Publicado el 29 de Marzo del 2013 por Capitan_Melenas en Cine
American Mary: Escalpelo, tijeras, gasas, de nada

Bueno, amigos, hoy toca bizarrada. Desconozco el recorrido comercial de esta película en España, más allá de que llamó bastante la atención en Sitges. Esa es la razón por la que visioné “American Mary”, porque de otra forma no me hubiese molestado en dar dos duros por ella. Más que nada, porque estoy un poco harto del cine de “másomenosterror”, sobre todo por la cantidad de basura que nos cuelan desde hace un tiempo. Hace años que no consigo ver una película que me parezca un refrito, un  bodrio o directamente un insulto a la inteligencia. Lo que hago normalmente es volver a los clásicos y paso ampliamente  de cualquier novedad. Puede que sea algo de prejuicio, sí, pero se lo han ganado a pulso directores y productoras, cuando ofrecen calidad cero, imaginación nula y riesgo inexistente. Me lo pienso muy mucho antes de gastar mi tiempo delante de la pantalla, a tenor de experiencias nefastas que he tenido últimamente. Y si hablamos de ir al cine, o la apuesta es segura, o mis euros se quedan en  la cuenta corriente. Ya me han timado bastante a lo largo de los últimos años con mierdas que harían vomitar al más temerario marine espacial. Si quieren pagarse la cocaína, los productores de ese infierno llamado Hollywood se lo tendrán que currar un poco más. Lo siento por la economía sumergida colombiana…

La duquesa de Alba allá por el pleistoceno

La duquesa de Alba allá por el pleistoceno

Total, que un amiguete me dijo que había conseguido una copia de la peli de hoy. Decidí que tenía la semana de buen rollo, y se merecía una oportunidad.

Primero, un poquito de contexto. La película está dirigida por Jen y Silvia Soska, hermanas gemelas con un estilo visual bastante agresivo, que debutaron en el cine con “Dead hooker in a trunk”, una gamberrada que parecía una versión femenina del primer Tarantino. Toda una declaración de intenciones por parte de este par de señoritas.

Su segunda película es esta “American Mary” de la que hoy hablamos, y que ha corrido una suerte irregular en el circuito de festivales especializados. En unos ha sido ignorada lo que menos, y en otros tantos ha sido encumbrada como una de las grandes sorpresas del año pasado, como fue el caso de Sitges, todo un trampolín comercial para las películas del género.

La cinta nos cuenta la historia de Mary, una estudiante de medicina talentosa y entregada, pero consumida por sus problemas financieros. En una desesperada búsqueda de soluciones, por casualidad, acaba inmersa en el oscuro mundo del cambio corporal extremo y las operaciones de transformismo ilegales. Parece que sus problemas de dinero se solucionan, pero algo terrible ocurre en la vida de Mary, que cambiará por completo a la ambiciosa estudiante de medicina en una persona diferente hasta lo inquietante y peligroso.

Las directoras del asunto, tan normalitas ellas...

Las directoras del asunto, tan normalitas ellas...

