Publicado el 23 de Abril del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
Superman: Hijo Rojo. Súperateocomunistamasón!!!!!

 

Ocurre con los mitos que, a veces, se transforman en inspiración para nuevas leyendas, variaciones sobre el mismo tema, reinterpretaciones y adaptaciones que renuevan conceptos pero conservan la esencia, la pieza clave que en el original servía como semilla de la grandeza. Los cuentos que nos contaban se adaptan a los nuevos tiempos, la imaginación se nutre de los caminos previamente recorridos, puesto que la naturaleza del héroe, el conflicto en su más básica raíz, forman parte del espíritu del ser humano desde que nuestros antepasados se sentaban a la luz de la hoguera para dar forma a aquellos mitos fundacionales con los que se sustentan los cimientos de nuestra cultura. En los tiempos que corren, víctima de esa pesadilla intelectual que es la post modernidad, encontramos aquellos matices que humanizan al héroe por encima de su aparente perfección, o se decostruyen (otra palabra de moda, que vale para un roto y para un descosido) los elementos clásicos para que las nuevas generaciones entiendan el mensaje, pero revestido de trajes de cuero de diseño y bullet time. De esta tendencia han surgido abominaciones visuales como la reciente Hansel y Gretel, un espanto en todas y cada una de sus propuestas visuales y argumentales, o intentos fallidos de renovación como la muy irregular Alicia de Tim Burton.

Metiendo el miedo en el cuerpo a los enemigos de la "Revolusión!!"

Metiendo el miedo en el cuerpo a los enemigos de la "Revolusión!!"

En el mundo del cómic, siempre se ha jugado a la reinterpretación de caracteres, sobre todo desde mediados de los 80, cuando Alan Moore cambió las reglas del juego en su seminal “Watchmen”. El negocio de la viñeta se vio forzado a una intelectualización obligada tras el análisis enfermizo y oscuro que nuestro barbudo favorito se marcó en su obra maestra. Así que las ideas alternativas sobre los héroes que habían alimentado nuestra imaginación surgieron de universos paralelos, interpretaciones imposibles o futuros más o menos rotos. De esa época surgen clásicos imperecederos como “The return of the dark knight”, obra cumbre del mejor Frank Miller, donde se nos contaba la historia de un Batman envejecido y retirado, obligado por las circunstancias a vestir de nuevo el manto del murciélago. Y si hablamos de Superman, el héroe entre los héroes de la viñeta, el juego con su iconografía es tentador. Hace poco hablaba en esta web del viaje, mezcla de los entrañable, lo romántico y los psicodélico, que Grant Morrison nos ofrecía en “All Star Superman”, uno de los momentos más álgidos en la historia del kriptoniano, en una historia que roza la perfección en todos sus aspectos. Pero, a pesar de la extravagancia de la propuesta, Morrison no se alejaba ni un ápice de lo que entendemos que son los valores más profundos que Superman representa.

Lo que hoy os presento está muy lejos de esa idea. Ha llegado Mark Millar, abrochaos los cinturones.

Da igual lo que lleve en el pecho... Superman siempre será Superman

Da igual lo que lleve en el pecho... Superman siempre será Superman

Millar es un autor del que diremos, por ser condescendientes, que es irregular. Por no decir que le gusta más un fajo de dólares fresquitos que comer con las manos. Su carrera se ha convertido en una montaña rusa, donde parece que cada proyecto en el que asoma el hocico es el precedente de toda una campaña de marketing dirigida al mundo del celuloide, donde se ha instalado con una comodidad terrorífica. Es la cara contraria a Alan Moore, que abomina de cada una de las adaptaciones que se hacen de sus cómics desde Hollywood (y con razón. Ni una buena; salvo ciertos momentos de V de vendetta o algunas partes salvables de Watchmen. Lo demás son heces. Mirad “La liga de los hombres extraordinarios” y decidme. No sé en qué carajo estaba pensando James Robinson mientras escribía esa basura). Él se apunta con alegría fenicia a cualquier proyecto que lleve en la cabecera el nombre de una de sus invenciones, aunque se mutile, distorsione o se viole la idea inicial escondida detrás de sus cómics. Hemos visto nulidades como “Wanted”, que es una moñada insoportable si comparamos ese bodrio al cómic que lo inspiró. Millar participó en la producción de esa película, así que es tan culpable como el que más del destrozo que se hizo de un cómic que ensalzaba de manera brutal la figura del villano. Pero pasó por caja, y se limpió su dignidad creativa con un buen puñado de presidentes muertos. Lo mismo podemos decir de Kick Ass, que se queda en simpática frikada. El material original era mucho más cafre y divertido. Sus secuelas, son un insulto.

