Publicado el 10 de Julio del 2013 por Capitan_Melenas en Cine
Stoker: Siniestra Brillantez

Director de culto de origen coreano da el paso y perpetra su primera película en suelo americano. Ejem.

La historia de India en cajas de zapatos

La historia de India en cajas de zapatos

¡Que salten todas las alarmas! !El horror, el horror!

Que no cunda el pánico, amigos, tenía que pasar. De hecho, el cine coreano se encuentra en un momento dulce, y ya tenemos más de un director referencia en nuestra mira cinéfila. Hace un par de años, disfrutamos de la brutal “I saw the devil” (dirigida por Kim Ji Woon), salvaje demostración de delirios visuales varios con un toque de premeditado absurdo. No somos pocos los que disfrutamos de las extrañas fantasías llenas de belleza casi pictórica imaginadas por Kim Ki Duk (Si no habéis visto La Isla, ya tenéis deberes, niños y niñas). Es más, hace unos años tuvieron su propio pelotazo internacional con aquella peli de monstruo llamada “The Host”, que obtuvo críticas de lo más dispares (yo fui del grupo “esta cosa mola, chavales”, y me mantengo en mis trece). Pero si hay un director Coreano que realmente ha llamado la atención del público ha sido nuestro protagonista de hoy, Chan-Wook Park, uno de los cineastas más personales que hay ahora mismo detrás de una cámara. Por el nombre, a lo mejor, no tenéis muy claro quién es este tipo, así que diré el nombre de una de sus películas, así, al azar, de manera inocente (sí, ya, claro)… “Old Boy”. Ahora sí,¿Verdad?

Homenaje inconsciente a "Cómo conocí a vuestra madre"

Homenaje inconsciente a "Cómo conocí a vuestra madre"

Precisamente con ese film, Park llamó la atención de un aficionado americano, que responde al nombre de Steven Spielberg (éste os suena más, creo), y que rápidamente se hizo con los derechos del pelotazo sur coreano. Es más, el remake está en camino, y lo dirige nada más y nada menos que el inefable Spike Lee (un tipo muy bocas y muy irregular, pero que es capaz de dirigir maravillas como “La última noche”) y protagonizada por Josh Brolin (que da igual lo que haga en su vida, siempre será Brand de los Goonies en nuestros corazones).

Total, que estaba claro que el propio Park daría el salto, tarde o temprano, a pastos más verdes. Ya ha cerrado su trilogía de la venganza con la magnífica “Simpatía por Miss Venganza”, la que para mí es su mejor película. Ha jugado con todos los géneros desde su peculiar punto de vista: La comedia romántica y la ciencia ficción en “Soy un Cyborg”, o el acercamiento al cine de terror y al mito del vampiro con la curiosa “Thirst”. Todas películas con elementos comunes, un cuidado especial en la puesta en escena y un gusto exquisito por el realismo mágico. La historia es…¿Cómo ha aguantado el paso a las producciones americanas? ¿A qué ha renunciado a nivel estético para acomodarse a los cánones occidentales?

Pues para una respuesta clara, pasemos con rapidez a un vistazo a su nueva película, “Stoker”. Primero, un poco de sinopsis.

La familia Stoker sufre un duro golpe cuando el cabeza de familia muere en un terrible accidente de coche. La relación de India, una complicada adolescente, y su aristocrática madre, se hace pedazos cuando desaparece el único nexo en común que compartían. Pero, el mismo día del funeral, reaparece el misterioso tío Charlie, hermano del fallecido. Seductor, encantador y misterioso, decide pasar un tiempo con India y su madre. Con el paso de los días, la tensión sexual da paso a un siniestro triángulo amoroso, donde India descubrirá que tiene muchas cosas en común con el sorprendente recién llegado.

