Publicado el 28 de Agosto del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
Green Arrow: El momento de gloria

 Chicos y chicas, os quiero hablar hoy de los segundones. Esos tipos que protagonizan series que no venden cientos de miles de ejemplares, que pasan desapercibidos para el gran público, que sobreviven a duras penas en el mercado editorial con momentos de gloria pasajeros, aunque anclados en el desesperante vaivén, producto de su propia naturaleza de personajes relleno. A pesar de esa identidad, no dejan de lado su consistencia como icono, mitos menores dentro de la imponente colección de leyendas que nutren la última de las grandes mitologías perpetradas por el ser humano.

Venga, haced más bromitas sobre lo hortera que es el verde si hay huevos

Venga, haced más bromitas sobre lo hortera que es el verde si hay huevos

Pasa con estos personajes, de cuando en cuando, que consiguen cierta importancia, momentos de dulzura y popularidad, descanso del guerrero tras cancelaciones, cierres, rebotes de mal en peor, resucitaciones varias y mucho humo. Es lo que ocurre con el personaje del que hablamos hoy, uno de los más queridos y reconocibles actores secundarios de la casa DC. Green Arrow, chavales, que vive un periodo de merecida gloria gracias a los hados de la televisión. La serie inspirada en sus cómics se ha convertido en uno de los éxitos de la temporada pasada, y está a punto de caramelo su segunda tanda de episodios, armado de sorpresas bajo el brazo.

Pero antes de la serie, está el personaje, Oliver Queen. Millonario pegado de sí mismo, pícaro burlón, que dedica su fortuna a combatir el crimen en su ciudad natal, Star City.

Oliver Queen nace en 1941 de la imaginación del escritor Mort Weisinger (creador de Aquaman). Ayudado por el artista George Papp, publica la primera aventura de Grren Arrow en el número 73 de More Fun Cómics, acompañado desde el principio por el pizpireto Speedy.

Recapitulemos: Millonario, sin poderes visibles, armado con los más curiosos cachivaches, compañero adolescente… sí, ya, que es Batman, vamos.

Efectivamente, Arrow nació dentro de la editorial All American, una especie de hermana pequeña de DC, que mantenía relaciones de lo más cercanas y amables con la editorial madre. Weisinger quería un Batman para su propia editorial, e, inspirado por el caballero oscuro de Gotham, creó esta peculiar mezcla con Robin Hood y un serial de la época llamado “El arquero verde” (ains, la fina línea entre el homenaje y el plagio). En plena fiebre de los ayudantes adolescentes, moda que a mí particularmente me pone bastante nervioso, el señor Queen contaba con la ayuda de Speedy, protagonistas de aventuras típicas del optimismo colorista de la época, donde las alusiones a Batman eran constantes (incluso la policía de Star City se ponía en contacto con Arrow gracias a una Flecha-señal… casi nada). El héroe cobró cierta importancia, y pasó a formar parte del equipo conocido como “Los siete soldados de la victoria”, auspiciada esa formación por la casa mayor, DC.

Así pasó la mayor parte de los años 40 y 50, a pesar de la crisis que planeó sobra la cabeza del género súper, e incluso tuvo una época dibujada por el mismísimo Jack Kirby. Nunca reventó la lista de ventas, pero gracias a la labor de editor de su papá creativo, se mantuvo en las revistas de cómics de entonces sin cambios aparentes.

Los pimpinela de DC

Los pimpinela de DC

Pero llegan los 70, el funky, los pantalones de campana y la perilla de Green Arrow, cortesía de Neal Adams, que provoca así el primer cambio estético en el personajes desde su creación, aparte de un nuevo diseño en la indumentaria de Arrow. Los cambios no se quedaron en la fachada; todo el concepto del personaje fue revisado por el mítico Dennis O´Neil. Para empezar, le arrebató su fortuna, en plan Caixa Nova Galicia y los preferentistas, y despojó a Oliver Queen de su carácter excesivo y socarrón. Pasó de un irritante Errol Flynn a la conciencia social, mucho más taciturno y comprometido. De hecho, prácticamente se convirtió en un activista de izquierdas, preocupado por los problemas a pie de calle más que en partirse la cara con villanos disfrazados. Este cambio de actitud le lleva a conflictos con otro de los pesos pesados de DC, Green Lantern, contrario a la acción directa de Queen, ataque directo contra la fantasía de control en la que vive Jordan. Ambos se enfrascaron en un viaje a través de América, donde buscan la identidad perdida de la nación. Toman contacto real con los problemas que ahogan a la sociedad americana; el racismo, las desigualdades sociales, los derechos civiles y la drogas son los temas protagonista en esta recordada etapa del arquero esmeralda, de las etapas creativas más aplaudidas de un personaje en toda la historia del subgénero de Superhéroes. El tema de la droga fue especialmente espinoso, al verse implicado uno de los personajes más entrañables de la continuidad de Arrow. Speedy, su ayudante adolescente, caía en la adicción a la heroína, giro inesperado y demoledor para los lectores y para el propio Oliver, destruido por el sentimiento de culpa. En su cruzada por el corazón de América, olvidó los problemas más cercanos, hasta el punto de no ver el terrible infierno en el que se había sumergido Speedy, lo más parecido a un hijo que nunca tuvo (hasta que apareció un hijo de verdad, pero eso un poco más abajo). Gracias a Arrow y a su compañera sentimental, Dinah Laurel Lance (A los seguidores de la serie os suena el nombre, ¿Verdad?) AKA Canario Negro, Speedy consigue salir de su infierno personal.

