Publicado el 16 de Julio del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
The Boys: Garth Ennis, tipos en pijama, abrigos de cuero

Garth Ennis no está en el negocio para hacer amigos. Ni para medias tintas, ni historias lineales sobre tipos con capa. Su idea de cómic es algo diametralmente opuesto a lo que las grandes editoriales tienen en mente, su puesta en escena es una explosión de pólvora, zafiedad, gamberrismo y amor desatado por el medio en el que trabaja. No lo dudéis. Ennis ama los tebeos. Pero si ha venido al mundo es para mearse encima del concepto tradicional que manejamos sobre lo que se debe o no contar en un cómic mainstream. Para más broma, ha triunfado. Es una leyenda del mundillo, y lo ha conseguido sin mover un ápice sus convicciones. The Boys es el resultado final de ese proceso basado en el amor/odio.

El corro de la patata extremo

El corro de la patata extremo

Garth Ennis se anotó su primer gran pelotazo a finales de los 90 con la exitosa “Predicador”, una de las colecciones de cómics que mantuvo el sello vértigo vivo tras el vacío que dejó el final de “The Sandman” ¿No conocéis Predicador? Corred a vuestra tienda favorita y haceros con la serie completa. Por vuestro bien. Otro día hablaremos largo y tendido de esta irreverente road movie mística, pero hoy no toca, nenes y nenas. Antes de ese momento, Ennis había aterrizado con éxito en DC, donde se  encargó de la mítica Hellblazer, después de un tiempo en el mercado escribiendo las historias de un resucitado Juez Dreed, dentro de  la mítica 2000AD británica, (cantera de escritores ingleses para el mercado americano, de donde han escapado genios como Alan Moore, Grant Morrison, Alan Grant, Dave Gibbons, o mi muy reverenciado Alan Davies ). Algo estaba claro, Ennis no se sentía especialmente cómodo con los cómics comerciales de supertipos. El sub mundo en blanco y negro donde se mueven los Superman y Batman de toda la vida resultaban una limitación para un autor más acostumbrado a los claroscuros, aparte de que su ultra violencia desatada no tenían hueco en las publicaciones de la época, todavía esclavas del dichoso comic code. En DC tiró de inventiva, y publicó “Hitman” una tarantiniana historia acerca de asesinos a sueldo con poderes en la Gotham de nuestro murciélago favorito. Ennis permanecía dentro del sistema pero jugando con las reglas, lo que transformaba a su Hitman en una de las series más divertidas y brutas de su época (con un poco de suerte, encontraréis los tomos recopilatorios publicados por Planeta hace unos años en vuestra tienda habitual. Hala, más tarea de verano). Para el recuerdo queda el encuentro del macarra de Tommy Monagham y Superman en lo alto de un tejado. Quedaba patente la admiración de Ennis por el último hijo de Krypton, y al mismo tiempo, mostraba su afán destructivo. Más tarde, en plena fiebre de éxito, aterrizó en Marvel, y tampoco se domesticó al frente de los personajes d ella casa de las ideas. Es más, regaló el Punisher más violento, adulto y callejero que habíamos visto hasta la fecha.

El caso es que su leyenda nace con  predicador, y el resto es historia. Premios, reconocimientos, polémicas, éxito…pero detrás de los fuegos artificiales estaba la realidad de un narrador potente, sin pelos en la lengua, con un estilo excesivo. Eran muchos los que comparaban a Ennis con una especie de Tarantino de la viñeta, y es que comparten muchos puntos en común. Verborrea incansable, diálogos chispeantes, mezcla imposible de géneros y kilos de ultraviolencia desatada. Eso era la primera capa de pintura. Por debajo, un tipo de extraña sensibilidad, capaz de construir personajes tan potentes que las historias sobre sus relaciones y conflictos salen solas. Porque es orgánico y vivo, porque hay mucho amor en lo que cuenta, a pesar de los litros de hemoglobina. De hecho, hay pocos escritores que manejen personajes femeninos con habilidad sin caer en el ridículo. Ennis lo hace. Aplausos.

El principio de una amistad chunga

El principio de una amistad chunga

Pero vayamos a la actualidad, al trabajo más reciente de nuestro irlandés pasado de vueltas. The Boys es una destructora de mitos, dinamita para la iconografía que Marvel y DC han incrustado en la cultura popular. Es una declaración de principios sobre lo que piensa acerca de las grandes editoriales y sus personajes.

Un cómic que empieza con un tipo llamado Carnicero mirando al cielo. Por encima suyo pasa el Súper más poderoso de la Tierra, Patriota, un sosias de Superman (pero sin escrúpulos, como descubriremos a lo largo de la serie). En el primer bocadillo, cuarta viñeta de la primera página, Carnicero suelta “Te voy a joder vivo. Cabrón”. Una carta de presentación que al mismo tiempo es la declaración de intenciones de Ennis. Así que de ahí para adelante…

