Publicado el 1 de Enero del 2013 por Capitan_Melenas en Libros
Hablemos de libros: El Atlas de las nubes.

Con esta reseña meto el hocico donde no me llaman, ya que me salgo de mi habitual mundo de viñetas para hablaros de una de mis novelas favoritas. Así que lo primero que hago es dar las gracias a mi friki compi, Germaster, por dejarme un trocito de su sección habitual.

¿Por qué comentamos ahora una novela que fue escrita hace ya unos años? ¿Qué interés tiene? Bueno, creo que es importante que conozcáis esta historia de historias, el fabuloso puzle que David Mitchell fabrica con imaginación y toneladas de habilidad literaria para que todas las piezas encajen con maravillosa precisión. Es importante, sí, porque dentro de unas semanas casi todo el mundo hablará de este atlas humano, por motivos extra literarios que comentaré al final de este texto.

El Atlas de las nubes es hermoso amalgama de momentos, con continuos saltos temporales, desde un viaje en goleta a finales del siglo XIX hasta un futuro post apocalíptico en un Hawái habitado por los restos de la raza humana. Historias dentro de historia, como dije al principio, aparentemente sin ningún nexo en común, pero entrelazadas de manera magistral hasta el punto de que ninguna tiene sentido si no es por el que da el siguiente relato. De eso se nutre el tejido narrativo de este Atlas, en cómo una partitura escrita por un remilgado e irritante aspirante a compositor tiene su razón de ser en un futuro en el que la raza humana ha quedado reducida a un asustadizo grupo de salvajes. Como la historia de un anciano que quiere escapar de un manicomio se convierte en la inspiración para una revuelta social dirigida por una clon sirviente en una época en la que el ideario neo liberal ha ganado la partida de tal forma que no se entiende al ser excepto por lo que consume.

Ahí reside el talento de Mitchell, en su capacidad de conexión en sus historias a base de pequeños detalles, de emociones y pensamientos, de testamentos vitales que pasan de mano en mano a través de las eras, que dibujan un mapa de la condición humana de manera elegante, con un sentido de la sencillez que hace que la lectura sea tan fluida y refrescante como un buen chapuzón durante una sofocante tarde de agosto. Hay escritores mucho mejores que David Mitchell, no lo dudéis. No es el más complejo, ni su lenguaje el más elaborado, ni hay un manejo absoluto de las enrevesadas piruetas literarias de las que otros autores hacen gala. Pero, sinceramente, esta historia no necesita eso. No pretende ser un ejemplo de complicados malabarismos gramaticales, lo importante es el fondo, no la forma. Y con esto no digo que sea un horror estilístico con una buena historia. Para nada. Pero la sencillez prima, tanto que a veces da la sensación de que estamos leyendo un extenso Haiku.

Mitchell tiene el talento necesario para que cada episodio tenga su voz, para que cada personaje tenga identidad con el tiempo que le ha tocado vivir, para que cada una de las piezas de este rompecabezas goce de coherencia interna y al mismo tiempo ser parte de un todo. No se corta a la hora de usar diferentes técnicas narrativas, desde el género epistolar, al diario, al artículo periodístico o la entrevista, al mismo tiempo que se visitan lugares comunes de la ciencia ficción o del Thriller, pasando de lo trepidante a lo íntimo, de las especulación sobre nuestro futuro inmediato a la crítica nada velada al sistema caníbal que hemos dejado que nos devore hasta el punto de poner en peligro nuestra humanidad. Porque ese es el Atlas que nos describe Mitchell, el de la raza humana, con toda su complicada grandeza, con sus dosis de maldad y egoísmo, pero al mismo tiempo poseedores de la habilidad de crear cosas hermosas, más grandes que nosotros mismos.  Ideas elevadas escondidas de manera brillante en la lectura de este hermoso Atlas.

Como decía al principio de la reseña, dentro de poco todo el mundo hablará de esta novela, por motivos ajenos a su propia grandeza. Los hermanos Wachowsky han perpetrado una película basada en su historia, y se me antoja muy difícil que la lleven a buen puerto por la estructura de nuestro Atlas. Aunque unos tipos con el talento visual de los Wachowsky seguro que nos ofrecerán un espectáculo cinematográfico de primera, he de admitir que más allá de la primera Matrix, el cine de estos tipos me parece un árbol de navidad con demasiadas luces. Ya veremos. Seguro que en vuestra frikipágina favorita tendréis una crítica molona.

Y leed este Atlas. Es un viaje que, os aseguro, merece la pena.

Twitter: @SantiagoNeg