Publicado el 21 de Agosto del 2013 por Germánico en Libros
Hablemos de Libros: The Long Earth.

Últimamente parece que he cogido la costumbre de leer a Pratchett en mis viajes a través de los cielos buscando un rumbo que me lleve a los dioses. Sea como fuere, y por no cambiar (soy un personaje de costumbres arraigadas, por muy excéntricas que algunas puedan parecer), ayer nada más subirme al avión abrí aproximadamente por el comienzo del último tercio la novela The Long Earth, que parecía que se me había ido resistiendo. Y entre unas cosas y otras, antes de llegar a mi destino estaba cerrándolo y pensando: tendré que escribir una reseña para mis queridos Frikis.

Contra todo pronóstico no puntuaré este libro escrito por Pratchett y Baxter con la nota más alta. De hecho, hasta he dudado en ponerle un notable. Al final he decidido dejarme de números y contaros lo que me ha parecido esta novela de ciencia ficción.

La Sinopsis oficial es la siguiente:

1916: The Western Front. Private Percy Blakeney wakes up. He is lying on fresh spring grass. He can hear birdsong and the wind in the leaves. Where have the mud, blood, and blasted landscape of no-man’s-land gone? For that matter, where has Percy gone?

2015: Madison, Wisconsin. Police officer Monica Jansson is exploring the burned-out home of a reclusive—some say mad, others allege dangerous—scientist who seems to have vanished. Sifting through the wreckage, Jansson find a curious gadget: a box containing some rudimentary wiring, a three-way switch, and . . . a potato. It is the prototype of an invention that will change the way humankind views the world forever.

Pero claro, frikis míos, ¿qué significa todo esto? Pues que por alguna extraña razón, una cantidad de realidades paralelas se abre al mundo siendo denominada esta sucesión de infinitos mundos The Long Earth. Las tierras más cercanas a la nuestra (denominada Datum Earth) son prácticamente iguales; sin embargo, cuanto más nos alejamos de ella, más difieren, tanto en clima como en las criaturas que la pueblan.

La novela relatará el primer gran viaje a través de The Long Earth realizado por Joshua Valienté (un chico que se convirtió en héroe de pequeño en el Step Day  y que muchos dicen tiene complejo de Daniel Boom) y Lobsang, un mecánico tibetano reencarnado en forma de ordenador. En su viaje se encontrarán con otras especies humanoides que denominarán Trolls y/o Elfos y descubrirán, asustados, que algo les está empujando a una gran migración hacia los mundos del Oeste. Con la ayuda de Sally, los tres buscarán la causa de semejante amenaza.

Bueno, como habréis podido comprobar, la historia se presenta como algo curioso y correcto, con las dosis necesarias de humor, aventura y pensamiento filosófico. Su lectura es grata, sencilla y amena, algo que cuando uno no es bilingüe y se sumerge en la misión casi sagrada de leerse un libro en inglés siempre agradece. Sus personajes son curiosos y tiene mucha chicha de la que tirar: Joshua Valienté en su ensimismamiento solitario resulta ser un ser social; Lobsang es genial, tanto por sus excentricidades, como por su amor a la ingienería, la literatura y el cine viejuno. De los tres principales, Sally es la más sosaina de todas, aunque se agradece su cinismo en todo momento. Entonces, ¿qué es lo que, desde mi humilde opinión, falla?

Pues no falla nada, o quizá todo. Es raro, lo sé, y me cuesta explicare.

Volveré a intentarlo.

La cuestión es que sus tres personajes principales, que podrían dar mucho de lo que hablar, no llegan a ser explotados todo lo que podrían. Es decir, podríamos encontrar en Joshua o en Lobsang dos memorables héroes que colocar en nuestra lista de personajes favoritos junto a Raistlin, Vetinari, Vimes, Tyrion, Brunetti o Didio Falco; sin embargo, su papel es tan… “correcto” durante la novela, que esa “epicidad” se pierde. Y no hablemos ya de otros caracteres secundarios, como la agente del FBI, los colonos de los que se habla o, incluso, Sally. Totalmente desperdiciados. El único personaje (ya no secundario, sino casi terciario) que tiene personalidad propia y que se hace querer es la Hermana Agnes, una monja rockera que conduce una Harley con ideas políticas muy definidas; es una especie de madre para nuestro Joshua.

Dejando los personajes a un lado y centrándonos en la historia, nos vuelve a pasar lo mismo: se queda corta, incompleta, insulsa. Los capítulos pasan porque tienen que pasar y las escenas suceden ante nuestros ojos como una serie de TV cualquiera. Y no es por la premisa ni mucho menos, es la forma de contarlo, la manera que tienen de desperdiciar grandes historias entre los capítulos. Quizá con doscientas páginas más, esta obra conjunta de Baxter y el Hombre del Sombrero habría sido jodidamente épica.

Lo que no sé es si todas esas lagunas se verán a rebosar de agua tras leer la segunda parte (The Long War), que ya descansa en mi mesilla de noche. Rellene o no, tendréis la reseña, prometido.

Sea como fuere, la recomendaría como novela para pasar el rato, leer algo sin grandes expectativas. Si buscáis una historia de proporciones titánicas y digna de dioses, de ciencia ficción, mejor sería que os buscárais otra. Porque los libros son como los mundos, frikis míos, y esto es lo que dicen sobre ellos:

There are Worlds waiting. All it takes is one small step…