Publicado el 21 de Mayo del 2013 por Capitan_Melenas en Cine
Lords of Salem: El nuevo Rob Zombie saluda al mundo

Rob zombie es un tipo que hace lo que le da la gana. Así de claro, y con todos los peligros que conlleva una afirmación como esa, porque está claro que libertad o valentía no siempre son sinónimos de calidad. Personalmente, es un tío al que tengo bastante cariño desde mi adolescencia, cuando era la cara visible de aquel circo siniestro que respondía al nombre de White Zombie. Todavía recuerdo la primera vez que vi el vídeo de “More Human Than Human”, una de las marcianadas más demenciales que mis tiernos ojos post infantiles habían visto nunca, llena de parafernalia monstruosa. Parecía un episodio de los Monsters con una banda sonora escrita por un maniaco sin medicación. Aparte, el bajo lo tocaba la que se convertiría en uno de mis mitos erótico festivos de aquel entonces, Sean Yseult (ains, yo y las chicas raras). Parece una tontería, pero en aquel entonces el señor Zombie ya mostraba claramente sus cartas al mundo. Una especie de cajón de sastre donde cabía el Shock rock de Alice Cooper, el terror de serie B, el cómic underground y un sentido del humor de lo más negro cercano a la parodia. Una oda al frikismo más descarnado. Era nuestro grupo, y el señor Zombie se desmarcaba como uno de los nuestros. Que bonico era todo, leches.

Así se pasea a la cabra de la legión

Así se pasea a la cabra de la legión

Llegó el momento en el que la música se quedaba corta para un tipo con un mundo tan visual como el bueno de Rob, así que en cuanto consiguió algo de renombre, se embarcó en una aventura cinematográfica  hasta el día de hoy, con un pequeño puñado de películas, cada una de ellas el reflejo del extraño mundo de nuestro pintoresco protagonista.

Comenzó con la fallida “La casa de los 1000 cadáveres”, un batiburrillo de ideas poco claras, que no eran más que un constante homenaje al cine con el que había crecido, pero llevado a cotas bastante borricas, impregnado de buenas dosis de hemoglobina. Al final, se quedaba en un simpático intento de slasher, muy propio del universo que nos había ofrecido como músico. Se desmarcó completamente de su ópera prima, armado con una potente segunda parte, “Los renegados del diablo”, muy superior a su antecesora, y radicalmente distinta en espíritu y forma. Del terror chusco de serie B, Zombie pasó a una road movie de aspecto sucio y desértico, cercana a la estética de los años 70, donde el polvo se nos metía en los pulmones, el sudor se mezclaba con el olor a gasolina, aroma a carretera y tensión constante. Una de mis escenas favoritas del mundo mundial es el tiroteo final. Sostenido por una cámara lenta que roza una extraña poesía, el estilo de Zombie se lleva al paroxismo en una elevación de la violencia más animal a algo parecido al arte, mientras suena “Free Bird” de Lynryd Skynyrd. Cuando ese momento acaba, tienes ganas de llorar y de hacer una barbacoa al mismo tiempo. Eso no lo consigue todo el mundo, nenes.

Pegó el pelotazo con un remake. Ostras, un remake. Qué mal. Y encima de Halloween, un clásico que jamás debería ser profanado, cual tumba de faraón. Bienvenidos al fabuloso mundo de la crisis creativa en Hollywood. Si algo funciona, se copia hasta el encefalograma plano.

Nuestros dicharacheros DJ´S. Todo es muy colorido al principio

Nuestros dicharacheros DJ´S. Todo es muy colorido al principio

Lo curioso es que Rob Zombie consiguió su mejor película hasta ese momento. Respetaba todos los puntos fuertes de la cinta de Carpenter, los llevaba a su terreno, daba mucha más consistencia a los trasfondos y personajes, y se marcaba un órdago de cuidado con una de las mejores películas “Slasher” desde el momento álgido del género en los 80.

