batwomanportada
Publicado el 13 de marzo del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
Batwoman: La chica rara de la Bat familia

Como diría el Joker… “Gotham City; siempre se me dibuja una sonrisa cuando pienso en esa ciudad”. Está claro que hablar de la ciudad comiquera por excelencia (con permiso de la vecina Metropolis), es hablar de la Bat familia. Todos sus miembros son iconos del mundo de la viñeta por derecho propio. Se han enfrentado a mil tragedias, cambios de identidad, amenazas que han puesto al límite sus capacidades físicas y mentales. Tras tantos avatares, lo que ha quedado claro es que el murciélago y sus allegados son más grandes que la persona debajo de la máscara o el portador del emblema. Hemos tenido varios Robin, unas cuantas Batgirl, e incluso el manto del murciélago ha sido portado por otros que no han sido el propio Bruce Wayne. Durante su convalecencia tras el titánico enfrentamiento con Bane, fue Jean Paul Valley, el artista anteriormente conocido como Azrael, el murciélago interino encargado de la defensa de las noches de Gotham. Hace apenas un par de años, era Dick Grayson, primer Chico Maravilla, el que se colocaba la máscara ante la aparente muerte del señor Wayne (como siempre, no estaba muerto, estaba de parranda por el tiempo).

En el punto de mira

En el punto de mira

Así que ahí está: el murciélago es un símbolo poderoso. Ese es el producto de la cruzada casi enfermiza de Bruce Wayne contra el crimen. Un día, el no estará, pero Batman seguirá existiendo. No sólo eso: el emblema sobre el cielo nubloso de Gotham, servirá de inspiración para muchos otros. Una especie de purga moral sobre las aletargadas conciencias de la ciudad más oscura de DC.

Lo que nos lleva al personaje del que os quiero hablar. La chica rara de la familia, y eso es mucho decir: Kate Kane, alias Batwoman.

La Batwoman original se creó hace ya unos cuantos años, surgida de la imaginación de Bob Kane, creador original de Batman, y del dibujante Sheldon Moldoff.  En sus comienzos, la misión del personaje era poco menos que florero al servicio de la imagen pública de Batman. Los cómics estaban en el ojo del huracán debido al reaccionario y psicopático informe llamado “La seducción del inocente”, del psiquiatra (y enfermo mental, al mismo tiempo) Fredric  Wertham.  Este angelito con seria inestabilidad emocional y toneladas de paranoia, se encargó de señalar a los cómics como el origen de todos los males conocidos en la tierra. Lo mismo que ahora cuando un fulano de tal se mete en el instituto y se cepilla a los capitanes del equipo de Lacrosse. La culpa la tiene el Black Ops (Aunque el Lacrosse ya es bastante provocación).

El caso es que en ese libro, y en la mente del susodicho psiquiatra (al que me imagino con medias y liguero bajo sus serios pantalones de doctor… ains, bucanero), Batman era poco menos que una atracción de carroza del día del orgullo gay… claro, en una época en la que decir homosexual era como pronunciar el nombre de Lord Voldemort. La colección necesitaba un golpe de efecto, así que se buscaron una compañera de aventuras que además sirviese como interés romántico del héroe. Todo arreglado, nuestro Bat machote tiene novia. Eso sí, en una relación tope casta y heroica. Una cosa es lanzar balones fuera sobre la identidad sexual del personaje, y otra muy distinta es que moje el churro… por el jodido Kentucky fried chicken, ¡Esto es América!

Limpiando el modelito para una noche movida

Limpiando el modelito para una noche movida

La colección de Batman en aquellos años 50 rozaba el ridículo con grandes dosis de vergüenza ajena. Teníamos personajes como  As, el Batperro. Y Robin era un personaje muy asesinable. La aparición de la señorita Kane enfatizó el infantilismo de una serie que había huido de su origen oscuro y detectivesco. Se había convertido en una burla, como muchas otras series de cómics de la época, sobre todo en DC, llenos de ayudantes adolescentes  o aventuras que parecen escritas por un mono titi. Y todavía faltaba aquella cosa que fue la serie de los años 60. No hay mitomanía que justifique eso. Si os gusta esa chusta, no sois fans de Batman. Sois unos hipsters y merecéis morir sepultados por una montaña de chapas. (¡Eh, Capitán Melenas, como te mola hacer amigos!)

