Publicado el 23 de Abril del 2013 por Germánico en Libros
Hablemos de Libros: Una del Oeste.

4.8/5

Las puertas del Saloon se abrieron y dieron paso a un hombre cubierto del polvo del camino, sombrero calado que mantenía su mirada lejos de la luz; el forastero dio una larga calada a su cigarrillo y soltó el humo despacio, con parsimonia. Esperó a que sus ojos se acostumbraran a la escasa luz del local y se dirigió hacia la barra haciendo resonar las espuelas de sus botas sobre el suelo de madera.

– Whisky.

De un trago, bebió el contenido ámbar del vaso que le había servido un nervioso camarero que no podía quitar los ojos de la reluciente Colt .45 que parecía aún humear. Ignorando al hombrecillo calvo, el pistolero se volvió buscando una mesa de póker en la que poder ganar unos cuantos dólares…

¿Quién no ha visto una película Western y ha visto esta escena repetida una y otra vez? ¿Quién no se ha imaginado a Clint Eastwood, a Lee Van Cleef, John Wayne, Clint Walker, Kirk Douglas, Gary Cooper, Yul Brinner o a Burt Lancaster, solos ante el peligro, interpretando ese momento épico? Incluso se podría imaginar uno la escena previa a puñetazos y pelea de taberna si los intérpretes son dos,  Bud Spencer y Terence Hill; ya sabéis, a Trinidad le encanta jugar al póker.

Con esos sentimientos, con nuestros propios recuerdos, son con los que juega Ángel F. Bueno en su novela Una del Oeste, un sentido homenaje literario a todas esas películas que marcaron nuestras vidas que tanto nos gustaron (y nos gustan). La cantidad de guiños, alusiones y pequeños detalles que plagan la narración hacen que, junto con a los personajes españoles (sacados de la serie Curro Jiménez), el humor y el ritmo aventurero e incansable de la historia nos envuelva y nos enganche como una droga cualquiera. Pero no queda ahí la cosa, no sólo se aprovecha de los que vimos (y vemos) tantas películas, ni que silbamos bandas sonoras como la de El Oro de Mackenna o la de Le Llamaban Trinidad: los roleros además veremos y disfrutaremos de otros detalles. Pues el propio autor confiensa en los agradecimientos que la campaña La balada del Español, escrita por Ricard Ibáñez (Aquellarre) para el juego de rol Far West le aligeró parte del trabajo documental. Y además, agradece a su Máster que hiciera una mezcla de reglamentos (otro módulo de Far West con el juego Death Land) para una memorable partida que le sirvió como prólogo para la novela.

Pero antes de continuar emocionándome con el recuerdo de su lectura, dejadme que os cuente de qué va la historia, así a grandes rasgos.

Han pasado unos años de la revolución mejicana y de repente, varias facciones recuerdan que durante ella fue robado a las tropas francesas un tesoro. Así, la agente más famosa del servicio secreto mejicano, Margarita Veracruz,  junta a un variopinto grupo (liberando incluso a dos prisioneros) para recuperarlo: un siniestro reverendo, un indio con cierta obsesión por los pumas, un jugador de póker y un pistolero guaperas; además contarán con la ayuda de dos bandoleros españoles, al más puro estilo Curro Jiménez, que habían huído de la península para salvar la vida. Se enfrentarán a un poderosos terrateniente corrupto que trata de hacerse con todo y todos. Disparos, duelos, intrigas, huidas, diligencias y jinetes en la noche será lo que nos encontremos en la trama, muy bien hilada, típica y a la vez original, de la novela.

¿Recomendable? Por supuesto. Para los que nos sois fan de las películas del Oeste, os diré que la aventura es trepidante, el humor corre a raudales y además, la lectura te mantiene expectante. Podrás imaginar el final, sí, pero aún así, tiemblas cada vez que las balas resuenan en los oídos de los personajes, cada vez que un bandido desenfunda, cada vez que se recarga un rifle Winchester. Si encima eres de aquellas personas que de vez en cuando se ve una buena película del género, disfrutarás como un niño pequeño; incluso podrás imaginarte el actor que interpretaría a cada uno de los protagonistas (yo lo hice, y el reparto sería el siguiente: Clint Eastwood, Stuart Whitman, Charles Bronson, Gregory Peck, Omar Shariff, Ina Balin, Richard Widmark y Anthony Quinn). Pero no sólo eso, es que tenemos  todos los requisitos indispensables para una  historia redonda digna de ser dirigida por Sergio Leone y musicada por Ennio Morricone:  hombre rico y ambicioso que gobierna un pueblo y tiene comprada a la Ley; terrateniente mejicano de oscuro pasado; grupo variopinto de pistoleros en los que están representando cada uno de los arquetipos típicos del cine Western; el Río Grande (o Río Bravo) y el desierto de Chihuahua; tiroteos y hombres apostándose en los tejados,  muriendo y cayendo al suelo de formas artificiales.Lo malo es que este libro, 300 páginas de locura pistolera, está descatalogado y es difícil de encontrar en las librerías, aunque gracias a todos los dioses un servidor se hizo con ella de milagro (No porque la buscara, si no porque ella me encontró a mí; fue amor a primera vista.). Aún así, si os encontráis con un ejemplar, ya sea por internet, en la feria del libro o en algún mercadillo, no dudéis en haceros con él y disfrutar de su apasionante lectura.

Y recordad: lo único que nos mantiene vivos es nuestra Colt .45.