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Publicado el 10 de junio del 2013 por Capitan_Melenas en AniManga
[RETROCRÍTICAS]: Ghost in the Shell (Y pequeño viaje por el Cyberpunk, parte 2)

 

Nueva parada en nuestro viaje a través del género Cyberpunk en el país del sol naciente. Empezamos con la anterior retrocrítica, que nos llevó a uno de los más extraños e hipnóticos episodios que nos ha dado esta corriente, Tetsuo: The iron man. Una pesadilla en blanco y negro que se convirtió en uno de los referentes cuando hablamos de este tipo de historias, entre la ciencia ficción especulativa y el tecno horror. Hoy, pillamos la máquina del tiempo y nos vamos de cabeza a mediados de los 90, cuando se estrenaba una de esas películas que ponían en jaque la hegemonía americana en el cine de animación.

Say hello to my little friend!!

Say hello to my little friend!!

Japón era el lugar ideal para que la corriente cyberpunk enraizara de manera natural, gracias a la identidad propia de la sociedad nipona. Esa extraña mezcla entre tradición milenaria y tecnología punta, alimentó durante años la imagen de un tejido empresarial que rozaba el sectarismo, implacable y exigente, con una fuerte presencia de grupos mafiosos llenos de tatuados y elegantes matones de la yakuza. Esa iconografía tan literaria se hizo poderosa en el imaginario del género Cyberpunk, e incluso en sus encarnaciones occidentales, las megacorporaciones japonesas tienen una fuerte presencia. En los libros de William Gibson hay una idea bastante marcada de hegemonía empresarial nipona en un mundo globalizado hasta la obscenidad, y en la retina de todos están los anuncios de Geishas en pantallas gigantescas que sobrevuelan la ciudad en Blade Runner. Incluso el bueno de Robocop se partía la cara con un cyborg ninja en la tercera parte de sus correrías en pos de la ley y el orden (una película que se mueve entre lo malo y lo peor, todo hay que decirlo), una vez la OCP es comprada por la corporación japonesa caníbal de turno. Hay excelentes películas que muestran el tradicional choque oriente-occidente, algunas incluso que rozan el género del que hoy hablamos. Hay una que me gusta especialmente y que ha caído en el olvido llamada “Black Rain”, un thriller policíaco protagonizado por Michael Douglas (el mismo que dice que tiene cáncer por “comer marisco”) y Andy García, enfrentados a un Yakuza salido de madre en los bajos fondos de Tokyo. Ridley Soctt nos ofrecía una cinta menor dentro de su filmografía, pero que recordaba a la estética decadente que había trabajado en su obra maestra (sí, otra vez) Blade Runner.

Pero acerquémonos a la producción netamente japonesa. Los occidentales se lo habíamos puesto fácil con la icónica representación del futuro sombrío en nuestra producción fílmica y literaria, así que los nipones unicamente tuvieron que apropiarse de una propuesta que, en esencia, les pertenecía por mimesis cultural. Si bien el manga siempre se había nutrido de historias de ciencia ficción, hay un autor que puso el género a la altura de las circunstancias históricas: Shirow Masamune, uno de los grandes nombres del manga de finales de los 80. De hecho, en España fue de los primeros  que conocimos a una escala propia de estrella. Puede que, junto con Akira Toriyama, fuese el mangaka más conocido por aquella generación de chavales que nos acercábamos a la cultura manga por primera vez, gracias a que las editoriales empezaban a publicar más o menos en serio lo que se cocía en USA y a que la empresa Manga vídeo distribuía doblado al español lo más granado del anime. Uno de esos primeros OVA´S que pudimos disfrutar fue la adaptación animada de “Tank Police”, de las más populares creaciones del bueno de Shirow. En esa época de turbulenta adolescencia, el streptease de Annapuma y Unipuma quedó grabado a fuego en nuestras hormonas desbocadas. Los treintañeros del lugar sabrán de lo que estoy hablando. Venga, ya dejo el modo abuelo cebolleta.

Ahí va Trinity... digo, la prota de Ghost in the shell

Ahí va Trinity… digo, la prota de Ghost in the shell

Entrábamos de lleno, gracias a esas distribuidoras que se tiraban a la piscina, en un mundo nuevo que nos alejaba de los tradicionales cómics que habíamos leído, mezcla de superhéroes, Mortadelos y Blueberrys. Nos metíamos de cabeza en una nueva dimensión creativa, donde se reescribían géneros y se marcaba tendencia. En esa época de luces, brillaba con luz propia Akira, de la que daré buena cuenta próximamente. La película que lo cambió todo para el cine de animación japonés.

