Publicado el 16 de Abril del 2013 por Germánico en Libros
Hablemos de Libros: Rescate. Diario de una Invasión Zombie.

2.5/5

Me encantan los zombies, los muertos vivientes que caminan como si hubieran ingerido cantidades ingentes de alcohol y que sólo sueñan (si es que su podrido cerebro puede “soñar”) con devorar la carne fresca de algún incauto descuidado.  Sin embargo, a veces eso no es suficiente para que un libro me guste.

Como ejemplo de libro insuficiente (aunque por nota, le he dado un aprobado raspadico),  tenemos la tercera entrega (y supongo que la última) de Diario de una Invasión Zombie, de J. L. Bourne. Si bien la primera parte fue entretenida, con ese estilo diario que lo diferenciaba de muchos libros, la segunda parte ya me dejó mal sabor de boca (si quieres leer una pequeña reseña, pincha aquí); era más de lo mismo, buscar al protagonista para que, aunque ya pareciera a salvo, volviera a estar en peligro. Y ese final, ¡ay qué dolor de alma! Recé a los dioses para que lo arreglara.  Entonces (hará un mes) llegó a nuestras librerías la tercera parte y la leí.

He de decir, que el autor no arregló nada.

Bien, en Rescate  se comienza el intento desesperado por recuperar los Estados Unidos, donde las hordas de no muertos dominan prácticamente todo el continente. Un comandante de la marina, asesorado por nuestro protagonista Kil, lidera una misión que se dirige al núcleo de la pandemia (que resulta estar en China). El comando Clepsidra es la última esperanza de la humanidad, de Estados Unidos y, si sigue viva, de su madre.

En la tercera entrega, Bourne deja el estilo diario a un lado (salvo tres o cuatro entradas) y toma las riendas de la historia como narrador. Pasa del grupo Clepsidra a su contacto, al enorme portaaviones George Washington; de allí a la organización secreta Remoto Seis, para seguir con el comando Fénix y con una base perdida en el Ártico. Es decir, visto así, parece que el hecho de que más personajes, más localizaciones y un poco de aire fresco le darían más vida…

Pues no.

Vida la justa, la verdad (y no porque el mundo sea pasto de los No-Muertos). El autor parece hacer propaganda del ejército de EEUU y de aquel país, el único capaz de salvar siempre, una y otra vez, a la humanidad (ya sabéis, son los más listos, los mejores, los más honrados, bla bla bla). Parece remezclar películas como Independece Day con La Noche de los Muertos Vivientes y cualquier peli bélica cutre que se precie; le faltaron los nazis. Aún cuando la base de la historia sea muy militar (si cambiamos zombies por talibanes no se notaría mucho, la verdad), sí que empieza bien, va enganchando y bueno, no se hace desagradable. Sin embargo, cuando vamos a llegar ya al meollo del asunto, al clímax, a ese momento que llevábamos esperando desde el final de la segunda novela y las 310 primeras páginas de la tercera (que tiene 320 aproximadamente), el autor se queda corto. Muy corto.

Demasiado.

Tan corto se queda, que en tres páginas da por finalizada la historia, cuando justo de esas tres páginas podría sacar una cuarta novela con la que dar una terminación digna a esta saga que nada tiene de especial. Y así nos quedamos, insatisfechos, a medias; la verdad es que me sentí estafado con ese final que prometió tanto como nuestros políticos antes de elecciones y que no cumplió nada de lo pactado (como nuestros políticos también).

Por eso, frikis míos, no os la recomiendo. Hay muchos libros de Zombies por ahí, exquisiteces de los podridos y zombificados, dignas de ser leídas una y otra vez y estos,  no son parte de esos manjares de dioses, del maná de los Caminantes. Sin embargo, si ya habéis comenzado con la saga pueees, bueno, cuando te has leído los anteriores ya por uno más, tampoco pasa nada. Aún así, si os llega el primero a vuestras manos, os diría: ¡Huid, insensatos!

Y recordad: cuando en el Infierno no entren más almas, los Muertos caminarán sobre la Tierra.