Publicado el 20 de Enero del 2013 por Capitan_Melenas en Cine
[RETROCRÍTICAS]: Criaturas celestiales

Estrenamos sección, frikis queridos, con el sano ánimo de sacar del olvido algunos títulos del pasado más o menos reciente, relacionados de un modo u otro con el mundo en el que nos movemos. Rescataremos películas que significaron un pequeño hito en su género, que fueron un punto de inflexión, películas de culto, o simplemente forman parte de nuestro imaginario por entrañables.

Como primera parada, he seleccionado esta cinta neozelandesa de principios de los 90. Digamos, pues, todo el mundo tiene unos inicios. Saco del baúl de los recuerdos esta película por los insignes nombres que aparecen en los títulos de crédito, especialmente el de su director y guionista: el inefable Peter Jackson. Sí, amigos, el mismo tipo de “El señor de los anillos”, el perpetrador de pufos intragables como “Lovely bones”, o una de las cintas más tremendamente fallidas de todos los tiempos, “King Kong”. Ese mismo de “El hobbit”, una película versión siglo XXI del timo de la estampita mezclado con fondo de pensiones (porque menuda jubilación estamos pagando todos al colega).

Pero que bien lo "pasemos" juntas, Kate

Pero que bien lo "pasemos" juntas, Kate

Todo el mundo tiene un comienzo, claro, y el bueno de Peter Jackson empezó en esto del celuloide con algunos de los clásicos imperecederos del cine gore, mezcla gamberra de humor cafre e imaginación a falta de presupuesto. Pertenece a esa generación de directores frikazos, fans de los cómics, adoradores de la televisión con la que crecieron, con un mundo propio construido a través de películas de culto, viñetas, la sensación de que la infancia es el último reducto, enfant terrible que se negaron a crecer y que nos ha dado a gente (con diferencias entre unos y otros más que notables, pero con muchos puntos en común) tan dispar como Kevin Smith, Tim Burton, Sam Raimy o West Anderson. “Mal Gusto” o el sangriento desmadre que es “Braindead” son sus cartas de presentación. Con Braindead consiguió acercar un género tan anti comercial como el gore al gran público, ganó premios vetados a ese tipo de cine tan específico, gracias a la brillante combinación de comedia bruta y carnaval zombi. Muchos recordamos esa cinta como uno de nuestros primeros pasos dentro del frikor más encendido. Para aquellos que fuimos adolescentes en los 90 (abuelo cebolleta ON), era un punto ver a la muy española Diana Peñalver (Si estás leyendo esto y te has acordado de aquella cutre serie de finales de los 80 llamada “Chicas de hoy en día” ¡Premio!) cubierta de sangre hasta las cejas. Así que tengo mucho cariño por el cine de este barbudo, aunque su carrera posterior, muy exitosa por otra parte, despierte en mí el mismo interés que tengo por mirar cómo crece mi cactus.

Así que cojamos el Delorean y plantémonos  en 1994. Aunque las campanas de Hollywood llaman la atención de nuestro director, el decide una apuesta poco menos que arriesgada, y se queda en su querida Nueva Zelanda, país famoso por su equipo nacional de rugby y por el agujero de la capa de ozono. No contento con el órdago, decide que pasa de películas de terror, y se pasa al cine convencional. Elige como tema un crimen terrible que conmocionó a la sociedad neozelandesa de mediados de los 50, en el que se vieron involucradas dos adolescentes. Las alarmas suenan. Algo huele a coñazo tremendo.

Nosotras Acojonamos hasta a Kubrick, nano

Nosotras Acojonamos hasta a Kubrick, nano

Pero no, estábamos equivocados. Jackson se marcó la que, a día de hoy y en mi opinión, es su mejor película.

La película nos cuenta la terrible historia de amistad un tanto insana entre dos jovencitas que se conocen en un colegio femenino heredero de la más elitista, agobiante y castradora versión de la Inglaterra victoriana. Pauline es una chica retraída, tímida, acomplejada por sus muchos problemas de salud, que sabe que no encaja en un mundo tan cuadriculado como el que le ofrece su escuela. Pero un día todo cambia con la llegada de Juliette, una refinada señorita inglesa, hija de un profesor universitario de renombre, que ha recorrido medio mundo, con un carácter vivo, explosivo y vital. También sufre problemas derivados de una tisis que la mantuvo en cama durante años. Aparte de sus taras físicas, ambas soportan el peso de la educación y la familia. Pauline proviene de una familia humilde, que sobrevive realquilando habitaciones de la casa familiar a estudiantes. La muchacha considera a los suyos un lastre, un atajo de ignorantes que coartan su espíritu libre y su imaginación desbordante. Juliette, sin embargo, se codea con la alta sociedad, pero sus padres son tan cultos, refinados y liberales como irresponsables y egoístas.