Ghost in the shell era su alumna aventajada.

Como digo, Shirow gozó de una tremenda popularidad entre finales de los 80 y principios de los 90.

Sus creaciones eran una mezcla explosiva de temática de ciencia ficción, acción a raudales, personajes muy carismáticos, situaciones absurdas y mucho sentido del humor (y sí, venga, vale, voy a decirlo: una habilidad escalofriante para dibujar señoritas y cierta tendencia al tíabuenismo, que resultaba en una constante erótica entre lo contenido y lo desbocado). Pero tenía, en mi opinión, un problema serio de habilidad narrativa. Sus historias eran un batiburrillo de ideas que, en algún momento, parecían tener conexión y coherencia. Costaba unir los puntos, y en muchas ocasiones te veías obligado a obviar ciertos aspectos de la historia para simplificar la lectura. Los subtextos, explicaciones y aclaraciones parecían tener la misión contraria que se le supone a esa clase de herramientas. Su corpus filosófico se perdía entre una exageración sin filtro de conocimientos enciclopédicos sobre tecnología, filosofía, religión, tradiciones orientales… el tío parecía un Alan Moore a la japonesa, pero con mucha menos contención y arrastrado por un enfermizo humor que le hacía perder el sentido de la oportunidad. Su imaginación era una catarata, en todos los sentidos, incluso los más destructivos. A pesar de eso, la lectura de las obras de Shirow eran toda una experiencia; agradecida y estimulante, aún con sus idas de olla. Su obra más reconocida es “The Ghost in the shell”, así que era obvio que un manga de esa magnitud, tarde o temprano habría de adaptarse a su versión animada. Por fin llegamos a nuestra película, después de este pequeño recorrido por los tejemanejes del género Cyberpunk, parte2.

 

Básicamente, lo que hizo Mamoru Oshii fue una reinvención de la propuesta de Shirow, para que la historia se despojase de toda la paja extra y quedase algo mucho más crudo, efectivo y directo. Queda fuera toda la parafernalia excesiva y barroca del Shirow más desatado; el sentido del humor algo extraño (alguna vez, hasta infantil) del mangaka es eliminado de la ecuación, así que en lugar del espectáculo barroco y algo confuso por su palabrería rebuscada hasta lo absurdo, tenemos un sobrio Thriller futurista, preocupado en el fondo y la forma, consciente de la idea que da sentido a sus cimientos narrativos y cómo te contará esa historia llena de matices.

Es una película que entiende su esencia dentro de un género a esas alturas perfectamente conformado, con unas señas de identidad reconocibles, de las que Ghost in the shell es un excelente compendio. El entorno urbano, imprescindible en el cyberpunk, se convierte en algo más que un mero escenario donde se desarrolla la acción. Es una entidad de presencia amenazadora, un horror agorafóbico de metal y neón, un luminoso envoltorio que esconde la peor cara del ser humano, ambicioso, cínico, enajenado por los juegos de poder. Al fin y al cabo, esa es la premisa con la que juega Ghost in the shell, la eterna pregunta que ha sustentado tantas página de la ciencia ficción ¿Qué es “ser”? ¿ Cómo definimos la existencia? ¿Cómo se definen desde cero conceptos que se han quedado obsoletos, incluso desde el punto de vista biológico? ¿Qué es esa chispa interna, que unos llaman alma, que nos da nuestra esencia humana? El “yo” se dibuja con nuevos colores cromados. Identidad es un lujo en un mundo donde el límite entre el ser humano y la máquina es una fina niebla compuesta por mil preguntas que llevan atenazando el pensamiento de hombres y mujeres desde que el relato fantástico es tal; desde el “Frankenstein” de Mary Shelley a las pesadillas post apocalípticas de Terminator 2.

Que pifia, copón!!! Ahora no sé si ir a urgencias o a un taller

Que pifia, copón!!! Ahora no sé si ir a urgencias o a un taller

Es una película con un lenguaje visual complejo, poético, que dice más a base de silencios que con cháchara explicativa inútil, falsamente intelectual, evitando esa complacencia de la superioridad absurda que convierte ciertas experiencias de ciencia ficción en un viaje para iniciados. Ghost in the shell es una historia que se entiende sin necesidad de ser ingeniero informático, que maneja conceptos elevados de una manera dinámica; marca un ritmo perfecto entre la pausa trascendente y el atronador sonido de las ametralladoras. Los personajes parecen extraídos de cualquier novela negra clásica, pero adaptados a la locura cibernética que se ha convertido en cotidiana, gracias a implantes y mejoras. La red de redes que Willian Gibson soñaba en su “Neuromante” se hace imagen, una ráfaga de verde metalizado directa en el cerebro. No hay texto de más, las conversaciones son escasas pero llenas de significado. A pesar de su carácter de película de animación, hay momentos en los que la protagonista se expresa de manera más locuaz con sus silencios mientras observa la ciudad, que con cualquier tipo de cháchara mal enfocada.

