Publicado el 4 de Enero del 2013 por Germánico en Cine
Estuvimos viendo: Los Miserables.

5/5

Película: Los miserables.

Dirección: Tom Hooper. País: Reino Unido. Año: 2012. Duración: 158 min.

Género:Drama, musical.

Interpretación: Hugh Jackman (Jean Valjean), Russell Crowe (inspector Javert), Anne Hathaway (Fantine), Amanda Seyfried (Cosette), Helena Bonham Carter (madame Thénardier), Eddie Redmayne (Marius), Aaron Tveit (Enjolras), Sacha Baron Cohen (Thénardier), Samantha Barks.

Guion: William Nicholson; basado en el musical de Alain Boublil y Claude-Michel Schönberg; a su vez basado en la novela de Victor Hugo.

Música: Claude-Michel Schönberg.

Peliculón. Desde mi punto de vista no existe otra definición posible de esta producción que, si bien no fui entusiasmado a verla, me emocionó y me cautivó como sólo logra cautivar una obra maestra; he de darle las gracias desde aquí a una de mis compañeras de piso, pues fue ella la que me habló tanto del afamado musical como de esta película, diciendo que seguramente sería una obra de arte y animándome, por ende, a encaminarme al cine una fría noche de invierno castellano para comprobar cuán buena podría ser.

He de reconocer que en esta reseña no puedo hablar respecto a la historia original escrita por el insigne Victor Hugo, pues aunque estudié algo de este poeta, dramaturgo y escritor romántico francés jamás tuve la tentación de leer nada suyo (cosa que podría cambiar, ya que tengo más que curiosidad por leer la obra de Los Miserables). Sólo puedo deciros qué sentí durante todas sus escenas, con su música, con sus letras apasionadas, con la interpretación de los actores y demás.

Tanto la interpretación de Hugh Jackman como la de Russel Crowe son magistrales (en especial la del primero), transmitiendo cada uno de los sentimientos que debían ser transmitidos con fuerza y pasión. La transformación de Jackman es brutal, pasando de un presidiario maltrecho y sucio a un alcalde elegante, honesto y caritativo gracias a la “colaboración” de un buen hombre de Dios (atención a su soliloquio, cautivador), para terminar como un anciano enfermo; y Crowe es capaz de con sólo la mirada podamos descubrir el debate interno al que se va enfrentando poco a poco su personaje, Javert, quien persigue durante los años a Jean Valjean. Incluso la señorita Hathaway, quien por avatares del destino no es una actriz que me entusiasme en demasía, hace un papel impresionante, desesperado sin lugar alguno a la esperanza de un mundo menos cruel: el dilema de una mujer echada a la calle y que debe mantener a una hija pequeña, a su querida Cosette. Por supuesto no podría faltar el toque humorístico, pícaro y socarrón traído de la mano de Sacha Baron Cohen. La primera escena en la que aparece, junto con Helena Bonham Carter quien encarnará a su esposa, es indiscutiblemente el momento de la carcajada junto con esa canción de título Master of the House, aunque ambos aparecerán de vez en cuando para sacarnos una sonrisa entre tanta lágrima.

Porque sí, Frikis míos, hay lágrimas durante la película… muchas más de las que a mí, personalmente, me gustaría reconocer. Después de la épica introducción al son de la canción Look Down, continuamos con la historia que de vez en cuando quiere enternecernos. Antes de conseguirlo del todo, unos minutos de amor  (exagerados hasta lo diabético gracias a las melodías de In my Life y A Heart full of Love ) entre Cosette y un joven y apuesto burgués partidario de las barricadas que me hicieron pensar “Oh, Crom, qué hago yo viendo esto” dan paso a la revolución ( Black & Red, una delicatessen y ojo al pequeño bribón) y al final del film, en el que las lágrimas no se pueden contener ni por mucho. Con el epílogo llega la hecatombe y un servidor, que había tratado de hacerse el chico duro, no pudo aguantar más: rompí a llorar como un quinceañero desconsolado y abandonado.

Eso es prácticamente todo. Sin embargo, antes de dejaros, queridos Frikis Míos, os deberé contar al menos un poco de la historia (aunque muchos trazos de la misma los he ido comentando por aquí y por allá): todo transcurre en la Francia del siglo XIX. Jean Valjean, ex-convicto, decide huir no sólo de la justicia (encarnada por Javert) si no de su propio pasado y rompe su condicional para volar libre, hasta que es descubierto. Pero justo en ese momento, se hará cargo de una niña adorable, Cosette, a la que cuidará y querrá como si fuera hija propia. Lo siguiente es mejor que no os lo cuente como historia, si no como sucesión de palabras: sueños, sueños rotos, amor a primera vista, corazones rotos, ideales, remordimientos, perdón y venganza, revolución, sangre, barricadas, pasión, sacrificio y redención. Pues la historia es más bien una lección moral de la fuerza del espíritu humano, de la grandeza que hay en todos nosotros, muchas veces oculta.

En fin, que me ha encantado. Tanto es así que no hago más que escuchar la Banda Sonora regodeándome en mi propia imaginación. Con ella me quedo, queridos lectores.

Y amaos mucho, siempre. En el mundo casi no hay nada más importante que amar. Quizá el Frikismo.