Publicado el 25 de Febrero del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
All Star Superman: La definición de obra maestra

“¿Sabías que Moby Dick se puede recitar a frecuencias tan altas que las obra maestra de Melville se convierte en un taladro sónico capaz de cortar la roca sólida?”

(Lex Luthor en All Star Superman Nº 5)

 

Simplemente, necesitaba una excusa. Ni yo mismo tengo muy claro si merece la pena esta reseña, después de la cantidad de ríos de tinta que se han vertido acerca del cómic que hoy os traigo. A veces, una opinión, una forma de ver las cosas, se puede ver difuminada ante la cantidad de cosas, esencialmente buenas, que se han escrito sobre el tema. ¿Necesita la gente algo más, hay una nueva vuelta de tuerca, algo distinto, una nueva observación acerca de la grandeza de la obra que se analiza?

Creo que con los grandes momentos de cualquier expresión artística, ocurre lo mismo. Tarde o temprano, sientes la necesidad de expresar tu propia visión del asunto. Por eso se editan año tras año cientos de análisis, revisitas, críticas, o revisiones de críticas anteriores, sobre cientos de obras de arte que han dejado su impronta a lo largo de la historia en una u otra forma. Incluso alguno, con cierto aire de polémica, decide que es mejor reventar desde dentro, pone patas arriba las ideas preconcebidas, a veces con intenciones meramente académicas, otras con la idea de llenarse los bolsillos vilmente a base de sandeces.

Momento súper introspectivo

Momento súper introspectivo

Mi idea está muy lejos de todo eso. Al escribir esta reseña, quiero dejar constancia de mi amor absoluto por la obra que hoy comento, mi pequeño homenaje al genio de dos autores que nos han regalado el que es, desde mi punto de vista, el mejor acercamiento a la mitología del hombre de acero en toda su historia. Casi nada, ¿Verdad? Incluso puede que suene bastante sentencioso, más si viene de alguien que ha descubierto a Superman en toda su grandeza hace bien poco. Pero creo firmemente en mi pretenciosa observación, y daré argumentos que den base a tamaña fantasmada, que habrá puesto a algún fanático del hombre de acero en modo Lex Luthor, planeando una terrible venganza sobre mí.

Hablamos de un personaje con más de medio siglo largo a sus espaldas. Hablamos del primero de todos, del héroe que  definía los conceptos de cómic que aún son válidos tantos años después. Un personaje que ha pasado por tantas manos y ha sido reescrito tantas veces, pero aún conserva su esencia de boy scout definitivo, de ideal sobre el que medir nuestra humanidad, a pesar de su origen extraterrestre. Con tanto a sus espaldas, ha pasado por buenas y malas épocas, en manos de guionistas poco hábiles, incapaces de lidiar con el poder casi absoluto que define al kriptoniano. Pero también ha contado con etapas memorables, como su reescritura a manos de John Byrne en la post crisis de finales de los 80, o aquella épica muerte en manos de Doomsday del muy recordado Dan Jurgens a principios de los 90 (que al final volvió hace unos meses a la colección de nuestro hombre de acero).

Entonces, después de mil vueltas y retorno ¿Qué tiene de especial esta colección? Todo, daré por respuesta.

Grant  Morrison pone toda su portentosa imaginación al servicio de esta historia. Una que había nacido para escribir, una que sólo él podía haber contado de esta forma; única, especial, emotiva y llena de magia. La premisa, para empezar, es marca de la casa.

La primera expedición tripulada al sol está en graves problemas, cuando uno de sus pilotos se descubre como una bomba de aspecto humano, cortesía de un experimento del genio del mal Lex Luthor. Superman entra en acción, y salva a los pasajeros de la nave Ray Bradbury (aplausos). Pero la exposición masiva a los rayos solares altera de manera definitiva su biología extraterrestre. Por primera vez en su vida, Superman se enfrente a la perspectiva de una muerte inevitable. Comienza entonces un viaje, tanto físico como emocional, que nos mostrará al kriptoniano y su mundo como nunca antes lo había hecho nadie. Con toda su grandeza cósmica, con toda su emoción cotidiana, donde la magnificencia del superhombre se contrapone a su propia humanidad, donde el poder de un ser capaz de salvar el mundo todos los días se nivela con el amor por las cosa pequeñas que aprendió en una granja de Smallville.

