Publicado el 9 de Abril del 2013 por Capitan_Melenas en Cine
[RETROCRÍTICAS]: Horizonte Final

Paul W.S. Anderson, Paul W.S. Anderson, moro de la morería…me duele que la retrocrítica de hoy sea para el lucimiento de este tipo, alguien a quien personalmente considero el gran Satán del cine comercial actual (Bueno, uno de tantos). Ha dirigido algunas de las peores películas de todos los tiempos, entre otras la inefable “Mortal Kombat”, adaptación moña y vomitiva del celebérrimo juego que puso en alerta a todos los padres de principios de los 90 por su alto contenido en desmembramientos (recuerdo que tuve que ir con mi “mami” de la mano a mi “dealer” habitual, porque sin autorización paterna no te lo vendían. Ahora, los chavales de 8 años juegan a Black Ops y a GTA mientras sus padres esnifan cocaína en la cocina).

Las comodidades del viaje espacial

Las comodidades del viaje espacial

Pero resulta que, a veces, al burro le suena la flauta, y es un poco el caso de esta película que hoy os traigo desde el baúl de los recuerdos. No es una absoluta obra maestra, está muy lejos de ser perfecta, incluso digo ya mismo que en ciertos aspectos ha envejecido muy regular y a veces es hasta cutre. Pero es un ejemplo de cierto cine de vocación artesanal, producto de su época, un conglomerado de géneros e influencias que hacen su visionado más que interesante, y más si tenemos en cuenta el camino que ha tomado el cine de terror actual; sagas interminables y tediosas como “Saw”, o cosas efectistas y nulas como “Paranormal activity” y sus tropecientos clones.

Primero, como siempre, un poco de sinopsis, para que nos pongamos en antecedentes. El viaje espacial es ya una realidad, y ser humano se ha lanzado a la conquista del sistema solar. La minería interplanetaria es un negocio en alza, hay que dar siempre el paso siguiente en la búsqueda de los secretos del universo. Pero un accidente marca un antes y un después en la historia de esta carrera espacial. La nave de exploración Event Horizon desapareció sin dejar, literalmente, ni rastro, con toda su tripulación. Siete años después, la nave aparece de nuevo en el sistema solar, por lo que el transporte de rescate “Lewis and Clark” es enviado a la órbita de Neptuno para que desentrañe los misterios de la desaparición de la Event Horizon. La única pista que tienen sobre lo que ocurrió en la Horizonte es una grabación llena de gritos escalofriantes en la que se escucha de fondo la voz del capitán, que lanza lo que parece una petición de ayuda en latín: Liberate Me, aparentemente,  se escucha entre sollozos y pánico en diferentes tonalidades. Lo que ocurrió a bordo de la Event Horizon no fue bonito, y desde luego no suena a fiesta con Strippers.

¿Y esta cosa donde tiene el filtro del aceite?

¿Y esta cosa donde tiene el filtro del aceite?

Cuando por fin encuentran la nave perdida, poco a poco descubren que, fuese donde fuese, la Event Horizon, ha vuelto distinta. No hay rastro de la tripulación, pero hay algo más; una sombra de caos y maldad pura, que ansía retornar a casa… con los miembros del equipo de la Lewis and Clarck como tripulación, vivos o muertos.

Buuuuuuuhhhh, miedito!!!

Pues a grandes rasgos, y sin entrar mucho en el desarrollo de la historia, este es el planteamiento de nuestra película de hoy. No es nada del otro mundo, y en el fondo no es más que una actualización de la eterna historia de casa encantada, pero en este caso sustituimos la clásica mansión victoriana mal rollera por una nave espacial mal rollera. El señor Anderson entra en modo artista, y nos ofrece un delirio visual producto de años de visionado de clásicos del género. El director nulo de “Mortal Kombat” abandona su estilo mercenario, que se puede considerar el equivalente cinematográfico a la música (Música… me parto)  de Chimo Bayo, y se transforma de repente en un cineasta serio, cuidadoso, artesano y respetuoso con sus referencias. Por un momento, tuve fe en este tipo. Mientras veía Horizonte Final, tenía la sensación de que no todo estaba perdido, y que el cine fantástico podía salvarse a sí mismo. Por entonces, tenía 17 años; era inocente, ha llovido mucho. En la actualidad, Paul W.S. Anderson está en la lista de gente a la que partiría la cara sin mediar palabra (una lista cada vez más nutrida, me temo… un día la publico en frikis, ya veréis que risas…), y cada una de sus películas es un insulto a la inteligencia mayor que la anterior. Pero en este caso se dio esa extraña conjunción de factores que hacen de Horizonte Final una película distinta.

