Publicado el 13 de Enero del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
Batman: Arquitectura Mortal

Batman, el personaje, es el eje central sobre el que se articula una mitología con decenas de ramificaciones, series paralelas, interpretaciones y símbolos propios. Un héroe tan rico en matices que cada autor que pasa por sus diferentes cabeceras se esfuerza por que las aportaciones a tan extensa leyenda sean trascendentes, tengan una importancia por sí mismas dentro de la continuidad del murciélago y la bat familia. Muchos han reescrito su pasado, le han llevado a los límites de sus capacidades, han escrito variaciones sobre el mismo tema y han escarbado en la compleja psique del hombre tras la máscara, hasta el punto de que se han preguntado si realmente existe ese ser humano, o sólo queda el vengador encapuchado como identidad real. Batman se define por su cruzada, claro, pero también por aquellos que, por unas circunstancias u otras, han decidido tomar parte en su lucha. Sus pintorescos enemigos se han convertido en iconos de igual importancia que el propio murciélago, algunos de ellos como representaciones obscenas y deformadas de la propia inestabilidad del protagonista, caso de Joker, que parece ser la otra cara de la moneda de la idea maniquea del bien que maneja Batman.

Alta Tecnología

Alta Tecnología

Todos esos símbolos definen la consistencia de la larga trayectoria de la colección, hasta el punto de que no se entiende el personaje sin elementos como un Robin (pese lo que nos pese a algunos en según qué épocas), un comisario Gordon, la colección de peligrosos y coloridos psicópatas… y Gotham, algo más que una ciudad o un entorno donde las aventuras de la Bat familia tengan sentido.

Gotham ha ganado con el tiempo una identidad propia tan importante dentro de la historia de Batman, que en los tiempos actuales vemos como todo gira alrededor de la leyenda de esta ciudad, y por ende de la familia Wayne, por lo que nuestro héroe se ha visto atrapado en una lucha contra el tribunal de los búhos por la salvación de la propia alma de Gotham. Una ciudad construida a base de secretos, ambición, luchas secretas. Con la etapa de Morrison ya vimos algunas claves acerca de la importancia de los Wayne, en ese extraño periplo por el tiempo que protagonizó Batman, dado por muerto. La mansión familiar, sus puentes, sus edificios; en los últimos tiempos, y gracias a diferentes autores, hemos visto que Gotham es algo más que un entorno propicio para que un personaje como nuestro oscuro cruzado tenga un tenebroso escenario adecuado a su estética.

Y de estética vamos a hablar en la reseña de hoy, ya que el cómic que hoy nos ocupa es una oda a la grandeza de la ciudad del murciélago, aparte de una curiosa historia con raíces en el cine negro y en los cómics más detectivescos de aquella lejana primera etapa de Batman.

Batman tampoco entiende el humor de los morancos

Batman tampoco entiende el humor de los morancos

Para entender la naturaleza de este proyecto, es necesario, cómo no, hablar de sus autores, en especial el guionista y máximo impulsor de la idea tras esta obra: Chip Kidd al guión, que si bien ha tenido contacto con el mundo del cómic, viene del mundo del diseño. No es una anécdota, porque es esta faceta, además de la de escritor, la que veremos en este tomo. El diseño de Gotham, sus formas, su skyline, la esencia de la ciudad, son homenajeados en cada una de las páginas de Arquitectura Mortal. No suelo ser un gran fan de los cómics donde prima la forma por encima del fondo, pero la lectura de esta historia nos sumerge en un paseo por la arquitectura que define la ciudad, que significa para que, precisamente, un personaje como Batman naciera de sus oscuras calles.  El dibujo de Dave Taylor es, simplemente, sublime. Aparte de por los bellos planos de la ciudad, de la espectacularidad que imprime a sus escenas más emocionantes, la habilidad para jugar con los espacios, Taylor es capaz de trasladarnos a una época más brillante, más sencilla. Los vehículos, la decoración, el vestuario de los personajes, nos arrastran de manera elegante a las primeras décadas del siglo XX, ya que esa es otra de las sorpresas de este cómic. Se desarrolla en la edad de oro de los cómics, con la idea de transportarnos al Batman primigenio surgido de la imaginación de Bob Kane, así que el aire retro es la constante. Es más, hay un momento realmente genial en el que Batman se encuentra en su cueva, y podemos ver la tecnología de aquel primer Batman de los años 30. Todo el aspecto gráfico es exquisito, y la experiencia en ese aspecto es muy  gratificante. Una película de gansters en blanco y negro, pero en viñeta, con una composición de página hecha desde el gusto y la profesionalidad, con lo que a base de clasicismo consigue una estupenda lectura, fluida, ágil, sobria, pero sin renunciar a la espectacularidad.

Gotham en su máximo explendor

Gotham en su máximo explendor

Vale, eso el dibujo. La pregunta obligada es: ¿Qué es lo que cuenta? ¿Merece la pena la historia?

Kidd es un narrador hábil, y sabe qué nos quiere contar. Una historia sobre Gotham, brillante y esplendida, que esconde un nido de víboras, donde la corrupción es la nota constante en los despachos de políticos y parásitos de turno. Bruce Wayne se nos presenta como un joven visionario que ama la ciudad en la que vive,  y comienza una labor de reconversión de algunos de los edificios más emblemáticos de la ciudad, que le lleva a descubrir los entresijos del poder en las altas esferas, y un complot mortal en el que se ve envuelto el apellido Wayne. Un Wayne mucho más definido de lo habitual, perfectamente separado de su alter ego enmascarado, y que se mueve como pez en el agua entre la alta sociedad.

No es la historia definitiva de Batman, pero lo bueno que tiene es que no pretende serlo. Es un divertimento de sus autores, su particular homenaje a Gotham, al sabor clásico de los años 30, al cine negro, un punto de vista que nos lleva a otros tiempos. Si buscásemos un símil cinematográfico, este cómic podría considerarse el “The Artist” de la historia de Batman (salvando las muchísimas distancias, claro).

Gotham tiene una importancia fundamental. De hecho, para las adaptaciones cinematográficas, la recreación de la ciudad ha sido motivo de polémicas y revisiones. Todos recordamos el increíble trabajo en el Batman de Tim Burton, uno de los diseños de producción más impresionantes de su época, aquel engendro neo gótico escapado de una pesadilla de Gaudí. Algo de lo que Nolan, en su última reinterpretación del murciélago, pasó del todo y nos ofreció una Gotham más luminosa, abierta, que no dejó de ser polémica, pero tremendamente efectiva.

Así que Batman, aparte de su venganza personal, lucha por Gotham. Porque es su ciudad. Porque es la lucha por el alma de Gotham, por su gente, lo que convertirá en leyenda al héroe. Porque la ciudad del murciélago es la imagen de la locura, de la oscuridad, de la putrefacción escondida en todas las ciudades del mundo. Pero también es el símbolo de la esperanza, de todas las luchas imposibles en las que vale la pena enfrascarse, aunque nos dejemos por el camino lo mejor de nosotros mismo. La cruzada definitiva. La cruzada que define al murciélago.

Twitter: @SantiagoNeg