Publicado el 29 de Julio del 2013 por Capitan_Melenas en Cine
Lobezno: Inmortal ¿Acaso si le pinchas no sangra?

Hablemos de precedentes. A mí esta peli, a priori, me daba más miedo que un “nublao”, que decimos en mi tierra. Comentaba mis miedos con amigos y conocidos cercanos en frikez, y me decían que conservase la fe. Que Marvel ha cambiado mucho, que sus películas son de una calidad considerable, que episodios oscuros de su historia reciente están olvidados, y varios bla bla bla más de diversa categoría. Pero ni siquiera esa mayoría cauta que conminaba a un estado de paciencia pre zen, conseguía que mis temores calmasen su preclaro ejercicio de Nostradamus de barrio.

La chica que da tanto morbo como miedo, hoy en Cuarto Milenio. Inquietante

La chica que da tanto morbo como miedo, hoy en Cuarto Milenio. Inquietante

Como digo, los antecedentes servirían para, lo que menos, sospechásemos del resultado final. Por un lado, está esa cosa infecta que parece ideada por Stephenie Meyer en plan “paso de mormonismo, me gustan los tipos de pecho peludo” que es la primera película en solitario del bueno de Logan. Esa en la que sale Deadpool con la boca cosida (manual del guionista vago, capítulo 2). Mala cosa. Odio esa película. Con pasión, fervor cuasi religioso, porque ni siquiera llega a simpática comedia voluntaria como esos coprolitos magníficos que son las pelis del Motorista Fantasma (algún día, propondré a los colegas hacer un maratón con las dos seguidas, y luego completar el círculo Nicholas Cage con City of Angels… mi teoría es que en ese momento aparecerá Tchulu en el salón reclamando nuestras almas impías). Pero claro, es que eso me lleva a rebatir el argumento de la actual calidad de las pelis Marvel. Resulta que Vengadores y allegados están producidas por Paramount, pero Lobi está en manos de ese infecto portal hacia el horror conocido como Twenty Century Fox.

Más leña para el fuego, la historia de la producción de esta película no era, precisamente, un camino de rosas. En un principio, todos soñamos con algo más grande que la vida cuando supimos que la base del guión sería “Honor”. Para los neófitos, diré que esa saga fue el inicio del concepto de Lobezno como héroe en solitario fuera de las páginas de X-Men. Guión, Christ Claremont, el gran patriarca mutante. A los lápices, un joven Frank Miller en una historia construida para el lucimiento de un tipo que adora (y digo, ADORA) dibujar ninjas. Resultado, legendario.

Así que ya estábamos emocionados. Pero entonces apareció el nombre del director. En ese momento, nos tuvimos que cambiar de muda. Darren Aranofsky se hacía cargo del proyecto. Un director con una obsesión patológica por el concepto de perdedor atormentado, uno de los realizadores con más talento visual de su generación. Todo era maravilloso, ya que entendíamos que Fox/Marvel había aprendido de sus errores, y apostaban fuerte por un producto de calidad.

Mangold no se entera de que Humor Amarillo perdió la gracia hace años

Mangold no se entera de que Humor Amarillo perdió la gracia hace años

 

Llega la realidad, y te apuñala por la espalda, claro. Aranofsky deja el proyecto, porque se olía el hedor hasta en Namek. Se contrata a James Mangold, un tipo un tanto mercenario, que tiene un par de películas muy decentes (Inocencia Interrumpida, por ejemplo, Copland, esa cosa rara que hizo con Stallone, o el biopic bastante resultón de Jhonnie Cash, “En la cuerda floja”). El tipo decidió, en un momento dado, lanzar su carrera a ese multitudinario lugar conocido como La Mierda, rodando infectas naderías como Kate and Leopold. Incluso así, saltaron rumores de que los ejecutivos de Fox hacían y deshacían a conciencia, cambiando incluso sets de rodaje de un día a otro. Libertad creativa es el nombre del perro del conserje, amigos. Aquí se cobra y se calla. ¿Veis eso escondido entre las sombras? Es el arte, acojonado ante lo que ven sus ojos. (Añadir risa malévola).

Así que, después de este largo texto
introductorio, comprenderéis al fin mi miedo cuando posicioné mis curtidas posaderas en el cómodo asiento de la oscura sala. Encima, en los trailers, me ponen el avance de la última de Sandra Bullock. Juro que sudé frío.

Pero, amigos, lectores, gente que pasa por aquí, enemigos varios que se dedican a buscar fallos en mis textos para luego decir en foros y demás que soy un escritor de mierda… Lobezno Inmortal no es la chusta ignominiosa que esperaba. A ver, que no es arte y ensayo. Está a años luz de otras producciones Marvel. No está ni siquiera al nivel de cosas menores como Thor. Pero está muy por encima de su predecesora, y de cosas innombrables como X-Men, la decisión final o Spiderman 3. Argh. Que dos. Quiero mi medicación. Ahora vuelvo.