En realidad, la historia gira alrededor de Hughie, un chaval con no demasiadas luces (y que es la viva imagen de Simon Pegg, el actor protagonista de “Shaun of the dead), pero que es la definición en movimiento del término “buena gente”. Ocurre que, un nubloso día de paseo en su escocia natal, se ve entrometido en una pelea entre dos supertipos, con resultado fatal. La chica de Hughie muere de manera bastante gráfica, y nuestro protagonista entra en un frustrante proceso de tristeza impotente, puesto que poco puede hacer ante el poder ilimitado de seres capaces de derribar una montaña de un puñetazo. Es en los momentos más horribles de su vida cuando aparece Carnicero, agente de la enésima agencia mega secreta, cabecilla de un pintoresco grupo que tiene como misión poner freno a los excesos de estos tipos enmascarados. De hecho, Carnicero y su grupo muestran a Hughie la auténtica cara de los Súper, irresponsables y pegados de sí mismos. Protegidos por el gobierno, que usan su colorida tapadera para un levado de mentes a base de heroicidades de pega e invenciones argumentales en forma de cómic book, no son más que hedonistas pervertidos en el mejor de los casos. En el peor, criminales disfrazados y agentes del statu quo. Así que Carnicero y su banda se han atribuido una misión. Desenmascarar a los Héroes.

¿Puedo salir con mis amiguitos a patear culos, mami?

¿Puedo salir con mis amiguitos a patear culos, mami?

Así construye Ennis su alegato contra el mercado editorial. Ridiculiza, satiriza y saca de madre a los estandartes más reconocidos del cómic americano. No se libra nadie. Ni los sacrosantos iconos de Marvel y DC. Reconoceréis sin problema a los miembros de cada grupo, reencarnados en nihilistas versiones por encima del bien y del mal. No quiero estropearos el juego que el autor nos plantea, aunque tampoco se esconde especialmente. Las conversaciones de los personajes acerca de los cómics que pueblan las librerías especializadas son demoledores y nada condescendientes. En una cafetería, Hughie y Carnicero leen unos cuantos tebeos para ponerse al día de la propaganda oficial. Reproduzco literalmente la conversación:

Hughie: Esto es una mierda

Carnicero: Los cómics te pudren el cerebro

Y se queda tan a gusto el señor Ennis. A pesar de la aparente simpleza de los argumentos, reducidos al absurdo para la parodia más caníbal, lo cierto es que Ennis reflexiona acerca de nuestras mitologías, de las leyendas que convertimos en referentes morales, de la capacidad del mercado de convertir esa narrativa en un producto que se traduce en millones de dólares. Del control, de la necesidad de héroes, de modelos a imitar, aún cuando esos modelos no son más que reproducción de un sistema de valores al mínimo. También hay un toque al lector. Somos capaces de tragarnos mierdas que harían vomitar a una cabra, y al mismo tiempo intelectualizar el medio hasta el ridículo en conversaciones de falsa trascendencia. Nadie se libra, ni siquiera los autores, personificados en La Leyenda. Los más fanáticos del lugar reconocerán al creador real detrás de la caricatura.

Todo esto contado al estilo Ennis, claro. Su particular sentido del humor, que a veces roza lo infantil. Al séptimo chiste sobre penes te sentirás un poco como en el recreo de sexto de primaria. Su capacidad para soltar tacos que hacen parecer a los pandilleros de “The Wire” académicos de la lengua y expertos en protocolo. La violencia salvaje desatada cuando llega el momento de los sopapos. Pero también su capacidad para los diálogos sin que resulten aburridos, personajes con un trasfondo, definidos, enfrentados a conflictos morales. Llenos de matices de gris. Nadie es un santo, precisamente, en esta historia. La sensibilidad de la que hacía mención hace unos párrafos, en las relaciones entre los protagonistas, metidos en un mundo muy sórdido a pesar de las brillantes capas. El sentido de la lealtad, una constante en las historias del Irlandés, la hermandad entre aquellos que tienen un pasado en común, una misión.

La parte visual corre a cargo de Darick Robertson, un tipo que se lo pasa en grande con cada viñeta de The Boys. Es un viejo conocido que ha pasado por las páginas de New Warriors, entre otras. Así que el dibujo de tipos en pijama dándose de palos no es una experiencia nueva para el dibujante. De hecho, es bastante clásico, y no depara grandes sorpresas, pero es un tipo versátil, con oficio, y que se adapta perfectamente al estilo narrativo de Ennis, cosa nada fácil cuando es un autor que llena las páginas de diálogos. Además, como digo, se nota que disfruta mucho con The Boys, en los momentos más salvajes y en las escenas cercanas y personales.

Representación gráfica de lo que Garth Ennis piensa de los cómics

Representación gráfica de lo que Garth Ennis piensa de los cómics

Es una oportunidad genial para haceros con un cómic divertido, iconoclasta, gamberro y sin concesiones. Además, no es sólo un ataque frontal contra el mercado USA. También hay amor por el medio; en el fondo, Ennis es un fan, a pesar de la verborrea y la burla, Ennis se disfraza de bufón para, al mismo tiempo, declarar su amor por los cómics. Una especie de versión bruta de Peter David en sus discursos más críticos. Norma publica estos meses una edición integral, de la que hemos visto el primer tomo (una muy buena forma de editar, con separación en el tiempo para que no sea un destrozo al bolsillo, que ya vimos con Sin City y Hellboy).

Me gusta mucho Garth Ennis. Hace que me lo pase bien leyendo un tebeo. Según están las cosas, es un triunfo.

Twitter: @SantiagoNeg