Pero hubo un tiempo en el que Mark Millar era un guionista de primera, preocupado por sus historias, siempre con su toque gamberro de diálogos ágiles, llenos de intención. Era carne de polémica, sí, pero por motivos muy diferentes a los actuales. Sus interpretaciones de los héroes clásicos de Marvel en su primera etapa en The Ultimates me sigue pareciendo de lo mejor que he leído. The Authority es referencial en el cómic de superhéroes que se ha escrito en los últimos años.

En esa etapa de autor valiente, iconoclasta y rompedor surgieron algunas de las páginas más memorables de la historia reciente del medio. Entre otras, las perpetradas para la obra que hoy nos ocupa, publicada originalmente en el año 2003. Sí, chavales, diez años han pasado desde que se publicó por primera vez, y podemos decir que su lectura no ha decaído por el paso del tiempo. Su propuesta inicial sigue siendo de lo más atrayente, y la diversión está asegurada, incluso después de tantas lecturas.

Batman al estilo bolchevique

Batman al estilo bolchevique

Millar da la vuelta a Superman, hasta el punto de la perversión total de uno de los elementos de su personalidad básico y definitorio: su americanismo de pro. La creencia en valores un tanto rancios, adquiridos durante su infancia y adolescencia en Smallville, han hecho del héroe uno de los adalides de las democracias occidentales, bien representadas por el carácter de superpotencia de los USA que acogen al kriptoniano. Esto implica un tufillo a propaganda sobre las veleidades propias del sistema que sustenta el espíritu de una nación tan contradictoria como la americana, potenciada en según qué épocas del personaje. Frank Miller presentó a nuestro protagonista como un títere al servicio de los poderes fácticos en la mencionada “The return of the Dark Knight”, en un claro ejemplo que rozaba la parodia respecto a lo que muchos pensaban sobre el personaje en aquella época. Así que Millar recoge el testigo de años de tradición, herramienta que usa para dar donde más duele: ¿Qué hubiese pasado si la nave con la que Superman llegó a la tierra no impactó en la América profunda? ¿Y si hubiese caído al otro lado del telón de acero, en plena guerra fría? ¿Qué pasaría si el régimen estalinista hubiese contado con el arma definitiva para extender el ideario del pacto de Varsovia?

Por supuesto, con  la presencia de Superman como gran aliado del comunismo soviético, el socialismo estilo Stalin se proclama como el claro vencedor sobre las potencias de economías capitalistas, lo que provoca un escenario completamente distinto al que hemos podido ver en nuestro mundo real. América se convierte en una sombra de sí misma, lo que acaba en una fractura total de la unión, pobreza, hambre y destrucción social y económica, mientras la mayoría de los países se alinean bajo la sombra de Moscú. Más de uno, ahora mismo, está temblando bajo la mesa del comedor viendo debates en intereconomía ante la perspectiva ofrecida por Mark Millar. Tranquis, que es ficción…

Durante tres episodios, veremos la evolución del héroe en este escenario tan radical y distinto al que estamos acostumbrados. Al comienzo de la serie, Superman es el mismo idealista de siempre, más preocupado en ofrecer su ayuda incondicional a la gente de a pie que en los angostos pasillos de la política y las luchas de poder. Stalin ha encontrado un campeón que mostrar al mundo, pero el Kriptoniano se desmarca de los intereses de sus líderes. En este aspecto, salvo por los pequeños matices, Superman es el héroe de siempre, por encima de la ideología, dispuesto a acudir hasta a la más nimia petición de socorro. Al otro lado del mundo, Lex Luthor comienza su desquiciada carrera por la eliminación de Superman. Su intelecto está muy por encima de la lucha ideológica, y su único interés en la existencia del héroe de Stalin es, precisamente, demostrar que su genio está por encima de la naturaleza extraterrestre del brillante caballero volador insignia del socialismo.