Por suerte, toda esa etapa se olvidó, quedó sepultada por el tiempo y la razón (hasta que llegó Grant Morrison y su tango de la muerte, pero eso es otra historia) (y os he dejado locos con esa última frase, ¿A que sí? A veces, me besaría). Llegan nuevos tiempos, y la revisión de personajes está a la orden del día. Entonces, DC se marca un órdago editorial de aquí te espero, una aventura narrativa en forma de serie semanal, que, contada en tiempo real, serviría como colofón a Crisis Infinita. Una especie de versión en viñetas de la serie 24, en la que se recuperaban del olvido algunos personajes, como The Question (algún día hablaré de la serie original de Dennis O´Neil. Caviar. Del bueno), al mismo tiempo que otros son puestos al día en la continuidad resultante de la enésima movida cósmica en DC.

Uno de los personajes rescatados de las neblinosas orillas del olvido (aplausos) fue nuestra querida Kate Kane. Eso sí, totalmente rediseñada, remozada, actualizada para los paladares de mediados de la primera década del siglo XXI, con un trasfondo mucho más interesante que el de simple nexo del héroe masculino con una sexualidad prototípica y aceptable. Es más, en ese aspecto, la vida personal de Kate fue pasto de polémicas absurdas y reaccionarias, pero ya volveremos sobre ese tema.

Batencuentros

Batencuentros

El artífice de tan potente regreso fue el guionista Greg Rucka, un tipo ideal para la Bat familia en general. Se mueve como nadie por el género negro, con tramas callejeras llenas de tensión. Es, además un enorme constructor de personajes, con una profundidad emocional que rompe los esquemas tradicionales de los arquetipos en el cómic. Tiene un enorme respeto por lo que está contando, y además lo hace de una manera excepcional, con un manejo del desarrollo de la historia digno del mejor ritmo televisivo. Sus continuos juegos con el concepto temporal, su manera de presentar las tramas, su dominio de la narración, convierten la lectura de Batwoman en todo un viaje en el que es fácil implicarse con el personaje. Rucka tiene una virtud de la que la mayoría de los escritores de cómic no tienen; es capaz de presentar un personaje femenino real, complejo, con identidad propia por encima de los clichés. Batwoman es ruptura con muchos estereotipos, tanto en lo que se refiere a la tradición femenina dentro de la historia de la viñeta, como en lo que se espera de un personaje que pertenece a la Batfamilia. Porque esa es otro de sus puntos fuertes: su independencia. Más ahora que se ha posicionado incluso en contra de Batman, y ha empezado a trabajar para la agencia DEO (por motivos familiares, pero no os quiero destripar muchas cosas).

Con la desaparición momentánea de Batman tras su aparente muerte, Rucka consiguió que nuestra pelirroja favorita se hiciese protagonista de la cabecera Detective Comics, mientras el resto de actores de la compleja red tejida por Wayne se partían la cara con alegría por ser herederos del manto del murciélago. Rucka aprovechó el momento como nadie, armado con una fe ciega por su proyecto. Todos los elementos que presentó en la serie 52 se hicieron enormes en la corta pero intensa etapa de Batwoman como personaje principal de la cabecera más mítica del murciélago. Además, conocimos mucho más de ella.

Kate Kane, hija de militares, pasó su vida de base militar en base militar. Su infancia era relativamente normal, hasta que en su 12 cumpleaños fue secuestrada junto a su madre y su hermana. Tras un peligroso operativo de rescate, ella fue la única superviviente dela tragedia. Ahí lo tenemos. Trauma infantil, primer punto en común con el resto de sus “primos”.

Momento de conversación interna: Mal día, nena

Momento de conversación interna: Mal día, nena

Con el paso del tiempo, e inspirada por sus figuras paternas, decide ingresar en el ejército. Incluso es admitida en la prestigiosa academia de West Point. Pero es expulsada cuando sus oficiales conocen su orientación sexual. Kate Kane es lesbiana, y además tiene una relación con otra de las cadetes. Cuando es obligada a elegir entre una carrera en el ejército o su libertad de elección, no lo duda. Ante la hipocresía de sus superiores, abandona su gran sueño: honrar el recuerdo de su madre.

Por supuesto, la identidad sexual de nuestra protagonista fue pasto de la polémica. Llegará un día en el que estas cosas se obvien, y la fuerza del personaje esté por encima de con quién se acuesta. Rucka es un tipo inteligente y sensible, sabe cómo lidiar con las inclinaciones de su heroína, y, por supuesto, ese aspecto forma parte de Kane. Pero no la define, es una parte de ella; importante, claro, pero no definitivo. El caso es que lo de una heroína Lesbiana puso nervioso a más de una mente bienpensante. Pero vamos, en un mundo que ha visto la primera boda gay en Marvel, deberíamos estar por encima de estas cosas. En fin. Soñemos.

