Publicado el 24 de Junio del 2013 por Germánico en Libros
Hablemos de Libros: Battle Royale.

4.8/5

Corría el año 2004, quizá el 2005, cuando por descuido llegó a mis manos un dvd con un título escrito en él que a mí, personalmente, no me sonaba a nada. Recuerdo aquella tarde de domingo, sin mucho que hacer, en la que tanto mi hermana como yo nos repantigábamos en el sofá de casas pensando qué podríamos hacer, qué película ver. Y aquél título salió en la conversación.

Battle Royale.

Ninguno de los dos sabíamos a qué nos enfrentábamos entonces, ninguno de los dos sabíamos (ni llegamos a pensarlo en ningún momento) que nos encontrábamos frente a un film japonés dirigido por Kinji Fukasaku que se convertiría en una película de culto. Tras dos horas de visionado, cuando los créditos finales recorrían la pantalla del televisor nos miramos, ojipláticos, con un Madremíadelamorhermoso escrito en nuestros dulces y tiernos rostros. Nos declaramos fans de semejante película (aunque a partir de entonces nos teníamos miedo cada vez que estábamos alguno de nosotros con un cuchillo en la mano… nah, es broma. Sólo nos asustábamos cuando nos disparábamos con nuestras AK-47)

Pasaron los años y no volví a pensar en esta película hasta que se estrenó en los cines los Juegos del Hambre, que nada más verla dije: si los protagonistas fueran japoneses, esta peli tendría otro título (no puedo hablar de los libros, porque no los he leído). Pero fue entonces cuando “descubrí” que Battle Royale, aquella película que tanto disfruté, se basaba también en un libro homónimo escrito por Koushun Takami en el 99… Y lo busqué. Pero no lo encontré (tampoco pregunté por él en inglés, qué se le va a hacer).

Así pues, cuando la editorial Planeta, de mano de su sello Booket, anunció que a mediados de Mayo tendríamos a nuestra disposición una edición en castellano de ese libro me emocioné. Y por supuesto, lo compré.

Apenas hace una semana que terminé con sus 683 páginas. Tras limpiarme la sangre que me ha salpicado la ropa, limpiar mis botas de restos de globos oculares y restos de cerebro y escuchando el mítico tema de Born to Run de Springsteen, me dispongo a escribiros una reseña, frikis míos.

Todo está permitido para sobrevivir.

Empieza el Juego.

Empieza BATTLE ROYALE.

La República del Gran Oriente Asiático es un estado totalitario y controlador que promueve la individualidad, la obediencia y que controla todo lo que la mano de hierro del Dictador abarca. Quien protesta, quien no está de acuerdo con los dictámenes del Gobierno o quien escucha rock (música decadente y anti-nacionalista) es llevado a una centro de reclusión para ser reeducado, o simplemente desaparece del mapa. Visto y no visto.

En ese mundo los jóvenes japoneses crecen cada uno a su manera, con sus deseos y sus temores. Saben que pueden llegar a ser parte del Programa, pero viven sus vidas sabiendo que es bastante improbable estadísticamente y prefieren no pensar en ello.

Pero, ¿qué es el Programa? Bueno, os lo explicaré citando, textualmente, la Enciclopedia Manual de la República del Gran Oriente Asiático:

Programa. n. m. 1. Un listado con el orden de actividades y otras informaciones relativas […] 4. Un programa de simulación bélica establecido y dirigido por nuestras fuerzas armadas, instituido por razones de seguridad. Oficialmente tiene el nombre de Programa de  experimentación
Bélica núm. 68. El primer programa se desarrolló en 1947. Cincuenta clases de tercer año de instituto son seleccionadas anualmente (antes de 1950 se seleccionaba a cuarenta y siete) para desarrollar el Programa con propósitos científi cos. Los alumnos de cada promoción están obligados a luchar unos contra otros hasta que solo quede un superviviente. Los resultados de este experimento, incluido el tiempo invertido, se consignan debidamente. Al superviviente final de cada promoción  (el ganador) se le concede una pensión vitalicia y una tarjeta autografiada por el Gran Dictador. Como respuesta a las protestas y algaradas causadas por los extremistas durante el primer año de esta institución, el 317.º Gran Dictador pronunció su famoso «discurso de Abril»

Esta historia comienza cuando la clase B del Tercer Curso del Instituto de Shirowa es seleccionado para ser parte del Programa.