Así que, en plena cúspide de su popularidad, hace uno de los calvos más definitivos que yo recuerde. Escribe y dirige la película de la que hoy hablo: The Lord Of Salem, el inesperado “F@#\ You” de Rob Zombie dedicado al mundo.

La línea marcada no estaba mal. Cine Mainstream pero con cierta calidad de factura, amor por el producto y aire fresco para el género, aunque en el fondo no es más que una repetición de patrones envuelta en un papel novedoso y brillante. Pero Zombie quería algo más. Quería su película, con total libertad, lo que implica una serie de sacrificios importantes. Pero en el fondo, a pesar de que la historia es más pequeña que otras veces, Zombie nos ofrece un nuevo paseo por el tenebrismo habitual de su visión de la cara más sórdida de la américa profunda.

Zombie renuncia a gran parte de la parafernalia efectista de anteriores películas, pero la reducción al mínimo de sus intenciones como cineasta le dan un empaque espectacular a su propuesta; se crea algo fundamental para que una historia como esta funcione en pantalla: un ambiente fantasmal y decadente que poco a poco nos absorbe de manera casi hipnótica, lo que nos hace cómplices y partícipes de la bajada a los infiernos de Heidi, la protagonista/víctima de una maldición centenaria.

True Norwegian Black Metal

True Norwegian Black Metal

Todo empieza el día en el que Heidi, una conocida locutora de radio, recibe en su emisora un extraño vinilo. Es un misterio quién envía el disco, identificado únicamente por el nombre de la banda, “The Lords”. La extraña música que contiene no es más que el inicio de un diabólico ritual que empezó años atrás, el día de los infames juicios de Salem. El día en el que las brujas maldijeron a las generaciones futuras de mujeres descendientes de sus asesinos.

El que quiera una lección de historia o una laboriosa elucubración acerca de la naturaleza de la brujería, se ha equivocado de sitio. Si venís con esas intenciones, alejaros de esta película y largaros a la sección New Age de cualquier librería. Esto es una historia de miedo clásica, lleno de brujas feas y malvadas, que celebran  aquelarres como un jubilado se monta partidas de petanca. Recupera la tradición de cuentos y fábulas, lo lleva a su terreno; construye una especie de neo gótico urbano que mezcla un contexto actual con paisajes y escenarios más propios del más elegante cuento de fantasmas del siglo XIX.

En lo cinematográfico, estoy más que sorprendido. Rob Zombie hace gala de unas influencias que nunca supuse que mostraría con tanta sobriedad, acostumbrado a su estilo mucho más directo y desmedido. En esta película sentimos la larga sombra de dos clásicos absolutos de la historia del cine de terror: “El Resplandor” de Kubrick y “La Semilla del Diablo” de Polanski. Sí, he escrito Kubrick y Rob Zombie en la misma frase y no me he producido un esguince mental, tan convencido estoy de lo que digo. La creación de ambientes y el descenso (literal) a los infiernos de Heidi nos retrotraen a esas dos películas clave para entender el género. Si el edificio Dakota era una presencia amenazadora con identidad propia en el clásico de Polanski, el más modesto edificio de apartamentos donde vive Heidi se transforma en un claustrofóbico portal a la locura. Los pasillos anodinos, espanto de oscuro feísmo, son una cárcel fantasmagórica en la que la protagonista se verá inmersa. Una ensoñación nebulosa y pesadillesca, rendida a su propia confusión.

Otra de símbolos sutiles: Una rubia sobre un macho cabrío. Olé!! símbolos sutiles: Una rubia sobre un macho cabrío. Olé!!

