Publicado el 14 de Enero del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
X-MEN: La canción del verdugo. Un poco de historia muti

Como empiece de esta reseña, os propongo una imagen. Trasladémonos a principios de los 90. Los neones de la ciudad hacen que la noche sea mucho más luminosa que el ánimo del máximo responsable de las colecciones mutis en la época. La luz artificial parpadea sobre el gesto compungido que se dibuja en el rostro de Bob Harras, que sujeta su vaso con el enésimo Whisky doble, mientras una frase se pasea como un mantra por su atribulada cabeza: “Estamos jodidos”, se dice. “Estamos muy jodidos”.

En realidad, no creo que ocurriese así, pero oye, me ha parecido de un dramatismo ideal como introducción.

Lo maté porque era calvo

Lo maté porque era calvo

Los 90 fueron una época bastante convulsa para la industria del cómic en general, pero Marvel era una fiesta. Hoy nos pararemos en la franquicia mutante, en un momento en el que se produjeron tantos cambios en tantos aspectos, que su onda expansiva aún hace que se tambaleen los cimientos del mundillo muti. De hecho, la actual saga en la que los grupos mutantes se parten la cara con los Vengadores a cuenta del regreso de la fuerza Fénix, tiene uno de sus referentes básicos en el ciclo argumental que nos ocupa hoy.

Cosas que ocurrieron que pusieron la casa de las ideas patas arriba, toma 1: Claremont hace la peineta, y las maletas.

Durante muchos años, Claremont fue intocable dentro de la familia muti. Cambió por completo la fisonomía del grupo con la mítica segunda génesis, y llevó el género superheroico a cotas nunca vistas con algunos de los momentos más trascendentales de la historia del medio, como la saga de Fénix Oscura o Días del futuro pasado, que aún son recordados por los fanáticos de la colección al nivel de episodios clásicos como la primera aparición de Galactus en los 4F o la Guerra Kree- Skrull. Su libertad creativa fue uno de los motivos por los que nunca se planteó un cambio de aires. Nunca dio señales de agotamiento, sus historias siempre conseguían el aplauso de la crítica y ventas más que aceptables. Había rescatado el título del olvido, y lo había llevado al lugar más alto del top ten. Parte del éxito se debía también a la excelente sintonía que el autor tenía con las míticas editoras Ann Nocenti y Louise Simonson, ambas bastante guerreras en ideas, y que compartían, por ejemplo, la visión acerca del rol femenino en el cómic de superhéroes, algo que Claremont se esforzó con cambiar con un nuevo modelo de mujeres mutantes al mismo nivel físico y mental que sus contrapartidas masculinas, si no más poderosas. De hecho, es fácil hablar de una “Heroína Claremont”.

Pero todo esto cambió con la llegada de Harras, el tipo del Whisky doble del primer párrafo. Nuevo editor, y la paz zen que reinaba en la oficina se fue al garete, porque Harras tenía las cosas muy claras, y un carácter mucho más controlador que sus predecesoras en el cargo. Así que Claremont, después de 20 añazos dando sentido a la franquicia mutante, decidió que era el momento de unas merecidas vacaciones. Una de las piezas claves de Marvel se quedaba sin su guionista estrella. Harras manda al chico de los recados a la licorería.

La versión cabreada de Marty Mcfly

La versión cabreada de Marty Mcfly

Cosas que ocurrieron que pusieron la casa de las ideas patas arriba, toma 2: Fuga de dibujantes

Otra de las cosas que marcó para siempre el mundo de los cómics fue el motín protagonizado por la mayoría de los dibujantes de Marvel, auténticas estrellas que cambiaban mes a mes las ideas preconcebidas acerca de la estética y forma de los cómics de superhéroes. Capitaneados por el mítico Jim Lee, un tipo que para bien o para mal cambió las reglas, todos los grandes nombres y estrellones de la casa se embarcaron en una nueva locura: fundar su propia editorial. Nacía Image comics (Que acaba de cumplir 20 añitos, la criatura), y empezaba la época de las independientes. Erik Larsen, Todd Mcfarlaine, Silvestry, y gente que decía que dibujaba, como Rob Liefeld, daban el portazo, y dirigieron sus pinceles a pastos mejores, donde la propiedad de sus personajes sería suya y solo suya, donde su libertad nunca sería recortada por editores faltos de miras, donde los contratos draconianos de las mega editoriales sólo fuesen un mal recuerdo, y donde plagiar a gusto y sin miramientos lo que hacían ellos mismos en Marvel, produciendo tebeos muy bonitos, pero simples como las reglas de los tazos.

Así que guay. Harras se quedó sin guionista estrella, y sin dibujantes estrellas. No hay mueble bar que se le resista. El horror, el horror.

Había que coger al toro por los cuernos, y las decisiones no tardaron en llegar. Se necesitaban con urgencia nuevos equipos creativos, así que el editor tira de agenda;  llama a uno de los fieles. Fabian Nicieza llevaba un tiempo en X factor con Liefeld a los lápices, una voz de cordura dentro de la megalomanía alterada de fan irredento del bueno de Rob, una mezcla entre imaginación desbordante, plagio descarado e ineptitud (de esto último nos daríamos cuenta uno años después, pero ya apuntaba maneras el colega). Genial, ya tenemos a un tipo de la casa al frente de la colección, que además conoce la franquicia. Peter David en X factor, y ponemos al nuevo, ese tal Lobdell en la colección clásica, que parece simpático (con el tiempo, también descubriríamos que Scott Lobdell era un Terminator enviado desde el futuro con la intención de dinamitar la franquicia muti, pero ese es otro tema).