MO-MEN-TA-ZO

MO-MEN-TA-ZO

Un comienzo de ciencia ficción clásica, donde se nos presenta a un personaje muy propio de la factoría de Morrison, Leo Quintum, el genio imposible que se convierte en el gran apoyo de Superman a lo largo de su periplo personal. Pero la historia no se queda ahí. Cada uno de los episodios de esta obra maestra se merecería una crítica por sí misma. Alguno de ellos son material para una tesis acerca de técnica narrativa o el sentido de la épica. Pero si digo que  Morrison es un escritor fuera de serie, una auténtica rara avis en el mundo de la viñeta, no creo que os esté descubriendo nada nuevo. Deconstruye el episodio clásico de los 12 trabajos, y lleva a Superman a una nueva dimensión trágica, puesto que por primera vez en su existencia, toma conciencia de lo limitado de su tiempo. Sabe que su fin está cerca, y se acaba la oportunidad de cambiar el mundo. Nuestro escocés toma los elementos clásicos del personaje y lo transforma a su imagen y semejanza, en un viaje alucinógeno maravillosamente orquestado por un nivel narrativo maestro y un cariño por el personaje que es el leit motiv de cada una de las notas que componen esta fantástica melodía. Una oda muy definitiva a la esencia del héroe. El episodio 10 de la colección debería estudiarse en los talleres literarios. Por su trascendencia, por su estructura interna, por cómo se las arregla Morrison para dejar constancia del poderoso legado del padre de todos los héroes, y al mismo tiempo realizar uno de los homenajes más hermosos a los creadores de Superman, no sin antes revisar la historia del pensamiento que ha definido el concepto de héroe, en un precioso canto a la grandeza del ser humano y su capacidad creativa. Todas sus obsesiones como escritor condensadas en unas cuantas páginas. Los mismos elementos que conforman cada una de sus obras, sus temas comunes y sus filias personales, llevadas a un nuevo nivel que te dejará exhausto por la sencillez con la que cuenta una enormidad así.

La historia del héroe es recontada al servicio del espectáculo, todo es nuevo y familiar al mismo tiempo. Conocíamos la Fortaleza de la Soledad, pero nunca la habíamos visto con la perspectiva de una imaginación desbordante. Conocíamos a Luthor, pero nunca entendimos realmente la naturaleza del mal vil y corrompido que empuja a su odio. Tienes la sensación de que la niebla ha desaparecido, y el universo se ve nuevo y brillante.

Morrison es un escritor inteligente, de ciencia ficción pura, pero a diferencia de otros autores del género, no pide que seas un genio, o te engaña con falsa cháchara científica. No es una lectura fácil, pero cuando entiendes las reglas, y ves que más que ciencia, lo que tienes delante es una explosión de imaginación especulativa mezclada con ese extraño humor psicodélico propio del escocés, entonces disfrutas de la suavidad del viaje, de los detalles maravillosos que Morrison esconde detrás de cada frase. Los diálogos y reflexiones de los personajes son especiales, una delicia para los que entendemos que el cómic puede ser algo más que tópicos manidos extirpados de la serie negra.

Hasta aquí hemos llegado, chaval

Hasta aquí hemos llegado, chaval

Sí. Morrison es especial. Hábil, atrevido, erudito, introspectivo… pero poca gente, creo, hablará de la sensibilidad de la que hace gala este autor. Por encima de todo es un fan, y lo demuestra en cada paso que da en la construcción de su Superman. Conserva toda la esencia de su clasicismo, y creo que eso es lo que hace grande la lectura de este cómic. Cómo Superman acepta su destino, la manera a la que nos acerca al punto de vista del héroe… bueno, pocas veces se ha hecho de esta manera, sin que el personaje parezca un perturbado o un despojo emocional. Superman es el espejo en el que todos deberíamos mirarnos. Ese es el héroe de Morrison.