No sé si estoy en una nave o en un disco de Pink Floid

No sé si estoy en una nave o en un disco de Pink Floid

Para empezar, el aspecto visual. Cuidado, inquietante, artesanal, planificado, clásico y sobrio. Las influencias son claras. Alien. Por todas partes. Desde los momentos en los que la tripulación despierta de la animación suspendida del viaje espacial, vemos la larga sombra de la obra maestra de Scott. Pero no cae en el plagio ni en el ridículo; Anderson demostró habilidad de sobra para que tanto homenaje se convirtiese en un lenguaje propio, con sentido dentro de su personal visión estética. El interior de la Event Horizon es un mal sueño gótico; la nave, efectivamente, respira, es el escenario de pesadilla que se espera en un despliegue tan claro de película de género. Horizonte Final no innova, no nos ofrece nada nuevo en el fondo, pero recopila todas y cada una de nuestras referencias, a las que envuelve en un vistoso papel de regalo (bueno, más bien en un envoltorio de piel humana y alambre de espino, pero ese es otro tema). La sala del núcleo, el corazón del monstruo, se grabará en vuestra retina del mismo modo que ocurrió con los estrechos pasadizos de la Nostromo o con los pasillos de hortera papel de pared del hotel de El resplandor. Otra de las referencias más claras de esta cinta, por cierto, aunque me duele la comparación entre Kubrick y el despojo en estado de gracia que era el señor Anderson en este momento. La forma que tiene la nave de interaccionar con los personajes y el viaje a la locura de Sam Neil recuerdan mucho al desarrollo de la obra maestra de Verónica Forqué… quiero decir, de Kubrick (ains, que me atraganto… cof cof cof). Incluso tenemos una ola de sangre y apariciones de niños al estilo “resplandoroso”.

Pero no se quedan las referencias ahí. Como digo, las películas de mansiones encantadas son la semilla argumental de la historia, pero se mezcla con entusiasmo en un sangriento puré, al que añadimos un poco de la literatura enfermiza y el mundo visual de Clive Barker, uno de los grandes renovadores del género, en especial de su más infernal creación: Hellraiser, ya que la transformación de Sam Neill es poco menos que cenobítica.

Decoración de interiores con restos humanos, lo próximo en ¿Quién vive ahí?

Decoración de interiores con restos humanos, lo próximo en ¿Quién vive ahí?

En otras películas de Anderson, la acción se nutre de sí misma, y con un montaje digno de un mono adicto al speed, se fabrica videoclips a base de patadas imposibles y musicote de aparcamiento de polígono industrial. Si te está dando cocaína visual, ¿Para qué narices quieres desarrollo de los personajes, quién necesita un trasfondo si se tienes chatis tan embutidas en trajes de cuero que parecen morcillas? Por suerte, en esta película, gracias a las bondades de su guión, hay cierta molestia en un planteamiento de personajes correcto, con personalidades marcadas que produce cierta empatía, aunque en el fondo no son más que carne de cañón. El problema de esos personajes es que son bastante tópicos, víctimas de los clichés del género en el que se mueven (Sí, tenemos el enésimo afroamericano con diarrea verbal, un piloto agresivo pasivo, una rubia empeñada en no ser rubia… cosas así). Pero según se desarrolla la historia, mejor que sea de ese modo. Total, sirven para lo que sirven, tampoco merece la pena el cariño por unos tipos que van al matadero. Lo justo para que no sean absurdamente planos, y a tirar. Laurence Fishburne no es un actorazo, pero tiene presencia física más que de sobra para que su aportación sea creíble. No hay matices ni sensiblerías ocultas, su personaje es el abnegado capitán que daría la vida por sus hombres, y ya. Sam Neill es un actor que se mueve entre lo regular y lo pésimo habitualmente, y por aquel entonces peleaba consigo mismo tras el éxito de Parque Jurásico. Lo cierto es que aquí queda afectado, estático, cosa que se nota de más en los momentos en los que las emociones a flor de piel de su personaje, consumido por la culpa, salen a la luz en forma de visiones bastante grimosas de su mujer muerta. De hecho, se establece un paralelismo muy chusco con otro clásico, “Solaris”, aunque la comparación es muy muy cogida por los pelos y el tema de poner al mismo nivel a un cero a la izquierda como Anderson y a un maestro absoluto como Tarkovski (por segunda vez en esta web de dios, si no conocéis a este director, moriros o haceros con sus películas, pero ya). Cuando su transformación física y mental llega a su terrorífico esplendor, el festival de sobreactuaciones es de pasar el video a cámara lenta. Quizá, en manos de otro actor más hábil, todo hubiese quedado natural, pero el amigo Neill cumple, y gracias.