El sonido es otro de los puntos fuertes de la película, armada con una banda sonora que se abre hueco hasta el cerebro. Produce una extraña sensación de inquietud hipnótica, un paseo sonoro por el que camina la violenta belleza que se esconde detrás de la frialdad del acero, de los cerebros artificiales, de las cáscaras vacías que pretenden ser humanos.

Es el contraste uno de los puntos fuertes narrativos de la película. Las inteligencias artificiales luchan por el hecho de que se reconozca su existencia como ente individual responsable de sus acciones; los Cyborg dudan de su propia esencia humana, anulados por la enorme cantidad de mejoras artificiales que sus cuerpos manipulados utilizan para superar al común de los mortales. Los seres humanos tradicionales siguen en sus juegos habituales de poder y traición. El mundo empresarial y político es presentado, en la manera habitual de esta clase de historias, como un enjambre de podredumbre y corrupción, en el que se manejan intereses que muy poco tienen que ver con el respeto por la vida, humana o de cualquier clase. En medio de esa confusión de identidades, es cuando la IA rebelde, escondida de sus propios creadores, decide dar un puñetazo virtual sobre la mesa y declara su independencia, Inicio del conflicto sobre el que gira la acción de esta obra maestra de la ciencia ficción.

Ghost in the shell significó un pequeño gran hito en la historia de la animación. Junto con Akira, puso en apuros a los grandes estudios americanos, contra las cuerdas ante la diferencia abismal entre sus producciones, que empezaban a quedar desfasadas en todos los sentidos, y las propuestas traídas por los estudios japoneses bajo el brazo. Una animación de calidad, pero condimentada con historias trascendentes y adultas, con equilibrios perfectos de acción y parafernalia filosófica, que sometían a juicio las veleidades futuras de nuestra sociedad, abocada al ostracismo alienado. Algo que en el mundo occidental es campo vedado a la animación, orientada al público infantil, y con unas ideas alejadas de toda crítica elaborada a ideologías concretas.

Con el tiempo, incluso el cine de imagen real mostraría influencias de esta película. Mirad Matrix. Decidme que el 70% de las escenas de acción que protagoniza Trinity no tienen un referente claro en esta película. Es más, decidme que ese personaje no tiene nada que ver con Kusanagi, la protagonista de esta película, un personaje atribulado, hosco, taciturno y aterrorizada por sus propios fantasmas. Si Los Invisibles de Grant Morrison son el gran referente argumental de Matrix, Ghost in the shell es, me temo, la influencia más definitiva de los Wachowsky al definir su estética (Ains, los Wachowsky, entre el cariñoso homenaje, el batiburrillo y el plagio… así son ellos).

Es que soy así de taciturna, chicos. Queredme igual

Es que soy así de taciturna, chicos. Queredme igual

 

Con el tiempo, me alejé del manga. Me daba la impresión de que, de repente, todo era una copia de todo, que los autores estaban más ocupados pensando en el muñeco o videojuego de turno basado en su serie, la calidad se reducía a un pequeño puñado de mangas. Aparecerían cosas vacías llenas de efectismo, tendencia llevada al paroxismo con esa nadería endiosada hasta el aburrimiento que fue “Death Note” (Aquí, el Capi, haciendo amigos, como siempre). Reconozco que he leído cosas que me han gustado, como “Monster”, que me parece lo mejor que se ha editado en Japón en los últimos 15 años, o Billy Bat. Pero, opino (y no es más que eso, una opinión), que no se escribirá otra obra maestra como Adolf, de Tezuka, o se producirá una película con la trascendencia de Ghost in the shell. Pero eso es lo que pienso yo, claro. Los lectores habituales de este tipo de expresión artística tienen una visión mucho más amplia y argumentada que la mía, un tipo que se bajó del barco casi cuando comenzaba a zarpar.

Aun así, los clásicos son los clásicos, porque están por encima de las limitaciones del género o el estilo. Y Ghost in the shell lo está. Por eso es bueno que hablemos de ella, tanto tiempo después.

Y de postre, una foto innecesaria de las hermanas Puma de Tank Police.

Y de postre, una foto innecesaria de las hermanas Puma de Tank Police.

 

Twitter: @SantiagoNeg