Publicado el 16 de Enero del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
Flinch: Terror en viñetas

Me pongo evocador para el comienzo de esta reseña, y os propongo un viaje a ese tiempo en el que al ser humano da sus primeros pasos como especie, cuando, temerosos y abrumados por la naturaleza de la que empezaban a tener conciencia, se reunían en la oscuridad, al calor del fuego. Entonces, los cazadores contarían historias terribles acerca de bestias abominables, hazañas guerreras que darían espíritu a los primeros héroes de ficción. Pero, sobre todo, usarían esas historias en la búsqueda de sentido en todo un maravilloso nuevo mundo… y a todos sus miedos.

¿Alguien ha pedido un demonio?

¿Alguien ha pedido un demonio?

El arte de contar una buena historia permanece en nuestra esencia como especie, ha significado una de las bases primordiales de nuestra cultura, hasta el punto de que, siglos después, aún admiramos e incluso nos identificamos con cantares y epopeyas escritas hace milenios. El cuento ha servido como camino de rectitud, símil moralizante, fuente de consejo y, también, queridos niños, para que todas esa sombras inquietas de vuestra habitación tengan cara, para que ese extraño objeto en una esquina sea motivo más que de sobra para que no podamos conciliar el sueño, para que los sonidos nocturnos sean una terrorífica sinfonía, suficiente para que cubramos nuestra cabeza con la sábana, a la espera de que sea un escudo apropiado contra esa abominación que se dirige hacia nosotros. Nuestros miedos primigenios, por muy racionales y escépticos que nos declaremos, nos juegan malas pasadas, ¿Verdad?

Con el paso del tiempo, los estilos se diversifican, e incluso llegan a cierta sofisticación. Pero el cuento es y será la manera en la que el miedo ha llegado de manera más directa y natural a nuestros corazones, para nuestro macabro disfrute. De ahí que los grandes del género aún sean tan breves como un último aliento. Los cuentos de Poe son aún hoy motivo de escalofríos, inspiración grotesca para aquellos que disfrutan del clásico aroma de las catacumbas y pasadizos olvidados, el enmohecido olor de cementerios y calles húmedas, promesa de peligros innombrables.

Lovecraft encontró en el cuento la senda perfecta para su mundo de terrores espaciales, de amenazas cósmicas, de oscuros palacios sumergidos, de dioses olvidados, de eones de venganza, cultos, magia, libros perdidos que conducen a la locura. En unas cuantas páginas, sentíamos nuestra insignificancia ante la perversa grandeza de los primigenios.

Los tiempos corren, pero la búsqueda de sensaciones un tanto perversas sigue en nuestro espíritu. Nuestro cuerpo pide esa adrenalina explosiva de aquellos seguros y reconfortantes paseos por la ficción de nuestros monstruos. Aparece el cine, y con él, los Nosferatus, Frankenstein, Dracula, hombres lobos, criaturas de la laguna negra; todo ese plantel de fantasías en blanco y negro que han quedado para el recuerdo como una renovación en movimiento de las mitologías que la literatura había impreso en nuestra imaginería popular, un complemento perfecto que reavivaba el espíritu fantasmal de la novela gótica o de las pesadillas del romanticismo más siniestro.

Chtulu no sale, pero nada acojona más que Chtulu. Hala, tirada de cordura para todos

Cthulhu no sale, pero nada acojona más que Cthullu. Hala, tirada de cordura para todos

Cómo no, el cómic no podía permanecer ajeno a esa constante búsqueda de emociones fuertes. El recopilatorio del que hoy hablamos es la enésima propuesta del medio para que los paladares más exquisitos disfruten de su dosis de macabra diversión. Con ilustres precedentes, como los cómics de la editorial Warren, los legendarios Creepy, que se bastaron ellos solos para justificar la existencia del infame comics code.

Incluso DC tuvo previamente su House Of Mistery, donde aparecerían como maestros de ceremonias Caín y Abel, personajes fundamentales de la epopeya de Neil Gaiman The Sandman. Posteriormente, en la heredera de esta colección, House of Secrets, aparecería otro personaje mítico: La cosa del pantano, de Len Wein y Bernie Wrighston, que, al caer en manos de Alan Moore, se transformó en un antes y un después en nuestra manera de entender los cómics.

A principios del 2000, con toda la locura del fin del milenio, era un momento ideal para una nueva antología de terror. En DC nunca habían abandonado de todo el género, puesto que desde la línea Vertigo siempre han existido colecciones relacionadas, como Hellblazer. Pero esto era distinto. Era una una forma de mirar al pasado pero con espíritu contemporáneo. Así nació Flinch.

La colección no duró mucho, apenas 16 números, que aquí en España serán publicadas en dos cómodos y jugosos tomos. Pero desde luego, pusieron toda la carne en el asador, con algunos de los nombres más potentes de la industria en ese momento. Guionistas de la talla de Garth Ennis, Brian Azzarello o Bruce Jones con una libertad creativa absoluta y permiso para ser muy brutos, acompañados por dibujantes como (atención, ¿Eh?) Jim Lee, Bill Sienkiewitz, un primerizo Frank Quitely, Paul Gulacy, Eduardo Risso, y la aparición especial de uno de los nombres más míticos del underground americano, Richard Corben. La artillería pesada de DC en carne viva, para contarnos esas historias que nadie se atreve a contar en el cómic mainstream En apenas cinco hojas, los autores han de poner toda la carne en el asador, con máxima creatividad, claro, pero al servicio de la brevedad, con un modelo narrativo tan clásico como complejo. Por eso, encontraremos que cada historia es un mundo, que cada autor da lo mejor de sí al servicio de una sola misión: que sintáis esa electricidad por vuestra nuca, que tengáis la necesidad de encender todas las luces de casa, que os emocionéis por ese gusto culpable que es sentir el miedo en la seguridad de vuestro salón. Historias de base en lo cotidiano, hijas de esa idea del terror moderno en la que el miedo no está en los cementerios, está en los centros comerciales. En la oficina. En un paso de cebra. En nuestra oficina.

Seréis testigos de una apuesta, de futuros apocalípticos, viajareis al salvaje oeste, acompañaréis a un zombi al psicoanalista, viajareis en el Titanic, habrá pactos con el diablo, y explorareis los límites que separan la pasión de la locura. Puede que, incluso, se os escape alguna sonrisilla.

Dependiendo de lo que entendáis como sentido del humor, claro.

Disfrutad. En vuestro acogedor salón, hoy, por ejemplo, día de lluvia. Y no miréis hacia atrás, en la dirección de ese extraño sonido que viene del pasillo. Ignoradlo. Simplemente, pasad a la siguiente página. Lo más seguro es que sean imaginaciones vuestras, ¿verdad?

Twitter: @SantiagoNeg