A pesar de los aplausos, el éxito comercial de la serie no fue el esperado, y poco a poco el personaje se fue diluyendo, hasta que el público perdió el interés. Ni siquiera el tormentoso romance con Canario Negro, ni los cambios radicales en la etapa post Crisis Infinitas justificaban la existencia de una serie regular de Green Arrow. Finalmente, tras muchos palos de ciego, Oliver Queen moría, acto desesperado de la editorial para atraer nuevos lectores, ya que el nuevo arquero era el propio hijo de Oliver Queen (que creció en secreto sin que su padre conociese su existencia), una versión joven y actual que servía de variación sobre el mismo tema.

Pero ni con esas.

Entonces llega Kevin Smith. El tipo de Clerks. El director más reconocible del cine independiente noventero, que no pudo decir no a los cantos de sirena de las editoriales de cómics. Él, fan irredento del noveno arte, como se había propuesto demostrar en sus películas, se vino arriba cuando desde el nuevo Marvel de Joe Quesada (algún día habrá venganza, Joe) le dejaron jugar con Daredevil.

Green Arrow versión Cani.

Green Arrow versión Cani.

En DC tomaron nota de las cifras de ventas, y ligieron al de New Jersey para sacar adelante un personaje que jamás había estado en el top ten de ventas, que había caído en el olvido, y languidecía en el limbo, como Ana Obregón esperando el posado de verano. Resultado, un éxito brutal, cifras de ventas imposibles, celebración con vino del bueno en las oficinas de DC. Oliver Queen regresaba de la muerte, con la misma actitud cañera y políticamente activa, mezclado con el sentido del humor de Smith, pero también su sensibilidad y tratamiento de personajes magistral. Una etapa donde lo mágico y lo mundano se dan la mano. Posiblemente, lo mejor que ha hecho Smith en sus coqueteos con el cómic, y uno de los momentos que más disfruté, cuando un yo mismo adolescente pedía algo mejor que Youngblood. Que malos fueron los 90 para el cómic USA, chavales. Con Arrow en el Olimpo, Smith cede su testigo a otro peso pesado de la industria, Judd Winnick, que, entre otras cosas, convertía en marido y mujer, por fin, a nuestro perillas favorito y su eterno amor tormentoso, Canario Negro.

Después de Winnick, de nuevo el ostracismo y la caída constante en ventas y calidad. El personaje se colaba, mientras tanto, en el plantel de protagonistas de la afamada Smallville, convertido en una pieza clave en las últimas temporadas de la serie. Presentado como un joven lleno de misterios y enredado en peleas comerciales con los Luthor, poco quedaba del idealista justiciero que pululaba por las páginas de su colección en los 70, y que marcó en canon a seguir en lo sucesorio. Diré, que, en lo personal, el Green Arrow de Smallville me parecía un listillo, un mierdas y me apetecía cruzarle la cara todo el rato (momento macarra patrocinado por Jack Daniels).

Pero nadie dudaba del potencial de un icono muy reconocible dentro de la DC, que ha sobrevivido a los mil y un cambios producidos en la editorial, manteniendo su esencia inamovible. Estaba claro que en la revolución del nuevo universo DC, Oliver Queen tendría su lugar entre las estrellas de la casa. El problema fue que la colección no respondía a las exigencias ni de crítica, ni de público. Los encargados del nuevo origen del héroe fueron el guionista J.T. Krull y el mítico dibujante Dan Jurgens (los más veteranos recordarán que fue este autor el responsable de la celebre muerte de Superman a manos de Doomsday), y, desde el primer momento, era evidente que la colección erraba en conceptos e intenciones. Nos presentaban a un Oliver Queen más joven que en encarnaciones anteriores, bastante bocachancla e irritante como un vecino reggetonero, incapaz de establecer una conexión con los lectores. Su carácter contrastaba con su pasado, todo era contradictorio y excesivo, así que el equipo creativo duró menos que un comentario de Sara Carbonero. Como tabla de salvación, llegó Anne Nocenti y es entonces cuando pongo al personaje en su más rabiosa actualidad (¡¡por Tchulu, pero que bien que hilo!!!).

