Publicado el 20 de Diciembre del 2012 por Capitan_Melenas en Cine
Holy Motors: Holy mother of god!!!

Pues al final la he visto. Por fin. La marcianada más grande que ha dado el cine europeo en años, la película que lo ha petado festival tras festival, la que ha dejado a la crítica embelesada y con una extraña facilidad para las buenas palabras.

Holy Motors, amigos. Para vuestro disfrute, o ralladura.

Aunque penséis lo contrario, no es el director fumándose un porraco

Aunque penséis lo contrario, no es el director fumándose un porraco

La cinta de la que voy a hablar en los próximos párrafos, no es fácil. En ningún sentido. No es de esas películas de tragaderas rápidas, consumo inmediato, palomitas a kilos. Para nada. De hecho, si nos ponemos sesudos, consideremos Holy Motors como la “antipelícula”. Por muchas razones. Básicamente, porque se dedica durante dos horas al peligroso arte de romper con todo lo que te esperas respecto a coherencia narrativa, guión, personajes, técnica y cualquier cosa que construye una película convencional. Hay miles de filmes que consiguen eso, claro; es lo que habitualmente consideramos un bodrio, porque lo hacen sin intencionalidad, por accidente, por cúmulos de desdichas o por inoperancia de sus perpetradores. Holy Motors no es un accidente. Las cosas pasan así porque es lo que sus creadores quieren que pase. Luego volvemos a esta idea, pero ahora, os estaréis preguntando de qué va el asunto. Reconozco que es una pregunta interesante, porque si os digo la verdad, no lo tengo muy claro.

Homenaje sentido a las tortugas ninja incluído

Homenaje sentido a las tortugas ninja incluído

Acompañamos a un personaje que recorre París en una limusina blanca. Cada una de sus paradas será una historia diferente. Diferente hasta el punto de que no existe ningún tipo de cohesión entre un episodio u otro, salvo la presencia de nuestro misterioso sujeto, que se caracteriza según el personaje exigido por unos documentos que encuentra en el asiento de su transporte. Y ya está. No puedo decir mucho más. Salvo que os agarréis al sillón, y os dejéis llevar por lo que estáis viendo.

Holy Motors es un homenaje a muchas cosas. Empecemos por el arte de la interpretación, el auténtico engranaje sobre el que se sostiene el funcionamiento de esta compleja maquinaria. Un aplauso a la labor del actor, de su capacidad de adaptación, incluso cuando deja cosas personales por el camino, cuando su identidad se ve absorbida por el personaje, cuando se pierde el punto de realidad que mantiene la diferencia entre la realidad y la ficción. Es impresionante el trabajo de Denis Lavant. Pero impresionante que deja sin aliento. Hace mucho que un trabajo actoral no me llegaba tanto.

Belén Esteban meets marte

Belén Esteban meets marte

Es un viaje por el cine mismo. A lo largo de sus dos horas, nos veremos envueltos por la magia de un arte con identidad propia, con sus propias técnicas y lenguaje, con sus héroes, sus monstruos, sus alegrías y sus penas. Entramos de cabeza en un delirante paseo por los géneros más reconocibles, que han construido la historia del medio de expresión artístico más importante de la historia, en mi opinión, precisamente por su capacidad de aglutinar disciplinas y técnicas. Tendremos cine negro, comedia, drama, además de un conato de musical con la aparición de una deliciosa Kiley Minogue, tan enigmática, sugerente y melancólica como el resto de la película.

La magia de Holy Motors es que usa todo eso que esperamos de una película, pero a la vez;  una especie de cajón de sastre narrativo donde todo vale. Pero como decía al principio, lo importante es la intencionalidad. La historia te cuenta lo que te cuenta, independientemente de que tú lo entiendas o no. Ese no es el juego que propone. La película pone las reglas, y si las aceptas, si entras al trapo, te espera una de las experiencias cinematográficas más excitantes de los últimos años. Hay cine, desnudo, sin trampa ni cartón, aunque parezca mentira, aunque creamos que todo lo que ocurre durante su metraje es un truco de magia, o incluso una broma. Pero no creo que su intención sea bromear. Para nada. Hay un amor incondicional al medio que su director, Leos Carax, ha escogido para su historia. Hay un respeto brutal por la  que nos está contando, aunque sea algo tan alucinógeno. Hay honestidad, algo que es muy difícil de encontrar en una producción rodada en los últimos 25 años.

Puede que no la entendáis, puede que el viaje no sea de vuestro agrado, puede que os parezca un pedazo de basura. Pero no os engaña. Es lo que es.

Así ligamos en mi planeta

Así ligamos en mi planeta

Antes de ir a verla, mucha gente me la comparó con el trabajo de Lynch. Aunque hay semejanzas, creo que hay una diferencia diametral entre una peli del director americano y la película de la que hoy hablamos. Lynch es un obsesivo convulsivo con su mundo personal, donde cada escena está calculada de manera tan milimétrica que asusta. Sus películas son una experiencia distinta a Holy Motors, que se basa en la sencillez, en que las cosas, por muy locas que parezcan, no pueden ser de otra forma, no existe otra manera de contar esta historia, o más bien colección de historias.

Vedla. Disfrutad del viaje. Con todos sus extraños recovecos. No os preguntéis por qué, igual que no lo haríais en un sueño. Porque una vez aceptamos las reglas, todo es mucho más sencillo de lo que parece. Es una historia de amor. De amor al cine en toda la magnitud de la palabra.

Otra película que me reconcilia con el cine francés, que en mi opinión había perdido el norte con espectáculos poco serios. Me gusta que se vuelva a la sencillez, a la importancia de la historia por encima del efecto. Me ha encantado esta Holy Motors, y me dejó sin palabras “Un Profeta” en el 2009. Y las películas francesas de Alexandre Aja… Vamos, que muy bien al otro lado de los pirineos.

Como siempre, ya me diréis que os parece.

 

Twitter: @SantiagoNeg