Publicado el 20 de Febrero del 2013 por Capitan_Melenas en Cine
Estuvimos sufriendo: Silent Hill: Revelation 3D (ay, que me da la risa)

NDR: A lo largo de esta crítica, debido a mi alto grado de inmundicia interna, mi lenguaje puede ser prosaico y poco adecuado a lectores sensibles. Pido perdón de antemano. Otra cosa que digo es que destripo la película sin miramientos, el argumento de la peli, incluso su final, pero si esto sale bien, nunca os acercareis a este espanto. También hago un montón de chistes sobre juego de tronos, pero eso es por falta de imaginación evidente. Los chistes sobre Sean Bean son muy gratuitos, y, al final, como siga haciendo películas de este calibre,  Kit Harington va a ser exiliado al muro, pero de verdad.

 

El mundo necesita películas malas. Soy un gran fan de ese género maravilloso de la “comedia involuntaria”, aquellas películas que por  inoperancia, falta de talento, cutrez generalizada, inexistencia de medios económicos o de las nociones más básicas del noble arte de la producción cinematográfica, se transforman en clásicos inmediatos de la risotada, del esperpento y de la exaltación gratuita de la maravillosa capacidad del ser humano para cagarla estrepitosamente.

Conejos Rosa... un nuevo concepto del horror

Conejos Rosa... un nuevo concepto del horror

Tengo tragaderas como el que más, y he visto cosas que vosotros no creeríais, parafraseando a nuestro replicante favorito.

Pero hay películas que me hacen sentir vergüenza, ira auténtica. Porque se toman tan en serio a sí mismas, vomitan tanta autocomplacencia, están disfrazadas con un aire de superioridad que dan ganas de ir a buscar a sus autores y prender fuego a su coche. Porque me han estafado, me han hecho perder lo más valioso que tengo en esta vida: MI PUTO TIEMPO.

Este mojón hediondo, esta bosta de categoría cósmica, entra en esas películas tan malas de solemnidad que no te arrancan ni el más mínimo atisbo de sonrisa. No crea ningún vínculo, no llamas a los colegas para que traigan cerves a tu casa, y así la veis todos juntos, por el buen rato. No.

Te encargas de avisar a tus seres queridos, entre lágrimas y balbuceos, que jamás se acerquen a algo parecido a esta basura con aires de grandeza. Te plantas en la puerta del Corte Inglés, y entre mensajes apocalípticos, avisas a las pobres gentes de tu ciudad de que has mirado al abismo, y el abismo te ha devuelto la mirada, y además estaba Bizco. Así puedes acabar, con tu cordura más despendolada que después de jugar con Tchulu a ver quién aguanta más sin pestañear, o de hacer la sección de sudokus del Necronomicon.

Es que no aprendo. A ver, tengo responsabilidades, se supone que esa tarde me iba a dedicar al sesudo estudio. Cospedal convoca oposiciones, copón (hablando de bichos que te dejan la cordura haciendo malabares con motosierras). Pero me dije “va, un ratito de sobremesa”. Entonces di al play, y comenzó una de las experiencias cinematográficas más cercanas a clavarse astillas en las uñas que he tenido en mi vida.

Cabeza Pirámide... ¿Qué es lo mejor de la vida?

Cabeza Pirámide... ¿Qué es lo mejor de la vida?

La primera Silent Hill era una película fallida. Buena premisa, unos primeros 40 minutos realmente interesantes, con buen ritmo. Conservaba el espíritu de serenidad siniestra que nos brindó la saga de videojuegos, y todo el aspecto visual era bastante sobresaliente. El problemas es que el argumento se volvía confuso, inconexo, un batiburrillo de ideas poco claras. Al final, la película se engullía a sí misma, y apostaba por la efectividad simplista y el espectáculo por encima del tono casi poético y enfermizo de su primera parte. No es un horror de película, pero creo que todos sentimos que podría haber sido mucho más. Mucho, mucho, mucho más. Buena apuesta, pero al final vimos el farol. La conclusión era precipitada, abierta, en un fatídico intento de recuperar el tono pausado del comienzo. Y encima, Sean Bean sobrevivía. Extraño.

