Publicado el 16 de Abril del 2013 por Capitan_Melenas en Cine
GIjoe:La Venganza. Salvar el mundo es cool

 

Antes que nada, es mejor que dejemos las cosas claras. A lo largo de esta crítica, encontrareis spoilers de todos los sabores y colores, muestras intencionadas de exaltación de valores rancios y caducos, lenguaje malsonante, menosprecio por  la democracia, amén de ser un compendio estupendo de todo lo que jamás se debe hacer a la hora de escribir una crítica cinematográfica. Añado que el género femenino probablemente encuentre este marmotreto falto de interés e incluso vea estereotipos masculinos y clichés de lo más desagradable.  Pero me la repanfinfla hasta límites insultantes and far away… en mi estado de regresión mental en los momentos posteriores al visionado de esta película, vuestros lloros y quejas me importan lo mismo que los comentarios sobre el rancho del cuartel al típico sargento chusquero de la mili de vuestros padres. Lo único que me apetece ahora mismo es invadir un país pequeño.

Después del fracaso con Daredevil, la vida sigue

Después del fracaso sentimental con Daredevil, la vida sigue para las chicas ninja

Retorno a la infancia, chavales. Los que estáis entre los veintimuchos y los treintaypocos, tuvisteis GIjoes en casa, no mintáis. Vosotros, que ahora os apuntáis a manifestaciones anti sistema y queréis ocupar el congreso, tenéis un turbio pasado de belicosos muñequitos articulados, vehículos imposibles, héroes protectores del statu quo, ambiente marcial, y americanismo de dibujo animado. Sí, os estáis relamiendo del gusto, miserables. Muaaaajajajajajajajja….

Es que con 8 años, ¿Qué puede molar más que un ninja llamado Snake Eyes, que es mudo y tiene como mascota a un lobo? Os contesto. Nada mola más. Dad vueltas, buscaos otros héroes de pacotilla, pero no me convenceréis jamás de lo contrario:

Ninja.

Uniforme guay nivel Hugo Boss.

Mudo.

Lobo mascota. Ya está.

Como nuestra generación es carne de nostalgia, estaba claro que tarde o temprano Hasbro sacaría del olvido a sus quecos estrella de mediados de los 80. Había sonado la flauta con Transformers. Incluso probarían suerte con algo tan psicodélico como una peli de “Hundir la flota”. Las drogas son gratis, señores ¡Pasen y escojan su turulo! Esto es Hollywood y nosotros jugueteros, hijosdep…

Gangnam Style versión extrema

Gangnam Style versión extrema

La primera de los Joe me pareció un tostón infumable, infantil e insultante, excesivamente colorido y políticamente correcto. A pesar de cierto tufillo rancio a americanismo de pro, mi protofascista interior no se vio satisfecho. Todo demasiado High Tech, hasta el punto de que lo único que permitía que no me fuese del cine era el espectáculo visual de la Baronesa Cobra en todo su esplendor. Al fin y al cabo, uno de los mitos eróticos de mi preadolescencia se hacía de carne y hueso (y que carne, y que hueso) gracias a la magia del cine. Ni siquiera el gustazo de esa imagen evocadora con la torre Eiffel (sí, he tenido que buscar cómo se escribe en Google, como todo buen español que se precie de serlo) derritiéndose como una adolescente hormonada ante un poster de Justin Bieber era suficiente. No me levanté de la silla al grito de “!Esto por lo de contador, escoria gabacha!” para luego beberme una garrafa de Mahou. Nada, todo muy escaso.

Pero hay que tener fe. Los productores cinematográficos son los suficientemente codiciosos como para perpetrar cosas como la que hoy comento. Es tan sencillo como agarrar del cuello al guionista que menos borracho está en ese momento, le pones delante de un ordenador, y le sometes a una sesión de regresión a la infancia. El chaval se viene arriba, y se cree que está en casa de sus padres escondido en la buhardilla, preparando una incursión a la habitación de su hermana para secuestrar a sus Barbies, incluso aunque la vida de sus mejores hombres esté en juego (ejem… ¿Vosotros no lo hacíais? Que sosos). Todo muy bonito, si no fuese porque cuando regrese de ese viaje por sus ocho años va a entrar en depresión y se va a meter el mueble bar entero como se mire al espejo y medite sobre su vida. En fin, que ya tenemos peli.

Simbolismo, arte, erotismo postmodernista... vivalcine!!!

Simbolismo, arte, erotismo postmodernista... vivalcine!!!

