Publicado el 20 de Agosto del 2013 por Capitan_Melenas en Cine
The Purge: Ahora sí que me habéis cabreado, niñatos

El sueño de la razón produce monstruos, rezaba el título del capricho 43 de Goya. Aunque el artista hacía referencia a la imaginación como madre de todas las artes, bien se puede atribuir a la frase un contenido mucho más escabroso, que vendría al pelo para una descripción rápida de las intenciones de esta película. Un film que había despertado en mí una serie de expectativas sin mucha base. La premisa sobre la que se sustenta la trama me parecía atrayente, atrevida y polémica. Tendría que haber sido menos inocente, claro.

Ahora que está todo cerrado, espero que nadie note que me he tirado un pedo

Ahora que está todo cerrado, espero que nadie note que me he tirado un pedo

Pongámonos un poco en perspectiva. Nos situamos en un bonito barrio residencial de clase alta, dentro de no demasiados años. El debacle de la sociedad americana supuso un colapso de violencia y decadencia nunca visto en la historia. Ante la incapacidad del sistema para corregirse, el pueblo americano vota a un grupo conocido como los nuevos padres fundadores para que establezcan una especie de USA 2.0, basada en los presupuestos que hicieron grande a la nación en sus comienzos, pero con ligeros matices. Una de estas nuevas grandes ideas es “La Purga”. Durante una noche al año, el crimen se convierte en legal. Todo lo que suceda en ese espacio de tiempo no será considerado delito, por muy horripilante que sea. Con esto, la sociedad americana expulsa sus demonios interiores y se prepara para ser la mejor versión de sí misma, una vez ha desatado a la bestia que lleva en su interior. Los Sandin, una familia de éxito, acomodada en su fantasía de seguridad y firme defensora de La Purga, verá como la promesa de la limpieza moral de la América más elitista se transforma en una pesadilla cuando reciben una dosis de cruda realidad a las puertas de su casa.

Tenemos una buena historia. Contenido político, una crítica nada velada al sistema. Un debate acerca la apropiación de la violencia por parte del estado, y la capitalización de esta. Lo que se propone como una catarsis colectiva no es más que una nueva institución política en manos de la élite para seguir pisando el cuello de los más débiles, las auténticas víctimas de la anarquía controlada que es la purga. Mientras los ricos viven en auténticas fortificaciones ajenas al ruido sangriento del exterior, la gente de a pie se enfrenta a una noche a vida o muerte. Una especie de eugenesia de tintes místicos y purificadores, pero que no es más que un control de la población en manos de minorías que juegan a la caza del hombre.

Todo cambia en el momento que el sacrosanto ideario de la seguridad desaparece. La fantasía de impermeabilidad de los Sandin se diluye en elinstante en el que una alegre pandilla de aspirantes a Patrick Bateman deciden convertirlos en sus víctimas tras una sucesión de catastróficas desdichas. Pulcros, educados, adictos a la idea de América, hijos de la comodidad y contentísimos con una escabechina como la que promete La Purga, son los monstruos de cara amable que el sueño de la razón produce. Pijos aburridos armados de superioridad moral. El futuro de los despachos y gabinetes. Tened miedo.

Hola. ¿Tiene un minuto pra hablar de jesús?

Hola. ¿Tiene un minuto pra hablar de jesús?

Genial, entonces, ¿No? También hay crítica a la sociedad americana y al desequilibrio de clases, una defensa a ultranza del americano medio, de la gente normal. Los Sandin ven como su sistema de valores se va al traste. Es fácil defender lo indefendible cuando uno se siente tan por encima del bien y del mal, claro.

Pero el problema es como se desarrolla la crítica, la trama, la película en sí.

Sí, es cierto, se toma la molestia de presentar a los personajes, da entidad a cada uno de los miembros de la familia, nos cuela en su hogar, en su día a día de grandes triunfadores de la América neo liberal. Nos da una idea de como se ha capitalizado la violencia de manera ridícula, hasta el punto de que hay una casta de nuevos ricos gracias a La Purga y su mercado colateral.