El caso, es que tampoco daba para mucho más. Pero ya sabéis como funciona esto. La taquilla no fue mala, la crítica no se cebó de manera virulenta con el resultado, así que, en uno de sus aquelarres, los directivos del estudio, después de sacrificar un macho cabrío a su dios primigenio, decidieron que sería ideal una segunda parte. Pero con la mitad del presupuesto, y quizá sólo un cuarto de la vergüenza invertida en la primera película.

¿Qué más da que el argumento de Silent Hill hubiese llegado a un punto muerto? Somos guionistas y productores, maldita sea ¡hagamos magia! ¡Hagamos arte! ¡Vomitemos todo ese talento por el que nos pagan sumas de dinero obscenas, devolvamos parte de la ilusión a aquellos que nos pagan la cocaína y las furcias!

No sé tú, rubia, pero yo personalmente estoy hasta las pelotas de nieve

No sé tú, rubia, pero yo personalmente estoy hasta las pelotas de nieve

Por lo visto, cuando se levantaron con resaca al día siguiente, sólo recordaban la parte de vomitar. Escribieron el guión en el tanga de una aspirante a actriz de 20 años que encontraron colgando en la barandilla del balcón, y llamaron al primer director del que consiguieron marcar el número. No veo otra explicación al despropósito en todos los sentidos que es Silent Hill: revelation. Y lo de revelations, es una broma.

Argumento, si soy capaz de dar algo de sentido a esa sucesión de chorradas que vi en mi tele. Sean Bean repite papel, y se encarga de proteger a Rose de la difusa secta de la primera parte. Espera, espera, espera… pero si Rose se había quedado atrapada en Silent Hill en la peli anterior, ¿No? Bueno, sí, pero ahora está aquí. De hecho, creo que lo intentan explicar con una escena de lo más absurda, pero es casi peor. En fin. Seguimos. El caso es que Rose tiene pesadillas con cuerpos mutilados, ferias siniestras (uuuuuuh, que novedoso), conejitos rosas (algo muy simbólico, intuyo, para el director, que, supongo, lleva medias debajo de los vaqueros de currar, porque realmente, para la coherencia del argumento no tiene nada que aportar), cabeza de pirámide (sí, amigos, otra aparición gratuita y sin sentido, con un extra de WTF que luego cuento), y con el asesinato de su padre (aunque creo que es una excusa más para una mutilación a Sean Bean, cumpliendo la tradición, que siempre es bienvenida). Al final, los de la secta, o un monstruo, o yo que sé, encuentran a Rose, secuestran a Sean Bean, y se lo llevan a Silent Hill, para que Rose, o Sharon, o como quiera dios que se llame la muchacha (en serio, a lo mejor soy imbécil, pero ya no tengo tan clara la identidad de la chica esta), ponga rumbo a Silent Hill. La secta quiere su regreso, porque es la parte buena de Alessa, esa mala pécora disparada culpable de todo lo chungo que pasa en el dichoso pueblecito. Para liquidar a Alessa, las dos partes han de estar unidas. Bueno, eso parece que tiene cierta lógica, pero es que quieren liquidar a Alessa para la invocación de no sé qué dios sacado de la manga, al cual nombran en un par de veces, por lo que comprobamos el cuidado que ponían los guionistas en el trasfondo de su historia (Qué malo es el crack, amigos). En todo esto, la chica conoce a John Nieve, que resulta que es el hijo de la líder del grupo este de fanáticos, en un giro argumental tan gilipoyesco que me levanté del sillón y aplaudí.

La sanidad española del futuro

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A partir de aquí, no te queda más remedio que reírte de manera histérica ante lo que ocurre en tu pantalla. Las conversaciones entre los personajes son grotescas, irreales y forzadas. Las cosas pasan porque sí, porque lo digo yo, que el guión es mío y me lo zumbo cuando quiero. La gente se transforma en monstruo por la gran magia del cine, debe ser, porque si es la lógica lo que sustenta esta historia, el universo puede implosionar. Ocultismo de opereta, sinsentidos varios, secundarios carne de cañón, si es que podemos llamar a eso secundarios (un aplauso para la actriz que sale unos 40 segundos en la escena del almacén de maniquíes. Eres una de mis heroínas personales, aunque ahora estés en una cuneta de Idaho agarrada a una cartón de vino tinto, buscando el valor para volver a casa de tus padres y admitir que tenían razón).