El Gran Hermano te vigila, y tiene rayos X

El Gran Hermano te vigila, y tiene rayos X

Las cosas cambian, y Superman se convierte en líder del régimen soviético, por encima de sus aspiraciones y ambiciones. Empieza entonces un cambio radical en el personaje, sobre todo después de que Brainiac, una de las muchas abominaciones que Luthor lanzará contra él, reduzca Stalingrado al tamaño de una botella de cristal. Ese fracaso se convertirá en el gran estigma personal del héroe, que decide dedicar su vida e intelecto a construir una utopía basada en el control de todos los aspectos de la vida de los ciudadanos de su imperio. Esto conducirá a una pesadilla de control total, bajo la atenta mirada del todopoderoso líder, convertido en una suerte de Gran Hermano que, literalmente, todo ve y oye. Los sueños de progreso de Superman se tornan en una pesadilla Orwelliana, en la que la libertad individual queda en entredicho en cuanto al bien mayor. Armado con las mejores intenciones, con la nobleza que caracteriza la esencia misma de Superman; eso permanece intocable, pero el resultado de sus acciones son un espejismo. Incluso se enfrenta a la disidencia terrorista, identificada en un misterioso enmascarado que ha encontrado en la venganza personal el mejor camino para quebrar el orden omnipotente impuesto por Superman. Un habitante de la noche, que usa como emblema un murciélago, representante de la anarquía y la violencia en oposición a los férreos principios de control encarnados en el protagonista de esta historia.

La encarnizada lucha entre Luthor y Superman llegará a un punto sin retorno, que explota en uno de los más sorprendentes finales de la historia del personaje. Os dejará atónitospor muchas razones, por ejemplo cuando descubramos el increíble árbol genealógico de este Superman alternativo.

Una gran historia, con regusto clásico, pero llena de pequeños detalles que acentúan la sensación de sorpresa continua. Su relación con Wonder Woman, los excelentes secundarios; el propio Lex Luthor, desquiciado, genial, paranoico y ególatra, y su relación con Lois Lane, reconvertida en esposa del obsesivo genio científico. Para los seguidores del universo DC, es un auténtico juego localizar a los personajes clásicos de la casa. Tendremos Green Lantern, Bizarro, y otros tantos enemigos o viejos conocidos. Incluso Green Arrow asoma la cara… a ver si lo encontráis, so frikis.

Aquí, con la basca, por la lcuha obrera y tal

Aquí, con la basca, por la lucha obrera y tal

No es una crítica descarnada contra el comunismo. Ni un canto a las maravillas de los sistemas capitalistas. Ambas caras de la moneda se llevan lo suyo, Millar no se casa con nadie, y torea a las mil maravillas en el campo minado en él mismo se había metido al plantear una historia con tantas connotaciones históricas e ideológicas. Es más, al final de la obra, Millar plantea como única alternativa de evolución un estado en manos de científicos, humanistas y artistas que lleven al ser humano a su máximo exponente, por encima de las tradicionales posiciones de izquierda o derecha.

Pero, más allá de los debates que pueda generar, Hijo Rojo es un cómic extremadamente divertido, clásico y sorprendente, en el que además reconoceremos al Superman dentro del canon, con el atractivo añadido de ver como se transforma en una especie de súper dictador y el viaje a los infiernos que esto conlleva. Sumemos a la ecuación el placer de la lectura del mejor Millar, antes de su actual versión más lenguaraz y directa, pero mucho menos atractiva en mi opinión, salvo trabajos puntuales.

El dibujo es eficaz y directo, sin excesivos artificios, de amplias viñetas que prestan mucha atención a los escenarios donde se desarrolla la acción. Es evidente que los edificios, las ciudades y las salas en las que vemos cómo evoluciona la historia han de ser  reflejo de un estilo y una época muy determinadas, majestuosas y opulentas, pero al mismo tiempo sobrias y elegantes. Eso sin contar la psicodelia futurista de los últimos episodios, espejo de la grandeza de la civilización.

Te voy a dar lo tuyo y lo de tu superprima, so rojo!!

Te voy a dar lo tuyo y lo de tu superprima, so rojo!!

Así que este mismo mes tenéis una estupenda reedición en vuestras tiendas habituales. Sin demasiados artificios, modesta, pero bonita y a un precio más que razonable, con un buen montón de extras. Otro acierto editorial de ECC, en mi opinión y en la de mi bolsillo.

Siempre es divertido jugar a “¿Y si…?”. Más, con un maestro de ceremonias como el mejor Mark Millar. Camaradas, que disfruten del viaje.

Twitter: @SantiagoNeg