Ei, teacher, leave them kids alone!!!

Ei, teacher, leave them kids alone!!!

Ambas encuentran muchos puntos en común, las dos están hasta las narices de las limitaciones de la realidad que las atrapa, y juntas inventan el reino ficticio llamado Borovnia, donde sus fantasías románticas con un puntito siniestro, encuentran un escenario ideal. Se convierten en inseparables, implicando a las familias, confusas ante una relación en apariencia inocente e infantil, pero que no tarda en despertar los recelos de sus progenitores, que ven comportamientos más intensos de lo esperado en una relación adolescente. Recordemos: comunidad perfecta, alejada de escándalos, componentes victorianos de represión, familias tradicionales… una olla a presión que explota con violencia. Las chicas han construido un mundo interior tan rico y válido, que cada vez encuentran más dificultades para distinguir la realidad de la ficción, con pasos cada vez más firmes hacia la locura, que, finalmente las envuelve y atrapa. Retroalimentan su complejo de superioridad, ambas se consideran entes por encima del ser humano, de sus familias y profesores; son criaturas celestiales, ángeles, destinadas a una vida de grandeza. En su delirio, construyen una fantasía tormentosa y quijotesca basada en las películas de Hollywood, las novelas fantásticas, sus ideas adolescentes sobre el amor y las relaciones, que choca de manera violenta y dramática con una realidad que considera su idílica relación una anormalidad, y debe cortarse de raíz, en una comunidad consumida por sus tabús. Finalmente, ambas chicas, locas de amor y mucha frustración, eligen un tajante camino, que lleva a la historia a su terrible final. Todo ello contado en persona por Pauline a través de su diario;  una voz fría, angustiada, al borde del derrumbe mental.

Elementos muy convencionales, ¿verdad? Muchos estaréis pensando, ¿Cómo una chusta sobre niñas lesbianas reprimidas puede ser mejor que el asalto al abismo de Helm? Pues lo es. Mira tú. Es más, ahí donde la tenéis, este película fue nominada al Oscar al mejor guión original, y ganó el León de plata en Venecia a la mejor película.

Retocemos en ropa interior...¿Por qué sospecharán de nosotras, tía?

Retocemos en ropa interior...¿Por qué sospecharán de nosotras, tía?

Parece una historia que ha sido mil veces contada, pero el señor Jackson lleva la película a su terreno, y reconstruye con talento visual el inquietante mundo de las dos chicas, sus visiones y delirios, una mezcla entre el mago de Oz, fantasías medievales sacadas del Hollywood de los espadachines, aderezado con toda la crueldad adolescente que estas ninfas chifladas acumulan con rencor. Jackson pasa de la intimidad a la explosión fantástica, pero con una sobriedad que el megalómano director ha perdido con el tiempo y los millones de presupuesto. Sí, vale, incluso en esta producción, alquila un helicóptero y hace una toma aérea, pero en todo lo demás, vemos a un tipo mucho más comedido, que el cansino que hace una película de tres horas sobre un libro de 160 páginas. Infinitamente más inteligente que el Jackson de la sobredosis de velociraptor corriendo para hacer de King Kong una especie de juego infantil. Ante la duda, !MÁS DINOSAURIOS!. Eso es lo genial de esta película. Que no hay nada forzado, que todo está donde debe, los personajes son creíbles, todos unas víctimas de sus propios prejuicios y errores. Donde la apariencia es la clave que crea monstruos. Como la misma frase promocional del filme dice “no todos los ángeles son inocentes”.

Otra de las razones para el recuerdo de esta peli, es la interpretación magistral de una jovencísima Kate Winslet pre titanic. Una de las mejores actrices de su generación, que creo que nunca será suficientemente valorada, precisamente por su participación en aquel espanto náutico de James Cameron. Pero a mí es una actriz que me ha emocionado tanto en esta ocasión, como en otras magníficas tragedias: la imprescindible “El lector” o la muy teatral “Revolutionary Road”, de uno de mis directores favoritos, Sam Mendes.

Me encanta el señor de los anillos, por si ha quedado alguna duda, no tanto la producción posterior de Jackson. Disfruto como un enano cuando reviso la trilogía, por el perfecto equilibrio entre emoción y espectáculo. Pero esta película es otra cosa. Otro tipo de cine, con el que yo me siento más cómodo.

Así que os invito a que, si no habéis visto “Criaturas celestiales”, deis una oportunidad al Peter Jackson pre señor de los anillos. Un tipo menos espectacular, sí, pero más talentoso. No por ello comedido, que eso es otra cosa, porque el exceso es la marca personal de nuestro autor. Dejad que el mundo de locura y fantasía de nuestros ángeles perversos se cuele por vuestra retina de mano del talento visual para el delirio de éste director.

Twitter: @SantiagoNeg