Ante la perspectiva, Kate cae en una espiral autodestructiva, disfrazada con el único papel del que siempre ha huido: el de niña bien de la alta sociedad de Gotham. Pero un encuentro fortuito con Batman cambiará todo. Kate descubre una nueva inspiración, un nuevo camino por el que hacer algo útil con su vida y habilidades. Con sus contactos en el ejército, consigue un pequeño arsenal no letal, se enfunda su uniforme, y sale cada noche a combatir el crimen con el emblema del murciélago en el pecho. Incluso a pesar de Batman, claro. Su independencia respecto a la red de ayudantes del murciélago queda clara desde el principio, aunque el reticente Batman acepte su presencia.

La brillante etapa en Detective Comics viene además acompañada por el arte de J.H Williams III, uno de los dibujantes más espectaculares de los últimos tiempos. Domino perfecto del ritmo, gran creador de ambientes, con cierto componente de ensoñación en algunos de sus momentos más brillantes, dinámico en los momentos de acción, inteligente en sus composiciones de página, novedosas pero perfectamente entendibles. Un compañero de lujo para un extraño viaje contra la religión del crimen, secta dirigida por una misteriosa lunática conocida como Alicia.

Sonrisita de autosuficiencia marca de la casa: Te queremos, Kate!!

a de autosuficiencia marca de la casa: Te queremos, Kate!!

La revolución que supuso los nuevos 52 para DC, significó un nuevo escenario para nuestra heroína. Era la hora se saltar de Detective Comics a su propia cabecera, con un equipo creativo de lujo y una línea continuista respecto a lo que nos contaron en su anterior etapa, con la vida de la pelirroja favorita de Gotham (con permiso de Barbara Gordon) patas arriba. Pero comienzan los problemas. Para empezar, Greg Rucka deja la colección en búsqueda de pastos más verdes. La mente pensante detrás de la evolución de Kate abandona su más ambicioso proyecto, para sorpresa de editores y fans. Uno de los grandes creativos de DC, un tipo que ha cambiado a golpe de calidad la idea de mujer en el mundo del cómic actual, dejaba atrás su más perfecta creación; una mujer de armas tomar, con una sensibilidad especial, producto de su bagaje y sus decisiones, responsable, valiente, humana e independiente. Así que el peso de la colección queda en manos de su dibujante, Williams III, en una labor titánica, ya que consiste en nada más y nada menos, mantener la calidad de una narración sobresaliente, en la que los difíciles equilibrios entre el realismo callejero y los elementos sobrenaturales con los que tan bien jugó Rucka no se conviertan en un patético batiburrillo de ideas poco definidas.

Resultado, notable alto. Batwoman, en su encarnación como protagonista de su propia colección, es igual de atractiva como personaje que en la etapa de Rucka. Williams ha seguido la estela de su colaborador, y no pierde comba en historias mezcla de miserias humanas, acción a raudales y búsqueda personal, centrado en la lucha personal de Kate, pero dando un protagonismo especial a una serie de magistrales secundarios, que dan consistencia a la historia. Las relaciones de la protagonista con su padre, su vida sentimental más que movidita, y sus obsesiones personales, son tratadas por Williams con el mismo cariño, respeto y pasión que puso Rucka en su momento, consiguiendo episodios realmente brillantes, que ponen a esta colección en un punto muy alto de esa locura DC llamada nuevos 52. Por desgracia, Williams abandonó su faceta de dibujante y se centró en su papel de guionista cuando la serie comenzó a tomar consistencia. Los hados a veces son generosos, y encontró una excelente sustituta en Amy Reeder, poseedora de un estilo muy dinámico e incluso atrevido en algunos momentos, pero que está lejos del modo detallista y pictórico con el que Williams se plantea sus páginas.

El plantel femenino al completo

El plantel femenino al completo

El futuro de la colección promete. Porque es especial, diferente, ambiciosa, con un equilibrio magnífico entre los momentos de intimidad y los de intercambio de ensalada de nudillos. Porque busca cierta trascendencia, entiende que es tan importante lo que cuenta como la forma de contarlo. Aunque la señorita Reeder también ha dejado la colección por diferencias creativas, y sabemos todos lo que conlleva el cambio continuado de equipos creativos.

Pero sobre todo, porque Kate Kane es carisma puro. Queremos saber más de ella, porque es el contrapunto que Batman necesita. Batgirl es demasiado pizpireta y optimista para nuestro Murciélago, a pesar de que también ha sufrido sus propios demonios personales. Esta Batwoman es adulta, consciente de su cruzada, del camino que ha decidido llevar.

Nosotros seremos espectadores privilegiados del peso que conlleva el manto del murciélago en la compleja vida de Kate Kane.

Twitter: @SantiagoNeg

Adam West y Burt Ward escapan de la ira del Capitán Melenas

Mochilas mochales, Batman!!! creo que ese del bate es el Capitán Melenas