Las conversaciones tienen un protocolo interno que me fascina, que consiste en que el malo habla mientras da vueltas alrededor de su interlocutor. Deben ser las normas de etiqueta en Silent Hill, pero queda un poco ridículo.

El aspecto visual es una broma de mal gusto. Si el cuidado en ese aspecto era lo más digno de su predecesora, aquí todo parece que está hecho con el efectismo cutre de un director amateur de pelis gore. Las criaturas ya no son sorprendentes ni aterradoras, sus apariciones son previsibles, carentes de interés. La escena de las enfermeras de la primera parte, tenía tensión, el director sabía lo que se hacía. Aquí, es una risión absoluta, indignante y patética. Todo el ambiente decadente y herrumbroso del Silent Hill maldito y oscuro parece de baratillo. Cuestiones de presupuesto, supongo. Llega un momento en toda producción en la que tienes que decidir cuánto quieres invertir en la peli y cuanto en vodka que amenice las peleas a muerte de vagabundos que has organizado para los colegas de la distribuidora. El caso es que los monstruos de esta peli parecen una pandilla de desgraciados que no superaron la oposición a cenobita.

Más conejos rosas: Alguien tiene un problema

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Llega el final. Las dos partes de Alessa se unen de nuevo sin ningún efecto visible en el personaje femenino principal. Repito. Sin ningún efecto. John Nieve no ha hecho nada en toda la peli más que dar por saco, pero oye, al final, ella se pone un poco bruta ante el aspecto melancólico de chico de Invernalia que se gasta nuestro bastardo favorito. La mala se convierte en monstruo, así, por la magia del cine de nuevo, o por la oscuridad de Silent Hill, por el poder de Grayskull… da igual, tíos, a estas alturas, la película es una fiesta, y dignidad es lo que perdieron los productores el día que se levantaron sin saber quién había utilizado el dildo con quién. La vida es un gran Fuck yeah.

Entonces, cuando el monstruo/madre/líder de la secta/amínomemireselguiónloescribióunodelosyonkisdethewire se dispone a matar a todo el mundo, Cabeza de pirámide aparece en plan Conan y se lía a espadazos para proteger a la prota. ¿Hay una razón lógica para eso? Respóndete tú mismo, joven padawan.

Nadie me devolverá la hora y media que dura esta chusta. Sé que estáis pensando: “Haberla apagado, a otra cosa, serías mucho más feliz”. Y tenéis razón. Pero tengo cierto espíritu de autocastigo. Es más, un día me voy a encontrar una Miss Grey de la vida, y vamos a tener un problema.

No la vi en 3D. Pero por lo que vi, es una coña marinera. No hay nada que justifique su visionado con las gafas de marras, excepto, al loro, unas cuantas imágenes extras metidas en los créditos finales de la películas, que sí que se notan hechos exclusivamente con esas intenciones. El resto, me suena a otro pedo en la postproducción en la que alguien, puesto de una divertida mezcla de prozak y gin tonics de fresa dijo “Eh, mi ex mujer nos puede hacer un barato”.

Voy a hacer una confesión… me descargué esta película. Menos mal, porque si hubiese pagado por ver esto en el cine, me corto el pelo y me voy a un monasterio cartujo a hacer voto de silencio. De hecho, mi plan al escribir esta crítica es que ninguno os acerquéis lo más mínimo a esta cosa. Que nunca la estrenen en este país, bastante desgracia tenemos más.

Pero me siento sucio. Sí. Me descargué un torrent. Que vengan Wert, Sinde, Ramoncín y Tedy Bautista a flagelar mi cuerpo con palos envueltos en alambre de espino mientras me hacen recitar como un mantra los estatutos de la SGAE.

Me lo merezco. Soy un pecador.

Twitter: @Santiagoneg