Publicado el 18 de Marzo del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
Morning Glories: “Lost” de secundaria

Ah, el instituto, esa época de cambios, dudas, hormonas y construcción personal. Uno ya es un poco abuelete, y procede de una época pre “Madre a los 16” en la MTV. De donde yo vengo, tenías que elegir entre comerte un rosco o coleccionar cómics. Por mucho que os digan, ser adolescente en los 90 era un coñazo tremendo, chavales, que el ser friki era ser friki de verdad. Nada de nenas cosplayeras ni gayardos imitadores de John Nieve. Soledad, las Magic en inglés (el día que aparecieron traducidas al español dejó de tener gracia, ahí lo dejo) (un aplauso por mi comentario hipster del día), el Spiderman de la saga del clon, salones del cómic que eran eso, y no sesiones de karaoke… ains, que recuerdos. Parafraseando al poeta, mi infancia son recuerdos de unos discos de Manowar.

¿Quién quiere casarse con mi hijo? porque es un poco hijo p...

¿Quién quiere casarse con mi hijo? porque es un poco hijo p...

Así que nada, viajamos al hogar de los valientes, la américa más colorida y exultante, la de la cultura del éxito, del elitismo más salvaje y la educación a base de talonario, como le gusta a Wert. De hecho, espero que no tenga acceso nunca a un número de la colección de la que hablo hoy, porque se le pueden ocurrir ideas… y las suyas ya son feas.

Chicos y chicas, bienvenidos a la academia Morning Glories, donde se preparan los líderes del futuro… sin sobreviven a la experiencia, claro.

Es la más prestigiosa academia pre universitaria. Las mejores mentes del país  matarían por ser admitidos. Nuestros protagonistas, efectivamente, ahora son parte del engranaje de excelencia que propone la academia, aunque los motivos por los que están allí son más bien misteriosos. Como todo lo que rodea a la serie, amigos, porque lo que tendréis entre las manos si compráis esta colección, es la heredera directa del espíritu LOST. Ahí va, lo que he dicho. Muchos de vosotros habréis salido disparados de vuestra casa, con las manos en vuestras sienes, después de haber lanzado el ordenador de manera histérica contra vuestra familia. Correréis calle abajo entre balbuceos incoherentes, sin daros cuenta de los cortes en vuestros pies desnudos. Perderéis la consciencia, y os encontrarán en un almacén abandonado en un oscuro polígono industrial en decadencia, masturbándoos de manera enfurecida mientras recitáis como un mantra los famosos numeritos del bunker…4, 8, 15, 16, 23, 42…

Sé que más de uno aún no ha digerido el final de la serie, y que cualquier cosa que huela a “misterio de la isla” es causa y motivo de odios, iras, desprecios, y ganas de ver programas viejos de José Luis Moreno en el youtube hasta la lobotomía. Pero dejad que os cuente antes de que desechéis la idea de leer morning glories.

El profesorado... na de na!!!

El profesorado... na de na!!!

Como digo, uno de los puntos fuertes de esta colección son los personajes. Aunque estén un poco estereotipados, aunque sean la imagen idealizada de los clásicos corta pega de las series americanas. Tenemos a la listilla megaempollona, a nuestro simpático friki de dudosas habilidades sociales, al extremadamente rico y absolutamente insoportable hijo de papá maquiavélico y aburrido (aunque este personaje se lleva la palma en cuanto a miserable), la niña pija rompecorazones y la granjera del medio oeste con demasiada sensibilidad para el pequeño mundo que la rodea. También tenemos a un japonés de lo más lacónico, pero no podía ser de otra forma, ¿verdad?

Ahora, sus vidas cambian de manera radical. Han sido seleccionados para que el día de mañana sean las manos que muevan los hilos de las marionetas. Pero nada más poner el pie en el centro, nuestros protagonistas comenzarán a sentir que algo siniestro se cuece a sus espaldas, que las cosas no son lo que parecen, y que el sacrificio que pide la academia Morning Glories a cambio de la excelencia puede ser demasiado alto. Sus vidas anteriores son extirpadas de manera dramática, son puestos a prueba de manera continua y peligrosa. Todo el mundo parece guardar secretos, y lo que parecía una aventura educativa sin precedentes, se transforma para ellos en una lucha constante por la supervivencia, en la que entran en juego su astucia, su inteligencia, y la capacidad para establecer alianzas y lazos más fuertes que la malévola maquinaria de la que forman parte (contra su voluntad, claro).

