Publicado el 12 de Julio del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
Ecos: El miedo vive al lado

Brian Cohn está enfrente de su padre moribundo. Ha llegado la hora de pasar página, después de una difícil relación que culmina con el momento de catarsis en el perdón. Pero no podía ser tan sencillo. Segundos antes de morir, el padre de Brian, enfermo de alzheimer, confiesa ante su hijo una vida de atrocidades. Era un asesino en serie. Brian se adentra así en una pesadilla interior, en el que pondrá en duda la capacidad de control sobre su esquizofrenia y sobre su propia vida.

La terrible sensación antes de dar el paso definitivo

La terrible sensación antes de dar el paso definitivo

 Joshua Hale Fialkov ha llegado para meteros el miedo en el cuerpo. A algunos ni siquiera os suena el nombre de este tipo. Otros, sabréis que ahora es uno de los chicos de moda en el mercado USA. Incluso puede que coleccionéis la serie que escribe para DC dentro del marco de esa locura que es “New 52”, una revisión del mito del chupasangre llamada “Yo, vampiro”. A lo mejor, si uno es muy fanático de este autor, puede que sepa que estuvo nominado a los Eisner, algo así como los Oscar de la industria del cómic. Un buen currículo, el de este Joshua Hale Fialkov.

Desde luego, la premisa de este cómic es toda una declaración de principios sobre lo que mueve a este tipo a escribir historias. Cierto gusto truculento por las situaciones límite, personajes que se enfrentan casi de manera accidental a realidades que nos dejarían fuera de combate a cualquiera de nosotros, personas normales del día a día, productos de su rutina. Eso es lo que tenemos en Eco. Mezclado con dosis ingentes de tensión, ritmo de serie negra e imágenes que se nos clavarán sin remedio en la retina, gasolina para alguno de nuestros peores sueños de verano de calor agobiante.

Hale construye un intenso relato que se mueve en la fina linea que separa el terror más genuino con el thriller criminal. Si tengo que usar un referente, me quedo con las películas de Hitchcock, de las que toma elementos básicos que modernizan conceptos tan reconocibles. A saber, un personaje principal que roza la ordinario, un tipo de oficina, rutina, entorno familiar de corta y pega, pero que esconde algo oscuro y retorcido que pide a gritos salir a la superficie. En el momento en el que Brian se enfrenta a la revelación más demoledora de una vida llena de dudas y miedo, algo quiebra en su cabeza, su realidad se tambalea de manera perversa. La lucha no es contra lo que sucede en su entorno, es consigo mismo, puesto que el control de su propio infierno personal es lo que diferenciará la locura de la vida real.

Es lo terrible de esta pesadilla kafkiana, donde la fantasía interna de Brian es tan poderosa y clara respecto al auténtico horror que se enreda como hiedra venenosa en su rutina.

Descubramos que hay en la caja número uno, Brian

Descubramos que hay en la caja número uno, Brian

Esa es la desasosegante verdad que se esconde detrás de esta obra. Un cuento angustioso sobre el peso de la verdad, de las consecuencias, de los pecados de nuestros padres, de la duda demoledora sobre quién somos y  por qué hacemos lo que hacemos. Cuando a Brian se le escapa la situación de las manos, Hale nos implica de manera emocional, directa y sin concesiones. Ha conseguido que Brian y su mujer nos caigan bien, el entorno de clase media nos resulte reconocible. Incluso sentimos cierta empatía con el desorden mental del protagonista. Así que los momentos de rabia, frustración e impotencia, los hacemos nuestros. Queremos saber que pasa en la siguiente viñeta, pedimos, por favor, que a Brian le salgan bien las cosas y escape lo más ileso posible de la enfermiza e irreal escalera hacia el infierno en la que se ve atrapado. No hay épica en su caída, no es un héroe en busca de redención o gloria. Es un tipo normal, que vive en un barrio normal, con un trabajo normal, que pide para sí mismo y para los suyos que esa normalidad sea la linea vital a seguir.

Pero el horror y el miedo siempre encuentran un hueco para que la vida se desbarate.

Cuando termines este cómic, no serás mejor persona. No te sentirás mejor contigo y con el mundo, no habrás pasado por un  viaje espiritual de tercera división que te engañe con conspiraciones cósmicas del buen rollo. Para nada.

El dibujo es inteligente, apropiado, cinematográfico. Rahsan Ekedal disfruta de los contrastes del blanco y negro, se recrea en planos cortos, enfatiza la intensidad crítica del viaje interior de Brian. Los delirios aberrantes de la enfermedad del protagonista se pueblan de criaturas grotescas, representaciones monstruosas de la culpa que carcome al protagonista.

Joshua Hale te ha ofrecido, en el momento que cierras el libro, una bofetada en la cara, un paseo por el horror que se esconde en la casa de al lado, en el centro comercial, en el callejón al que nunca te molestas en mirar. Ha señalado al monstruo, que se esconde tras la amable cara del vecino sonriente. Te ha puesto en las manos el miedo al vacío, a nosotros mismos, incapaces de aceptar lo que muchas veces vemos ante el espejo. Miedo a perder el control, miedo a aquellos con los que compartimos espacio, sin que sepamos quienes son del todo.

Me temo que esto no es un recuerdo típico de Calatayud

Me temo que esto no es un recuerdo típico de Calatayud

Hale nos recuerda que el mundo tiene una parte podrida, cada día más evidente, menos oculta. Un pedazo enfermo de nuestra realidad en la que un tipo decide encerrar a tres adolescentes en su sótano y las somete a vejaciones y tortura sexual durante años, sin que nadie en el vecindario sepa nada. Un rincón en el que un padre incinera los cadáveres de sus hijos después de asesinarlos como venganza contra su ex mujer.

Ese es el terror con el que juega Hale Fialkov. El más real, posible, sobrecogedor. El más cercano, el que susurra en las cabezas saturadas de una clase media a punto de explotar.

Twitter: @SantiagoNeg