Y alguien con la poca vergüenza de rodarla.

¡A por otro éxito, compañeros!

Gi joe 2 no tiene nada que ver ni en forma ni en espíritu con su predecesora. Gi joe era un espectáculo veraniego para toda la familia, con ese toque de violencia soft ideal para que los niños se peguen en los colegios, pero no tan nociva como para que pillen un subfusil y masacren a los chavales del equipo de lacrosse. Armaduras requeté, mucho cuero/kevlar, efectos matrix de baratillo, con la única cosa salvable que queríamos ver todos: una pelea NINJA entre Snake Eyes y Storm Shadow, dos tipos que, como decía, NO PUEDEN TENER NOMBRES MÁS COOL.

La segunda parte es más película; aunque parezca mentira, y siendo película en este caso el equivalente visual al chorizo barato lleno de vetas blancas con extra de clembuterol. Sabes que mata, pero tu bocata no sabe igual con otra cosa. Es decir, ciento y pico años de arte cinematográfico para llegar a esto roza lo insultante, pero cuando acabes de ver lo que se te viene encima, te entrarán ganas de ir a mearte sobre la tumba Louis Malle.

Aquí no hay trajecitos de diseño. Tenemos uniformes militares, tope guays, sí, pero sin florituras. Tenemos algo de tecnología imposible, pero dura un ratito. Nada de armaduras potenciadoras. Nuestros Joes sudan la gota gorda, se muelen a palos con las manos desnudas, hacen chistes terribles mientras patean culos de tipos con turbante, y se recorren un auténtico infierno de balas silbantes con una sesión de parkour. Aplaudes. Das un puñetazo a la mesa. Aplastas una lata de cerveza contra tu frente mientras muges. Todo se vuelve de color rojo, maldita sea.

Incluso muerto, seguiré molando más que vosotros. Yipi ka yei

Incluso muerto, seguiré molando más que vosotros. Yipi ka yei

Los Joes de esta entrega son más soldados de élite que los imposibles súper guerreros de la primera parte. Entran, la lían, se van a casa y lo celebran con una barbacoa.

En los primeros 20 minutos, invaden una base secreta, ponen en peligro la estabilidad de oriente medio por un “quítame de aquí estas armas nucleares”, hacen alarde de fuerza letal, menosprecian la soberanía de cualquier país mindundi que moleste, justifican de manera nada velada la política exterior agresiva y justiciera de los USA, chocan las cinco de mil maneras molonas mientras escupen con moco en conceptos básicos como democracia, Y TE ESTÁ GUSTANDO, MALDITA SEA. El pequeñoburgués neoliberal que te han introducido en el cerebro estos últimos años a base de Disney Channel se despereza. Sonríe. Se pone cómodo. Esto acaba de empezar.

Pero no todo es alegría tras mandar más carne de cañón a Guantánamo. El presidente de los USA ha sido sustituido por el cambiaformas oficial de Cobra. En un complejo ardid (más bien inexplicable y absurdo, porque no se sabe si lo tenía planeado el Comandante, si en su ausencia lo han montado sus esbirros, o que las cosas son así y ya está, no preguntes tanto a ver si te vas a llevar una hostia sonora en la boca, listillo… me haces mil flexiones), los GIjoe son acusados de traidores a América, al mundo, a la democracia estilo Kentucky fried chicken, y declarados non gratos. Escapan, nada más y nada menos que The rock, un ful que no cambia la cara ni cuando la chica florero con síndrome de Elektra se cambia de ropa, y la chica florero con síndrome de Elektra. Pero se cargan a Duke…¡Tíos, se cargan a Duke! Casi busco el muñeco en la caja de juguetes viejos y lo entierro en el parque con honores. Sniff… (venga, Capi, recomponte, que los tíos no lloran. ¿No has aprendido nada de esta peli, joder?)

El Ying y el Yang, el eterno dicotomía entre el bien y el m...DIOSCOMOMOLAN!!!!

El Ying y el Yang, el eterno dicotomía entre el bien y el m...DIOSCOMOMOLAN!!!!

Con lo chula que era la relación de The rock y Duke. Jugando a la consola en amables escenas familiares. Con las hijas del ex luchador llamando al futuro cadáver “Tío Duke”. Con juegos muy masculinos de disparar con armas muy largas (y muy negras) a objetos muy pequeños. Todo ello sin perder un solo ápice de hombría. Camaradería entre heteros, chavales. Porque puedes estar con el torso desnudo depilado delante de otro tío con el torso desnudo depilado sin que se te venga a la cabeza una canción de Village People. No se veía algo así desde la escena del Voleibol de Top Gun.