Solucionado, que no cunda el pánico. Harras, lanza las llaves de su mueble bar por la ventana, y sonríe por primera vez en meses. Pero hay una nueva tormenta en el horizonte. Desde hacía unos años, se había impuesto en Marvel la idea de que cada año se realizase un crossover que implicase a la mayoría de las colecciones, y el nuevo equipo creativo apenas tenía tiempo para el desarrollo de esa locura anual. De nuevo pánico, Harras sale corriendo de la oficina para buscar las llaves de la Whyskería, y durante el camino de regreso, se toma trece cañas.

Y todo esto mola Jae Lee

Y todo esto mola Jae Lee

Ahora sí. Hablemos del ciclo argumental que vengo a reseñar. Amigos, la canción del verdugo!!!

Por suerte, a pesar de los mil cambios, de la premura, de la situación más bien rocambolesca que se cernía sobre los diferentes equipos creativos, casi todo el trabajo caían en las manos de Nicieza. Acompañado además por un profesional de la talla de Peter David, y por el novato que estaba allí de rebote, que era Scott Lobdell, así que tampoco tuvo muchas dificultades a la hora de plantear una serie de puntos comunes que serían la columna vertebral de la saga. De manera muy inteligente, Nicieza se dio cuenta de la cantidad de historias o tramas inconexas que necesitaban un replanteamiento y alguna solución, sobre todo en lo referido a un personaje como Cable. Misterioso líder mutante de pasado turbio que Liefeld había creado para aquella primera versión de X-Force, pero, para variar en él, apenas había dado trasfondo a un personaje que le gustaba porque podía dibujar músculos inexistentes y armas muy muy grandes (Liefeld, tío, háztelo mirar). Poco se sabía de la procedencia del megasoldado del futuro, pero Nicieza sumó dos y dos. Cable viene del futuro, Nathan, el hijo de Cíclope, fue enviado al futuro por un problemilla de virus tecno orgánicos. Pues ya está, conectemos los dos puntos, y construyamos un mega evento de proporciones cataclísmicas que haga que todo lo que sabíamos sobre el universo muti se convierta en una anécdota ante la trascendencia de las revelaciones que contendría,  comparado con lo que estaba por llegar. Y eso es lo que construyeron entre Nicieza, David y Lobdell, una epopeya definitoria, de consecuencias terribles, donde la acción es la base dominante. Nada de intimismo de opereta, lo que aquí tenemos es una colección de puñetazos, explosiones, situaciones a vida y muerte, desencuentros, alianzas imposibles, Apocalipsis como invitado estrella, y uno de los malosos más definitivos que ha conocido el universo mutante, el misterioso Dyscordia, que parece que tiene mucho contra la familia Summers en particular. Todo comienza cuando, en pleno concierto por la concordia mutante y humana, Cable aparece dispara contra el profesor Xavier. La vida del fundador de la patrulla X pende de un hilo, y todos los equipos se ponen en marcha para que el renegado mutante pague su crimen. Pero según siguen la pista del supuesto terrorista, más se disuelve la idea preconcebida que la patrulla X tenía sobre lo ocurrido.

Para la situación en la que se encontraban, hay que reconocer que el equipo hizo un trabajo más que digno, y que efectivamente, si hay que recordar un arco argumental de importancia máxima en la historia reciente de los chicos de Xavier, es esta canción del verdugo.

Momentos de tensión sexual entre malosos

Momentos de tensión sexual entre malosos

En cuanto al equipo de dibujo… puff. A rey muerto, rey puesto, ya que si con la espantada general de virtuosos del lápiz las alarmas saltaron, sus sustitutos estaban destinados también a ser leyendas. Apuntad: Jae Lee, de lo mejor que dio su generación, y que está a un nivel espectacular. Andy Kubert, posiblemente uno de los mejores dibujantes de todos los tiempos, por muy sentencioso que pueda parecer. Greg Capullo dando sus primeros pasitos, que ya eran de una calidad superior (no podéis perderos lo que está haciendo en Batman este señor en la actualidad. Y como dato para los muy “jebis”, este es el tipo que hacía las portadas de los discos míticos de Iced Earth). Y Brandon Peterson, un segundón que se dedicaba a imitar a Jim Lee y que tampoco aporta mucho.

Resumen: Un cómic muy de los noventa, aunque con más cosas buenas que malas. Hay gente que ama este crossover, hay gente que lo odia a muerte. Me sitúo en un punto intermedio, pero reconozco que me resulta muy entretenido, a pesar de su algún momento cogido con pinzas, o una excesiva simpleza argumental en según que partes. Es bueno un vistazo a esta sucesión de cambios en la franquicia X-MEN. Por todo lo que significó a nivel editorial, comercial, creativo…nada en el mundo mutante fue igual después de la canción del verdugo. Para bien o para mal. Como dije al principio, muchos de los acontecimientos actuales relacionados con los mutantes son estertores de este ciclo argumental, como por ejemplo “Complejo de Mesías” y sus consecuencias. Al final, siempre es Cable. Ahora es un buen momento para ponerse al día, ya que Panini ha editado un tomo muy cuco con toda la saga completa. Como pero, me parece a mí que en esta edición no se han venido arriba con los extras…

Otra cosa: ¿Qué narices vimos todos en un tipo como Gambito? No me extraña que terminase como un segundón.

En cuanto a nuestro querido Bob Harras…¿Acabó sus días agarrado a un cartón de Don Simón en una cuneta de New Jersey? Pues, gracias al éxito monumental de este periodo, fue ascendido a director editorial de Marvel.

No sabemos que fue del chico de los recados.

Twitter: @SantiagoNeg