta.

En general, una gran lectura, emocionante, diferente, con muchos elementos que se acercan más a un episodio piloto de una serie de TV que a un cómic al uso. No olvidemos de donde viene Johns, de la industria del cine, donde se curtió al lado de Richar Donner (sí, el tipo que dirigió el mejor Superman hasta la fecha, y que 30 años después sigue siendo referencial, nunca superado ni igualado. El mismo tipo que llevó a las buddy movies a su máxima expresión con “Arma Letal”. El mismo tipo que dirigió los Goonies. A callar todo el mundo, joder). No es el Batman definitivo, ni de lejos, pero muestra el suficiente respeto y cariño por el personaje como para invertir vuestro tiempo o dinero, claro. Al fin y al cabo, Johns lleva a cabo en esta obra el sueño de todo fan: Contar la historia desde nuestro punto de vista.

Y eso es muy bonito.

 

Twitter: @SantiagoNeg