Resultado de una combinación letal de mala suerte y un paquete de 500 folios

Resultado de una combinación letal de mala suerte y un paquete de 500 folios

La banda sonora caía en manos de Orbital y Michael Kamen. De hecho, los títulos de crédito al comienzo hacen presagiar lo peor, pero no tiene nada que ver con el estilo más sosegado de gran parte del metraje, ni de la mayoría de la partitura de Kamen (que algunos conoceréis por ser el director de orquesta del S&M de Metallica). De hecho, teniendo en cuenta que Anderson, en el fondo de su alma es un cani convencido (estoy seguro de que a pesar de su cuenta corriente, conduce un Seat León amarillo y “tuneao”), Orbital son hasta flojitos. Anderson quiere zapatilla, lo suyo es la carpa hardcore de Monegros. Acordaos del TEMASCO (así, en mayúsculas) principal de Mortal Kombat, y decidme que no os entran ganas de beberos un litro de Monster.

Cosas malas: para empezar, los efectos especiales han envejecido francamente mal. Si bien todo el aspecto de ambientación y escenarios es magistral, cuando la magia digital entra en juego, la cosa decae hasta que roza lo cutre. No es espantoso, pero canta la Traviata. Por otra parte, con algunas cosas del guión tienes que tragar por que sí, pero están pilladas con alfileres. Es mejor que os hagáis los suecos ante ciertas situaciones; mejor, disfrutad del espectáculo.

Es una de las primeras películas que se alimenta con cierta cháchara cuántica. Es más, el título original, horizonte de eventos, forma parte de la terminología científica sobre agujeros negros (y como no soy físico y paso de daros la vara, buscáis lo que es en Google, que para eso existe). Ahora es de uso común en toda la parafernalia de la ciencia ficción, pero entonces no era tan usual, y más si se tiene en cuenta como plantea el viaje interdimensional a nivel de lo que significa para la historia.

Testosterona espacial, nenes y nenas

Testosterona espacial, nenes y nenas

Dos años después, se estrenó Matrix. Una película que de repente convirtió en viejo a todo el artificio digital de películas como ésta. Creo que, en ese momento, Paul W.S. Anderson (me encanta escribir el nombre completo de este tío), se volvió loco, y decidió que en todas sus películas habría bullet time, ropa de diseño, música producida por DJ´S escogidos en los mejores frenopáticos…. Es decir, escogió entre el mamarracho de Mortal Kombat y el tipo capaz de Horizonte Final. Después de cinco partes de Resident Evil, ya sabéis quién ha ganado. El tipo que dirigió la adaptación más de vergüenza ajena de los tres mosqueteros, en 3D y sin ningún filtro. El tío que nos hizo ver Death Race, película en la que Jason Statham no da ni una miserable patada (aunque en su favor diré que me descubrió a Natalie Martinez, así que el fulano este sabe, por lo menos, como desviar mi atención en sus mierdas). Se meó en toda una mitología con aquella sangría a la dignidad humana que fue Alien VS Predator…y si queréis sigo, pero con este pedacito de currículo que he puesto aquí, creo que os he dado razones de sobra para el odio.

¿Que mis películas son caca de mono titi? Vale, os presento a mi churri...

¿Que mis películas son caca de mono titi? Vale, os presento a mi churri...

Así que disfrutemos de un director joven que prometía mucho, con un mundo visual de primera categoría. Todavía no era un obseso de las adaptaciones de videojuegos, ni había olvidado lo que es un guión con un mínimo de consistencia.

Horizonte final fue discreta en taquilla y las críticas no fueron especialmente amables, pero el tiempo la ha concedido ese estatus tan especial de “de culto”. Así que si sois de los que echáis de menos el cine de terror de verdad, con algo más que vísceras (que aquí alguna hay, claro), si preferís que os cuenten una buena historia antes que ver la enésima grabación casera con sustos, si sois de nueva generación y os gustaron las experiencias jugonas de Dead Space y buscáis algo parecido en formato cine, o sois treintañeros nostálgicos como el que suscribe, este fin de semana ya tenéis película.

De nada.

 

Twitter: @SantiagoNeg