Publicado el 27 de Mayo del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
Fatale: La muerte me persigue.

 

Bueno, so frikis, aquí está lo nuevo de uno de los equipos creativos más laureados del cómic USA actual. El retorno de Ed Brubaker y Sean Philips a los derroteros a los que acostumbran, donde más alegrías han encontrado: los callejones oscuros, las intrigas, los secretos, los personajes ambiguos de pasados turbulentos, toda la parafernalia propia de la serie negra pura y dura.

Madre mía, nena, la que has "liao"

Madre mía, nena, la que has "liao"

No entraré mucho en cuestiones biográficas, ya que si estáis un poco puestos en cómic yanqui el nombre de Brubaker es de sobra conocido. Se ha curtido en algunas de las colecciones míticas del mercado. Dejó su impronta en Batman, ya que encontró en Detective Comics el escenario perfecto para un personaje que en esencia es el detective definitivo. Se convirtió en toda una referencia después del necesario lavado de cara al que sometió al Capitán América, en una de las etapas más recordadas de la era moderna del personaje. Durante años ha estado al frente de la cabecera del héroe de las barras y estrellas, y su nombre está unido inequívocamente al de la colección que le dio el respeto de la crítica y el público.

Pero aparte de sus devaneos con el cómic mainstream, Brubaker siempre ha permanecido fiel a cierto espíritu independiente, aspirando a un control de la propia obra que nunca encontraría en las grandes editoriales. Esto ha sido motivo de aventuras artísticas que le han llevado a que sus historias sea sinónimo de calidad y buenas tramas de serie negra, el trasfondo donde el guionista americano se siente más cómodo e inspirado. De esta faceta han surgido dos de sus obras más laureadas y reconocidas, “Criminal” e “Incógnito”, acompañado por los lápices de su compinche habitual, el dibujante británico Sean Phillips.

De esta colaboración surge una nueva criatura, el cómic del que hoy hablamos, en el que Brubaker bucea de nuevo por las turbulentas aguas de la serie negra de manual, de ambiente clásico y cinematográfico. Lleno de personajes que no son lo que parecen, pasados llenos de misterio, decadencia urbana, corrupción policial y política, y una mujer, chavales, que eso no puede faltar en una historia tan clásica como la que tenemos entre manos. De ahí el título, “Fatale”, sustentada sobre la idea clásica de mujer fatal, siempre con problemas, que decían los Burning. En ese eterno femenino está el pilar central de esta narración, aunque nuestra protagonista está muy lejos de la típica Vamp de cine en blanco y negro. Es una víctima más de un plan mucho más grande; a diferencia de la manipuladora sin remordimientos de las películas del Hollywood dorado, Jo, nuestra chica, no utiliza a la gente para la sublimación de oscuros deseos de venganza o poder. Es una superviviente, no desea otra cosa que permanecer lo más invisible que puede ante la mirada constante de fuerzas mucho más poderosas y terribles que ella misma.

Los chistes con esta viñeta son tan evidentes que paso de hacerlos. En fin, con todos ustedes, los malos

Los chistes con esta viñeta son tan evidentes que paso de hacerlos. En fin, con todos ustedes, los malos

La historia comienza un día lluvioso, uno de los homenajes de Brubaker a los ambientes más reconocibles del género. Nicolas Lash entierra a su padrino. Por la escasa cantidad de presentes, deducimos que era un tipo esquivo, lacónico, poco dado a actividades sociales. Durante la ceremonia, conoce a Jo, una atractiva mujer que afirma ser la nieta de un antiguo amor del difunto. Ese encuentro será el punto de partida de una historia en la que Nick descubrirá el pasado de Dominic Raines o el de su propio padre, y el de la extraña mujer de la que Jo afirma ser nieta. Un pasado en el que cada pregunta resuelta conduce a un nuevo misterio, y se juegan con fuerzas tan poderosas que, literalmente, los personajes tendrán que luchar por sus almas.

Brubaker juega con fluidez con dos líneas temporales bien distintas, la actualidad del joven Nicolas, y el pasado de los años 50 donde se desarrolla la otra parte de la propuesta narrativa del guionista. Es en esta última donde el autor se siente más cómodo, me da la impresión, puesto que es en el ambiente propio de las películas más reconocibles de la serie negra el contexto ideal para que Brubaker se desate y muestre sus mejores cartas. En el fondo, Brubaker hace malabares con los clichés del género, así que los que disfrutáis con este tipo de narraciones de olor a tabaco y tabernas de escasa reputación, os lo pasaréis en grande. Pero a mí Brubaker me gusta lo justo. Conoce de sobra el género por el que se mueve, pero me temo  que tampoco usa los tópicos a su favor, únicamente se deja llevar por los caminos ya conocidos del género: voces en off como recurso narrativo; la ambigüedad, punto de apoyo de sus personajes, llenos de claroscuros morales, y el misterio que no acaba de resolverse, gancho ideal que nos sumerge en la historia. La novedad principal que nos ofrece “Fatale” es el elemento sobrenatural. A la narración clásica de género, el guionista americano introduce el mundo de las sectas, los símbolos arcanos, los cuchillos piezas para rituales de terribles intenciones, los libros llenos de secretos innombrables, los hechizos de sangre… toda la munición propia de los cuentos de Lovecraft, que es, sin duda, una de las grandes inspiraciones de este oscuro juego de confusiones, donde nada ni nadie es lo que parece.

En este primer arco argumental, Brubaker sitúa las piezas en su ajedrez particular, con solidez y elegancia. Ritmo pausado, toma su tiempo para que el ambiente desgarrado donde se mueven los personajes nos atrape y quedemos enganchados al desarrollo de los devaneos místicos de los protagonistas. Los estallidos de violencia son escasos pero rotundos; cuando se dispara, la sangre salpica las paredes.

Vale, nena, pides tú, pero a mí el pulpo me da ardor de estómago

Vale, nena, pides tú, pero a mí el pulpo me da ardor de estómago

Mención especial al dibujo de Sean Phillips, encargado de la parte gráfica de la obra, perfectamente adecuada al estilo narrativo de Brubaker. La base literaria es suficiente para que el autor se centre en su propio dibujo y no en llenar los huecos de un escritor poco hábil con recursos visuales recargados que estropeen la experiencia de lectura. Cinematográfico, grandísimo constructor de ambientes, de trazo duro, sombrío, pero elegantemente europeo. Oleremos el Whisky barato, el sexo furtivo y culpable en habitaciones de hotel que podrían contar mil historias de traición, las balas silbarán en nuestros oídos, todo gracias a la habilidad de Phillips para la descripción del aspecto más turbio del ser humano en sus dibujos.

Si buscáis un cómic diferente, alejado de la caterva habitual de tipos en mallas, escrito con solidez y con un dibujo sobresaliente por efectivo y simple (y en este caso simple es un alago, no os confundáis), Fatale es lo que necesitáis. Además, si a la ecuación añadimos elementos lovecraftianos que aportan un extra de sordidez malévola y húmeda a la ecuación, creo que os esperan un par de horas de diversión malsana.

Twitter: @SantiagoNeg