De acuerdo, a lo largo del metraje, hay tensión, las cosas no se precipitan; DeMonaco, su director se hace dueño del espacio, y consigue con muy poco una auténtica jungla para niños bien. Tenemos ritmo, tenemos claustrofobia. Tenemos un uso inteligente de las luces, aunque no deja de ser un cliché de este subgénero de pesadilla de clase media al que llamaré “asalto al hogar, dulce hogar”.

Está bien, digamos que la película tiene pretensiones. Es más, hay referentes, y se notan. Un tratamiento de la violencia “in crescendo” a lo “Perros de Paja” del muy muy muy grande Sam Peckinpah (director y película que nombro mucho, pero es que, a pesar de ser una cafrería protofascista y que roza alegremente la misoginia, me parece una auténtica obra maestra), una crítica nada velada de la ultra violencia realista carne de postmodernidad al estilo Haneke (a más de uno os recordará Funny Games, pero la violencia es el tema estrella del director austriaco, al que por cierto, rindo reverencia y pleitesía. Digo). Referencias de primer orden, sí, pero tenemos un problema. Que DeMonaco no es Peckinpah, ni Haneke.

La película, de repente, deja de lado su parte más intensa en lo intelectual, y se pasa a la ensalada de tiros. Lo que era calma y planificación, se va a tomar una caña y no vuelve. Transforma el debate moral sobre la violencia en otro muy distinto. Una vez queda justificada, la cosa no es convertirme en un Rambo en mi propio salón. La historia es, ¿Contra quién dirijo esa violencia? Contra el que ha entrado en MÍ propiedad y pone en peligro lo MÍO y a MÍ familia. Con eso TODO está justificado, y me río yo del sistema.

No sé si me da más miedo por el cuchillo o por cómo ha combinado esos zapatos con esos calcetines

No sé si me da más miedo por el cuchillo o por cómo ha combinado esos zapatos con esos calcetines

Ahí es donde la película revienta del todo, cuando se ahoga con su propio mensaje. Todos podemos más o menos estar de acuerdo con las propuestas intelectuales de DeMonaco. El problema es que, para criticar el sistema, el director y guionista escoge el camino del americanismo más rancio y clásico. Mucho más primitivo que el sueño americano neoliberal que ha sustentado el espíritu de Holywood desde que el cine es negocio. Hablamos de la América antisistema de armas en el garaje, ropa de camuflaje y NRA. El espíritu del viejo Oeste. Por encima del estado, cuando el sistema te falla, cuando la iniciativa privada tampoco es suficiente, cuando las empresas te han engañado, queda el último hombre en pie, armado con su cañón humeante. Si todo se derrumba, el hombre de bien se encargará de proteger lo que es SUYO y a su familia. Aunque deje un reguero de cadáveres por el camino. La violencia no es del estado, ni de las empresas de seguridad. Es de aquellos que tienen que proteger el más valioso concepto que ha construido la intocable estructura de la civilización occidental: la propiedad privada. El conjunto es de un facherío que ni una portada del ABC al grito de “Gibraltar español”.

Muchos diréis que estoy exagerando, pero fijaos cómo empieza el sarao. ¿Quién tiene, en el fondo, la culpa de lo que pasa? El hijo melenudo, hippy liberal, tecnófilo y bien intencionado. Un insensato que piensa en los demás. Un sacrilegio… es más… COMUNISMO!!!!

Ese pseudo fascismo anacrónico es, en el fondo, el alimento de la trama. La idea de base, el miedo post 11 S. No hay nada más ideal que dar mucha munición a un grupo de paranoicos. Una idea brillante se devora a sí misma, y se deglute sobre nuestras conciencias incapaces de un ejercicio de conexión emocional con la barbaridad que ocurre ante nuestros ojos. Otro director más hábil, como por ejemplo el citado Haneke y su frialdad de observador enfermizo, quizá hubiesen construido otro tipo de película más redonda. Pero The Purge se transforma en un reaccionario ejercicio de oda a la violencia, justificada de la manera más manipuladora.

Un paso en falso, y además, peligroso.

Twitter: @SantiagoNeg