Cuando crees que ya lo has visto todo, Zombie decide que es hora de una nueva patada en el hocico del espectador, con los 20 minutos finales más alucinógenos que he visto en cine desde que salí de ver “Holy Motors”. Ambas películas no tienen nada que ver, claro, pero esa idea de ruptura con los conceptos más básicos de lenguaje visual produce el mismo efecto de emocionante viaje sensorial que la cinta de Carax (y que fue diseccionada con alegría por un servidor en esta misma página hace unos meses). Vamos, que me tiro un poco a la piscina, peor no voy desencaminado si digo que roza lo Lynchiano, gracias al aspecto onírico lleno de simbología adoptado por un Rob Zombie desconocido hasta la fecha.

Rob Zombie ha escrito y realizado su película más honesta. Aunque resulte irónico, esto no significa que sea la mejor que ha realizado. Creo que esas son Los renegados del diablo y Halloween. Pero lo que está claro es que su propuesta es arriesgada, valiente y rupturista con los que se esperaba de él si se tiene en cuenta su anterior carrera comercial. Una historia que se sostiene sobre algo que me atrevería a llamar intimismo, con pilares en una historia que no necesita más de cuatro personajes de no excesiva complejidad. Lo que nos cuenta, en el fondo, es simple, y si nos ponemos exigentes, no es más que un paseo por lugares comunes que hemos visitado mil veces. Pero ocurre en algunos viajes que la experiencia depende del guía, y en este caso, una propuesta que ha sido víctima de mil vueltas de tuerca, se torna si no novedosa, por lo menos emocionante. Cuando Zombie se ha despojado del maquillaje, nos ha regalado un vistazo a un director mucho más comedido e interesante, a pesar de los fallos de su película. A la colección de influencias anteriores (una mezcla enfermiza de monstruos de la Hammer, serie B, estética retro, el western italiano, y mil ingredientes a cada cual más insano), añadimos un toque de sobriedad, sin perder el norte, con muestras señaladas de esa cutrez intencionada marca de la casa. Sigue fiel a sí mismo, con sus dosis de violencia explosiva, su sexualidad de portada de playboy, la fealdad por bandera. Pero el ambiente que proporciona consistencia a la película huele a nuevo, vemos interesantes puntos de vista, añade un toque literario descendiente de toda una tradición de cuentos fantasmagóricos, e incluso si rebuscamos un poco, hasta alguno dirá que hay elementos Lovecraftianos (hay una criaturilla tentacular que da así como grima, y tal).

Sorprendente. Por primera vez en mucho tiempo puedo decir que una película de terror me ha gustado, me ha tenido enfrente de la pantalla hasta el final, a pesar de su simpleza en todos sus sentidos. Quizá por eso, se ha deshecho de todas las capas de efectismo para darnos un producto crudo, que es representación visual de la idea de cine que tiene el autor, por encima de toda la maquinaria hollywoodiense habitual.

Vengo del futuro a traerte esta nueva lejía ya decirte que estáis jodidos

Vengo del futuro a traerte esta nueva lejía y a decirte que estáis jodidos

No os equivoquéis, Zombie no es ni Kubrick ni Polanski, a pesar de que los he nombrado como influencia. Está muy lejos de ese nivel, es un narrador mucho más inconsistente, la simbología que usa es poco sutil y no renuncia a sus señas de identidad por una intelectualidad que sería autocomplaciente en exceso. No es una película para un público masivo, otra de las renuncias de Zombie; no esperaba un éxito comercial a la altura de sus “Halloween”, consciente de su extraña propuesta. Es más, en España la distribución ha sido nefasta y tardía, resultado en un estreno escandaloso por escaso.

Los que os acerquéis a “Lords of Salem” os encontrareis algo distinto, atractivo y perturbador. Una experiencia que se aleja de manera radical del cine de terror actual, incluso del cine del propio Rob Zombie. Si esto es lo que el autor nos tiene preparado para el futuro, que cuente conmigo. A lo mejor, el cine de género encuentra un extraño salvador en la figura de nuestro excéntrico rockero.

 

Twitter: @SantiagoNeg

Una cruz de neón rojo... sutil que es mi colega Rob

Una cruz de neón rojo... sutil que es mi colega Rob