está la adolescencia difícil y luego lo mío

está la adolescencia difícil y luego lo mío

Park desata su magia en un drama familiar conjugado con géneros como el thriller, la angustia adolescente, migajas de cine de terror y una pizquita de erotismo. Como siempre, el director coreano se desmarca como un gran creador de ambientes. En el caso de esta película, la tensión dentro de la casa se araña, el desencuentro entre los personajes llena cada habitación de la casa familiar de un extraño amor/odio que sutenta su punto de apoyo en la presencia del recuerdo del padre muerto. Con un par de pases, entendemos a la perfección el bagaje previo de India y su madre, distanciadas por un muro infranqueable en la relación con el muerto. Un entregado padre, aunque esa entrega es en parte amor, parte miedo, como iremos descubriendo con la película. Park nos encierra en la casa, apenas hay otros escenarios. Con una movilidad excepcional, el director nos convence de que el espacio es un personaje más. Pocas veces he visto un director con tal cantidad de recursos visuales, usados de manera tan inteligente. Un autor que sabe que ritmo necesita cada escena, que maneja con maestría los momentos de tranquilidad, con otros en los que el movimiento es protagonista. Nunca pierder el referente estético, todo está imbuido de la poesía habitual de Park. Las transiciones entre imágenes son de una belleza estudiada y efectiva, las puertas que se abren y cierran son símbolos simples pero claros, tanto en el fondo como en la forma. Las escaleras son un juego para el director, que las usa para casi los diálogos más trascendentales entre India y Charlie. Escalones, que al principio separan, luego sirven para un pulso de poder.

El triángulo perpetrado por los miembros de la familia Stoker se torna en enfermizo cuando más aprendemos de Charlie y de India. La madre, interpretada por Nikole Kidman, acomodada en su seductora madurez, elegantemente inestable, no es más que una víctima en manos de dos personajes límite. India se enfrenta a su paso a la madurez de manera radical, no hay marcha atrás en el camino que escoge con libertad, consciente de quién es, de qué ha huido desde niña.

La tensión erótica es palpable, sin ser vulgar. Pocas veces veréis un símil del coito tan elegante y al mismo tiempo tan evidente como el duelo a piano que se marcan el tío Charlie e India (Interpretada por Mia Wasikowska, la última Alicia que se ha paseado por el país de las maravillas).

Todo en esta película está mimado hasta el detalle. Cada plano, cada enfoque, cada posición de cámara, el uso perfecto de la iluminación, es producto del trabajo de un director con un mundo visual tan rico y cuidado como el de Park. Entre esos detalles que forman un todo majestuoso, está la banda sonora, que se transforma con la película. Del melodioso piano a la estridencia final, el sonido nos acompaña en el viaje interior de India hasta su eclosión final.

Hasta peinándonos damos chunguez, oye

Hasta peinándonos damos chunguez, oye

Una fábula sobre eso tan complicado de hacerse mayor, sobre las responsabilidad, sobre la familia, sobre el perdón y el amor. Sobre todo, un terrible cuento acerca de la naturaleza del mal, si es algo que se aprende, o, por el contrario, forma parte de nuestra esencia, nos define, y en cierto modo, nos libera de ataduras a cambio de convertirnos en mosntruos.

Park consigue una muy buena película, a pesar de que es su historia más simple. No es un mal guión, aunque otro director menos hábil no hubiese sacado el jugo más allá de un dramón de sábado por la tarde. El director coreano hace de la economía narrativa su arma, y se centra en el fabuloso espectáculo visual que nos regala plano a plano. Una historia que comienza en el plano final, una narración circular que nos lleva al punto de partida, donde entendemos al fin las palabras iniciales de India. Una historia para los detalles, los silencios, todo aquello que no se dice, más que artificios narrativos que una película como la que nos ocupa no necesita.

Así que tranquilos. El paso de Park al cine americano no ha sido un cambio notable de directrices e intenciones. Manda el artista, continúa su estética de morbosa ensoñación, sus personajes al borde del precipicio. Otro momento de su carrera que, tiempo al tiempo, será considerado de culto.

@SantiagoNeg