Nuestros chicos están solos, tres tipos contra todo el aparato militar de Cobra, que pretende la destrucción a nivel global. Por otro lado está Snake Eyes a su bola, en una especie de película paralela, acompañada de una versión apócrifa de Elektra Natchios, en un delirio de ramen en mal estado que parece escrito por Frank Miller puesto de espidifen. Ninjas a tutiplén, peleas en escarpados picos contra la Mano… digo, contra el clan de ninjas malvados ramdom, todo ello con un nivel de “molamiento” de carácter orgásmico. No quieres que se acabe nunca. En estos tiempos en el que se ha puesto de moda el realismo peleón de las escenas de guantazos tipo Bourne, se agradece una flipibatalla, con tipos que parten balas a base de espadazos o paran shurikens a tiros. Qué queréis que os diga, pero cuando término la escena, paré la peli y me eché el cigarro de después.

Entonces, cuando crees que nada puede ser más molón, cuando estás a punto de salir a la calle a pegar a los de la asamblea ciudadana de tu barrio por poner en duda nuestro sacrosanto sistema neoliberal, aparece Bruce Willis. Te pones de rodillas en dirección Hollywood, Los Angeles, California, y rezas a los productores de esta cosa que ya no sabes si es una película o un video de reclutamiento del jodido cuerpo de marines.

Tito Bruce es desafiante, chulesco y condescendiente, como no podía ser de otra forma. Si por el fuese, daría de collejas de toda la tropa y se fumaría un puro después, pero llega justo el momento del metraje que hace de esta película algo más grande que la vida: Hora y 15 minutos. Quedaos con ese instante. El tito Bruce enseña a nuestro chavales su cocina. Sólo falta un cartel en el que se lea “Este minuto está patrocinado por electrodomésticos Siemens y la Asociación Nacional del Rifle”. God bless America, ¡Fuck hell yeah!

Aguantar plano en esta tesitura y que todo siga pareciendo hetero... !Un oscar para este tío, ya!

Aguantar plano en esta tesitura y que todo siga pareciendo hetero... !Un oscar para este tío, ya!

De repente, olvidas que Willis estaba lanzando palas de mierda de elefante sobre su carrera, y perdonas cosas como ese “John Mc Clane Meets the russians” que es la última Jungla. Nunca más dudaré de su palabra. Alabado sea Willis.

Tras la lección de diseño de interiores, empieza la traca final, los malos caen como moscas, Storm Shadow se hace bueno, Snake Eyes sigue molando todo el rato, y se gastan en explosivos el equivalente al PIB de un país en vías de desarrollo. Todo ello para que el niño de 8 años que todavía eres salte de alegría perversa. Porque esa es la naturaleza de esta película, un guilty pleasure de manual, algo que sabes que, como cinéfilo, deberías odiar con vehemencia de talibán. Pero algo hierbe en lo más profundo de tu ser, que te pide que quemes tus DVD´S de Sofía Coppola.

El fascista gana al cultureta…!Finish Him!

Jon M. Chu es el elegido como director mercenario para que esta obra maestra del macarrismo llegue a buen puerto. Desde luego, es impactante, sabe que lo importante es atacar a las partes del cerebro que producen adrenalina, acabar con cualquier atisbo de pensamiento disidente. No tienes tiempo de preguntarte por esos simpáticos agujeros de guión, estás al borde del ataque epiléptico. Supongo que al montador de esta movida le sangraban los ojos cuando salió del estudio.

Pero sonreía. Seguro.

Así que pillad a unos colegas, comprad unas cervezas, y derramároslas por encima. Daos golpes frente contra frente. Chocad los puños de manera guay con excusas peregrinas, por el gustazo de hacerlo. A ser posible, id al gimnasio dos horacas (pero nada de body combat, nenazas; a hacer series) y no os duchéis, para dar ese tono almizcleño a un encuentro de esas características. Porque encima, en IMDb la enchufan un 6.3. Olé.

Acojonaba más cuando tenía doblaje latino en los 90

Acojonaba más cuando tenía doblaje latino en los 90

Pero, sobre todo, dejad que el niño que lleváis dentro salga a jugar un ratito. Si no, esto no hay por dónde cogerlo.

Como a esta crítica, por otra parte. Que a gusto me he quedado.

Twitter: @SantiagoNeg