A pesar de las garras, lo que más pincha es mi barba

A pesar de las garras, lo que más pincha es mi barba

 

Vamos al lío. Hablemos de la peli, que ya es hora. Lobezno ha dado más vueltas que el Capitán Tan,  y como en el cine de hoy si algo prima es la casualidad, resulta que nuestro pecholobo favorito andaba por tierras niponas el día en que “Fat Man” hizo pum en Nagasaki. Salva la vida al oficial oficioso, con su Katana y todo, por lo que contrae una deuda de por vida con el militar japonés. Los años pasan, Lobezno es un el enésimo tipo duro torturado porque se cargó a la churri de la que estaba colgadísimo: sí, en el fondo es muy moñas. Pero un día aparece una joven oriental de aspecto muy perturbador, tanto que recuerda a la niña que da grima del anuncio de Yomvi. Lobi es entonces arrastrado hasta el Japón más molón, todo lleno de neones y tal, donde se verá en medio de la lucha por la sucesión en el clan Yashida, al mismo tiempo que el patriarca moribundo, otrora apuesto oficial, le ofrece a Logan la posibilidad de poner fin a su angustia vital a lo cincuenta sombras de Grey, pero sin penetraciones con cachalotes.

Hala, sinopsis fuera. A partir de ahí, mucho rollo sobre el honor a la japonesa, el peso de nuestro pasado, y la naturaleza del héroe. Con ninjas, robots, malas mutantes interpretadas por actrices de nombre impronunciable, y si por el guionista fuera, hubiesen molado unos cuantos triceratops. Lo que haga falta, chavales, que no hay que escatimar en situaciones para que escuchemos ese sonidito tan molón… Snikt!!!

Tensión sexual resuelta a machetazos

Tensión sexual resuelta a machetazos

la peli es un entretenimiento de verano puro y duro. Incluso hay momentos realmente buenos (que no brillantes, eso está muy lejos en este caso), como la primera media hora de película. Luego, Mangold pasa de ese ambiente de tortura autoimpuesta, que está a punto de hacer de lobezno: Inmortal la película que hizo por el onanismo lo que Brokeback Mountain por el rollo homo entre vaqueros. En Japón nos lleva a una historia de mafias, al más puro estilo Hong Kong pero con garras. Lobezno se parte la cara con un montón de Canis orientales (esos orazos de la Yakuza, por dios, que parecen sacados del polígono industrial más cutre del levante español), incluso en un tren bala. De hecho, la escena sobre el tren no queda tan ridícula y exagerada como me temía. Bueno, bah, todavía no tenía ganas de levantarme del sillón. Entonces llega la traca final, Mangold vuelve a cambiar el chip, nos mete a presión la consabida historia de amor, y lleva la acción a una especie de pagoda tecnificada sacada de los bocetos que nunca se usaron de Blade Runner. Con Ninjas. A chorros. Y con un un samurai que ni Robocop. Y más ninjas. Y Lobezno sigue torturado. Todo el rato. Cuanta lucha interna, copón. Voy a llorar, ahora vuelvo.

Ese es el problema de la película, lo mercenaria que es. Hay como tres formas distintas de dirigir en una sola. Desde el principio, sobrio y efectivo, pasando por el intercambio de mamporros en Tokio, armado con un estilo efectista, uno de esos montajes esquizoides para hijos de a todo gas, pasando a una forma más convencional para la traca final, mucho más comedida, pero electrizante. Entre medias, algunos intentos de intimismo de opereta, en los que James Mangold es incapaz de encontrar voz propia, resultado de un director que hace mucho tiempo que renunció a sí mismo.

Rollo Kimono y botas... ¿Qué piensa Marichalar del estilismo, por dios?

Rollo Kimono y botas... ¿Qué piensa Marichalar del estilismo, por dios?

El guión abusa hasta el cansancio de las debilidades de Lobezno, y sí, es cierto, es el leit motiv de la historia, pero puedes contar lo mismo haciendo gala de recursos narrativos, no repitiendo con alegría lo mismo que has perpetrado tres escenas antes. Guión que avanza, y punto, tampoco pidamos mucho a pesar del falso trasfondo Shakespiriano de drama familiar. Los Yashida serán una de las casas de poniente en la cuarta temporada de Juego de tronos, ya veréis. Otra cosa que hacen, y eso ya me afecta en lo personal, es reducir un  logro de personaje como es Mariko Yashida en una excusa, sin fuerza, muy lejos del poderoso dramatismo que el personaje tenía en manos de guionistas de verdad, como el maestro Claremont. Una pena que la complejidad se convierta en lastre y por tanto se anule para facilitar la labor de escritores y directores a merced del producto.

Total, película facilona, mejor que su abominable precedente, extrañamente pulp y a ratos divertida. Pero Lobezno se merece algo mejor, creo yo. Aparte, al señor Jackman ya se le notan de más los años. Digo. Está a dos noches sin dormir de protagonizar “El viejo Logan”.

Eso sí, quedaos a la escena post créditos, por vuestro bien. Los muy fans os quedáis bocas de fijo. Días del futuro pasado ya está aquí, chavales. Ya se escucha el paso atronador de los centinelas.

YUJU.

 

Twitter: @SantiagoNeg