Sensibilidad, sí, cuando muestra la relación entre Lois y Superman. En el episodio tres, nuestro super chicarrón regala a Lois algo muy especial. Un día con poderes como los suyos. Como entenderéis, pasan de todo en apenas 24 horas, llevando el concepto de aventura épica a terrenos de diversión con sabor clásico, sin demasiadas comeduras de cabeza, pero convirtiendo la experiencia en única. Incluso hay un mega beso de película en la luna. Y ese podría haber sido el momento romántico del libro. Pero no. Cuando Lois pierde sus poderes al terminar el día, por supuesto, cae dormida en los brazos de Superman, más habituado a los esfuerzos de su gran responsabilidad. Así que nuestro héroe coge a su bella durmiente particular, la mete en la cama, le da un beso en la frente, y se aleja en silencio. Bravo. ¡Qué final de episodio!

invirtiendo en transportes alternativos

invirtiendo en transportes alternativos

Vale, Grant Morrison es un genio. Menuda novedad. Hablemos ahora de la otra parte contratante. Señoras y señores, con todos ustedes, Frank Quitely. Lo de este tipo es de antología. El trabajo que hace en este libro en el aspecto gráfico es simplemente perfecto. Su gusto por el detalle, la fluidez de su composición de página, el equilibrio perfecto entre planos abiertos llenos de acción, y primeros planos explícitos e intimistas. El juego con las arquitecturas de Metropolis, el mundo Bizarro, Kandor, los interiores de la fortaleza de la soledad, Kripton, Smallville, o cualquiera de los escenarios donde se desarrolla esta aventura, es simplemente delicioso. El entorno es orgánico, está integrado de manera inteligente con el desarrollo de la historia, con identidad propia, parte de un magnífico todo. Sus futuristas interpretaciones urbanas retrotraen al mejor Moebius de los 80. Una de sus grandes influencias, que también se nota en el diseño de personajes;  también muestra una fuerte inspiración en Katsuhiro Otomo, el creador de Akira, en este aspecto. Una mezcla explosiva de bella factura, con un resultado fabuloso. Una delicia que demuestra el nivel brutal de uno de los mejores dibujantes de cómics del siglo XXI. Uno de los problemas que Morrison encuentra a la hora de plantearse sus historias es, precisamente, que es difícil que encuentre un dibujante a la altura de las expectativas. Con Quitelly no hay ese problema. Es el mejor aliado para la imaginación sin límites de uno de los más extraños y visionarios creativos de la historia del medio. No tenéis más que ver la interpretación que ambos hacen del alter ego de nuestro héroe, Clark Kent. No es tan fácil como unas gafas y ya está. Morrison y Quitely introducen cambios incluso físicos, con un Kent encorvado, grandote y patoso, imagen perfecta del granjero del medio oeste. Otra genialidad; ya veréis como consiguen los autores que Superman siga siéndolo incluso cuando es el torpón Kent el que cobra protagonismo.

Si a la ecuación añadimos el trabajo de Jamie Grant en los colores, tenemos un trabajo gráfico fuera de serie, novedoso pero con aire clásico, como todo el espíritu que compone este All Star. Fijaos en detalles curiosos, como que Jimmy Olsen tiene rasgos del cantante Robbie Williams, a petición suya (y no es la única colaboración entre el excéntrico músico y los autores de esta historia. Os recomiendo un vistazo a la baraja del tarot que Morrison y Quitelly diseñaron para el arte conceptual del disco Intensive Care)

Así que preparaos para un viaje lleno de sorpresas por el mundo de Superman. Visitaremos un reinventado mundo Bizarro, seremos testigos del enfrentamiento entre Doomsday y Superman, pero desde un nuevo prisma; los personajes son los de siempre, sí, pero  nunca los habíais visto anteriormente de esta manera.

El final. Amigos, hay cómics que emocionan. Que dejan sin aliento. Las últimas palabras de Lois Lane en esta historia son absolutamente brutales, rotas; una bomba en la línea de flotación en todos aquellos que, en el fondo, somos unos moñas y creen en los finales felices. Después del gran sacrificio del héroe, lo que Lois suelta es un canto a la esperanza, a que el gran héroe está por encima de todas las circunstancias, incluida la muerte.

Os dejo con un momento imprescindible. Agatha, la ayudante del doctor Quantum, hace una lectura de ADN a Superman. Su reacción, soltar esta frase: “Oh, es como Bach”

Imprescindible.

 

Twitter:@SantiagoNeg