Lo que ocurre es que, según avanza la serie, veremos que incluso nuestros chicos esconden cosas, algunas terribles. Su pasado está lejos de ser tan normal y razonable como podíamos pensar. Gracias a una entretenida estructura narrativa, tendremos flashbacks de manera continuada, que dan base a las motivaciones y reacciones de los personajes en su presente, con más de una sorpresa para los enganchados lectores. Conspiraciones, viajes en el tiempo, experimentos de extraña naturaleza, ¿fantasmas?, mil recovecos a cada cual más siniestro repartidos por el instituto, la sensación claustrofóbica de formar parte de un hermoso campo de concentración de brillantez. Todo ello con una idea muy clara. Hay una organización que pretende moldear a los herederos de las futuras parcelas de poder a su imagen y semejanza, con la intención de que el mundo sea tal y como ellos tienen planeado. Una idea muy oscura, nenes. En un momento en el que los modelos educativos son puestos en entredicho, y las mentes “pensantes” aprovechan para mercadear con un derecho fundamental, la propuesta de Nick Spencer me resulta aterradora.

SI os quedais sin tinta por lo recortes... usad vuestra sangre, nenazas!!!

SI os quedais sin tinta por lo recortes... usad vuestra sangre, nenazas!!!

Spencer es un luchador nato. Se ha dado mil batacazos antes de que su proyecto fuese aceptado por Image, y ahora mismo se lo rifan las grandes editoriales. Tiene una capacidad brutal para la intriga, engancha al lector con técnicas muy sencillas pero muy efectivas. Nos da nuestra dosis de respuestas con habilidad televisiva, sabe cómo funcionan sus personajes, definidos, con personalidad propia que iremos descubriendo poco a poco, según se van complicando sus vidas en el centro. Juega con un buen puñado de subtramas, los secundarios dan empaque a la narración, y los flashback son interesantes y trascendentes, por encima del manido recurso para enganchar a los lectores (que también tiene algo de eso, pero queda camuflado por cierta elegancia en su presentación, medida e inteligente). Hay momentos de antología, como la conversación entre Ike (nuestro niño podrido de dinero) y su madre durante la cena. Así se presenta un personaje, chavales.

Y los profesores… colegas, después de leer esto, vais a mirar al tipo ese de filosofía que siempre huele a Don Simón como el sumun de la perfección académica.

A los lápices tenemos a un tipo muy eficiente, muy competente, muy comedido, y con recursos suficientes para que el cómic tenga un nivel más que aceptable. Joe Eisma se lo está pasando pipa dibujando las desventuras de nuestros chicos, y eso se nota. Pero está muy lejos de ser espectacular, aunque la colección no lo necesita. Es fluido, de lectura ágil, constante y sin altibajos. No es precisamente un vanguardista, pero como digo, es el dibujante que una serie de desarrollo tan televisivo se merece. Sin alardes. Pero muy eficaz.

Mención especial para Rodin Esquejo, el espectacular portadista de la colección, una delicia en cada una de sus intervenciones: sutil, elegante, y con un sexy inocente añadido que da mucha fuerza a su interpretación de los personajes.

De momento, Spencer da pasos firmes, y parece que conoce el camino por el que se mueve, el destino que espera a los personajes de la serie. Espero que no encuentre arenas movedizas. Las incoherencias, la filosofía de baratillo y las explicaciones imposibles no valen. Ya vivimos una experiencia así, la apuesta es fuerte. ¿Quién está detrás de la academia Morning Glories? ¿Por qué nuestros chicos son tan especiales? ¿Quién es quién en este ajedrez siniestro?

De momento, me lo estoy pasando en grande con los dos arcos argumentales publicados en España. Si lo que viene mantiene el nivel, estamos ante algo grande. Si no… miedo me da si no.

Twitter: @Santiagoneg