Oliver Queen muy viejuno, y su momento de gloria a manos de Frank Miller

Oliver Queen muy viejuno, y su momento de gloria a manos de Frank Miller

Ann Nocenti escribe de nuevo, regocijo y algarabía, hermanos y hermanas. No sé si tenéis muy claro hasta que punto hemos de reverenciar la labor de esta mítica guionista y editora. De su colaboración con Christ Claremont nacieron las mejores páginas jamás escritas de los hombres X, puesto que ella era la responsable de la franquicia mutante en ese mágico momento. Esa clase de colaboraciones que hacen grande la maravillosa labor de editar tebeos. Aparte, fue responsable de los guiones de Daredevil junto a Romita Jr, etapa de calidad magistral que ya comenté en esta vuestra página hace un tiempo. Incluso se atrevió a continuar la rompedora Kid Eternity, de nuestro pirado favorito, Grant Morrison (¿Pensabais que escribiría un artículo en el que no le nombre?), colección de escaso rodaje y calidad bastante inferior al trabajo de Morrison, pero que era un compendio fenomenal de fobias y filias de esta escritora de poderosas ideas y convicciones. Luchadora, de abierto posicionamiento político, feminista, concienciada con los problemas de la calle, pero, al mismo tiempo, obsesionada con el misticismo y el mundo de lo oculto. Una de mis escritoras de cómics favoritas, por si no lo habéis notado.

Aterriza en Green Arrow de manera transitoria, y es el primer contacto con la nueva realidad del personaje que tenemos en España. ECC, responsables de la edición de los cómics DC en nuestro país, ha decidido, de manera inteligente, obviar los números escritos por Krull, y pasar directamente a los guiones de Nocenti. Etapa, como digo, transitoria, aunque interesante para ponerse al día con el nuevo entorno de Oliver Queen.

Además, podemos ver a nuestro arquero favo como parte de la formación de la Liga de la Justicia de América, grupo de segundones muy interesante que ha hecho su debut en ECC hace un mes. Tiene una pinta bestial, digo, con Geoff Johns a los mandos, y con David Finch pletórico en los lápices.

El futuro del personaje, esplendoroso. La serie Arrow ha puesto en perspectiva al señor Queen, por lo que DC se ha tomado muy en serio la franquicia. Ante el impulso que la colección puede recibir por la popularidad de su homónimo televisivo, ha apostado duro por la continuidad de la serie regular, y en los próximos meses veremos publicado el nuevo amanecer de Flecha Verde dentro de los nuevos 52. No es exactamente un borrón y cuenta nueva, pero sí un loable trabajo por la calidad de unos tebeos que el personaje se merece. Al frente del nuevo giro de tuerca, Jeff Lemire, salva culos oficial del nuevo universo DC, y artífice principal de la estructura de estos nuevos 52 junto con Geoff Johns y Scott Snyder. Como digo, la apuesta es solvente, pero es que el órdago no se queda ahí; el elegido para el apartado visual del cómic es Andrea Sorrentino, artista que entra sin duda en mi top cinco de mejores dibujantes de cómics de los últimos años. Ya hemos visto su impresionante trabajo en la irregular “Yo, Vampiro”, también de DC. Pero el arsenal que tiene preparado Sorrentino para esta nueva etapa es de escándalo.

El poderío del sensacional Andrea Sorrentino

El poderío del sensacional Andrea Sorrentino

Resumen, el futuro de Oliver Queen está asegurado. La serie de televisión está funcionando de miedo, por lo que la cancelación de la colección regular no entra dentro de ningún plan con cabeza (si hubiese sido otro personaje, quizá DC no se hubiese tomado tantas molestias para reflotarlo). La versión televisiva no deja de ser un culebrón un tanto previsible, en el que los paralelismos con Batman son todavía más exagerado. Los conflictos morales del Oliver de la pequeña pantalla me dejan un poco descolocado por lo chaquetero que es con su propia conciencia, pero en general hay que reconocer su sencillez como algo positivo entre tanta grandilocuencia televisiva exagerada en los últimos años. Además, es muy divertido ver a clásicos de la casa en su versión de carne y hueso, como La Cazadora (ains, reains, y requeteains), el futuro Speedy/Arsenal, Deathstroke, el Conde Vértigo, Deadshot, y futuras sorpresas que nos prometen con la llegada de la nueva temporada. Más misterio de la isla, más entretenimiento puro y duro, más Feliciy Smoak (mi personaje favorito de toda la serie, digo) y más excusas peregrinas para que el protagonista se quite la camiseta, agravio comparativo cuando veo la serie con mi churry y ella babea (Tiembla, Mario Casas, que te quitan el podio).

Pensad en verde, niños y niñas. El mundo sería menos chachi sin segundones.

@SantiagoNeg