Buenas premisas, desarrollo entretenido, buen ritmo, un excelente equilibrio entre las dos partes perfectamente diferenciadas de la película, un aspecto visual muy trabajado y personal, con momentos que rozan la brillantez, y un trato del mundo en el que se mueve sin resultar condescendiente o mojigato. Los personajes que muestran sus deformidades o cambios corporales extremos son tratados en la película de manera natural; sin morbo, sin debate innecesario. Hay cierto mensaje de libertad individual por encima de las leyes estéticas establecidas, de la normalidad militante. En un principio, Mary se adapta a esa sub cultura simplemente por razones económicas, pero cuando algo traumático sucede en su vida, descubre que los monstruos de verdad no exteriorizan su fealdad, que lo más podrido está en su interior, lo que da sentido a su naturaleza destructiva. Los “Freaks” que pululan por las escenas de esta película son personas que han decidido exteriorizar su interior de la manera más visual posible, sin perder por ello su condición de ser humano. Sin embrago, los disfrazados de normalidad abrumadora cometen los actos más terribles en esta historia. La misma Mary no cambia ni un ápice su aspecto físico, ni siquiera con un tatuaje, pero el cambio en su personalidad es visible, ya que somos testigos de su viaje a los infiernos. Muy buen trabajo de Katharine Isabell, poseedora de una de esas bellezas enigmáticas, tremendamente eróticas, a las que queda de miedo ese puntito Psicópata de lo más sexy. Los fans del género la recordaréis post adolescente en “Ginger Snap”, aquella película sobre hombres lobo teenagers. No, no tiene nada que ver con esa mamonada de nenazas perfilados de crepúsculo. Hablamos de una muy buena peli sobre hormonas, pubertad tormentosa, cambios corporales de lo más bruto, y nada de chorradas.

La cámara te quiere, chaval, aunque te falten miembros!!!

La cámara te quiere, chaval, aunque te falten miembros!!!

El aspecto visual es bastante sorprendente. Muy sobrio, sin grandes alardes técnicos, pero con momentos muy cuidados y planificados, con un uso muy inteligente de la iluminación. Desde la sórdida semioscuridad de los clubs de striptease a la blanca asepsia de la sala de operaciones mal iluminada, estas hermanas son unas grandes creadoras de ambientes. Aun así, hay un par de ocasiones en las que la se acerca a la estética de un videoclip de Nine inch nails.

Nunca cae en el morbo ni la violencia innecesaria, por lo que la casquería es algo puntual, a pesar de su punto de partida tan quirúrgico. Se agradece la falta de violencia gratuita, que da más empaque a ciertas sensaciones incómodas, ideales en este tipo de cine.

Cosas malas, que las hay. En el fondo, la historia es bastante simple, pero no nos damos cuenta por lo apabullante de su propuesta visual y por la aparente extravagancia de los ambientes y personajes. Si quitamos ciertos adornos, nos dará la sensación de que ya la hemos visto antes. Otra cosa que me dejó un poco fuera de sitio son las relaciones entre ciertos personajes, poco matizadas, que obligan al espectador a poner piezas del puzle que no estaban en la caja. Un par de escenas con una explicación sobre ciertas situaciones no hubiesen venido mal. También son de bofetada algún momento lleno de alegoría bastante de baratillo, con referencias y metáforas nada sutiles.

Esas caries, tron... para solucionarlo, voy a tener que extirparte los testículos

Esas caries, tron... para solucionarlo, voy a tener que extirparte los testículos

Pero son errores perdonables, que no estropean el visionado de una película que me tuvo sentado en el sillón durante su hora y media, sin hacerme sentir como un imbécil, que está muy por encima de la media de cualquiera de sus competidoras, más caras y con mejor promoción. Una mezcla de elementos de esos directores que perfilaron lo que se ha llamado “la nueva carne”, basada en una estética sombría muy física, la exploración de los límites del cambio corporal, la frontera entre el dolor y el placer, que nos ha dejado autores tan dispares como David Cronemberg o Clive Barker, cineastas alejados en forma y fondo, pero con muchos puntos en común. Un soplo de aire fresco para los que amamos el cine de “terror” (muy entrecomillado en este caso), aunque en el fondo es mucho más convencional de lo que pretende, y no deja de ser víctima de las limitaciones de su género. Lo bueno, que juega con ideas más elevadas que sus contemporáneas. Las limitaciones estéticas, la diferencia, las relaciones de poder, lo terrible de las obsesiones personales, la sexualidad o la feminidad mismas, en manos de dos autoras un poco más valientes que sus contemporáneos, y que darán mucho que hablar (espero que para bien) en un futuro.

La cena está lista, pero la próxima pedimos pizza

La cena está lista, pero la próxima pedimos pizza

Twitter: @SantiagoNeg