Los alumnos elegidos son transportados a una isla donde un hombre, el instructor del Programa de nombre Sakamochi, les informará de las reglas y les darán una bolsa con provisiones y armamento (desde una ametralladora hasta un tenedor). ¿Y qué reglas son esas? Unas muy sencillas: si intentan escapar morirán; si no hay muertos en 24 horas, morirán; no pueden contactar con el exterior y, la más importante de todas, sólo puede quedar uno.

A partir de ahí, la historia se reducirá a 42 estudiantes que lucharán por sobrevivir. Y hasta ahí puedo leer.

Delicia sanguinolenta, exquisitez violentamente perturbadora e inquietante, novelaza  que poco tiene que ver con la película (sí a grandes rasgos, por supuesto, pero la historia de Takami es mucho más compleja, más rotunda y perfecta). Estas palabras, junto con junto a brutalidad asesina, engaños, desconfianza y amor más allá de la carne o de las vísceras, son las que vienen a mi delicado cerebro.

Takami nos presenta un elenco bastante extenso de personajes que incluye prácticamente cada uno de los arquetipos: el prota guaperas (Shuya Nanahara), la chica delicada que va con el prota (Noriko Nakagawa), el enigmático (Shogo Kawada), el revolucionario con un plan (Shinji Mimura), la líder del grupo de chicas (Yukie Usumi), la hija de puta (Mitsuko Souma), el enamorado zen (Hiroki Sugimura), el asesino sin sentimientos (Kazuo Kiriyama) y un compendio de miedicas, valientes, frikis, desequilibrados mentales y salidos. No, no se deja a ninguno en el tintero, y a todos parece rellenarlos como pavos el Día de Acción de Gracias, pero de ingentes cantidades de violencia y sangre.

Durante las más de 650 páginas nos sentiremos como si estuviéramos viendo un capítulo de 1000 Maneras de Morir, incluso de vez en cuando algún trozo de carne, viscoso y purulento, nos dará de lleno en la cara, pues tal es el realismo de las descripciones, bastante ajustadas.

Takami emplea frases sencillas, va directo al grano y se olvida de la paja. Recorremos la isla e iremos sabiendo no sólo de los protagonistas del libro, sino de todos los estudiantes; estaremos presentes en prácticamente todos y cada uno de los asesinatos perpetrados (ya sea queriendo o sin querer), veremos todos y cada uno de los cadáveres putrefactos ante nuestros ojos, oleremos a sangre hasta pasadas varias horas. Su lectura es rápida pese a la extensión, con lo que cuando nos ponemos a ello podemos acabar con 100 páginas de un plumazo sin tan siquiera haberlo querido.

Lo mejor: tenemos mapita de la isla, un listado de nombres de los estudiantes (hasta me dieron ganas de ir tachando los nombres de los que iban cayendo) y que al finalizar cada capítulo nos encontramos con una frase que bien parece una sentencia de muerte: Quedan X estudiantes. Acojona.

Lo peor viene de la mano de la edición. Supongo que se debe a que es una primera edición, pero de vez en cuando encontramos alguna que otra errata. Al no ser que seáis demasiado quisquillosos, esas pequeñas erratas (aunque un poco molestas) pasan casi desapercibidas: ¿quién se fijará en un verbo mal colocado cuando una dulce muchachita arranca los ojos de cuajo de un machito chulesco y engreído? ¿Quién puede percatarse de la falta de una palabra cuando le están rebanando el gaznate a un chico adorable que hasta te caía bien?

Recomendadísimo, esa es mi conclusión. Salvo que a la hora de haceros vuestra hoja de personaje escogierais como desventaja blando de corazón o que la violencia en un estado máximo de esplendor visceral os asquee en demasía. Entonces mejor no la leáis y cojáis algo más “light”.

Y recordad:

SÓLO 1 PUEDE SOBREVIVIR.