Publicado el 11 de Septiembre del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
Como un guante de seda forjado en hierro: Aquí está es la pesadilla

El arte ha muerto, viva el arte. Su definición más básica es la búsqueda de la belleza, la manera de acercarnos a los dioses, comunicarnos de forma directa con los cielos en una maraña estética de pensamientos y expresiones. Pero no nos equivoquemos, el arte imita la realidad. Y en la vida real existe lo feo, lo terrible, aquello que desearíamos que permanezca oculto, la esencia contraria de la búsqueda mística que en principio es la obra de arte. Si algo nos ha traído la evolución de nuestra capacidad creativa es la aceptación de esa oscuridad y su inclusión dentro del canon. La idea de un lenguaje con los dioses deja paso al diálogo del ser humano consigo mismo, con sus errores y defectos. La entrada en escena del Psicoanálisis deja el campo abierto para que nuestros monstruos cobren forma, la esencia de las pesadillas se hace luz.

Terapias alternativas, tú

Terapias alternativas, tú

Daniel Clowes ha venido para dibujar vuestro miedo. Ha buceado en la basura, ha decidido compartirla con vosotros. Después de leer “Como un guante de seda forjado en hierro” necesitaréis unos minutos, os perderéis en el camino de vuelta a la realidad. Daniel Clowes os ha llevado de viaje al último sitio al que querríais ir.

Clowes ha sido una de las imágenes más reconocibles del cómic independiente americano. Consiguió su momento más notable en los 90, con la adaptación al cine de “Ghost World”, un retrato de la adolescencia descolocada de aquella década, que contaba en su reparto con unas muy adolescentes Thora Birtch y Scarlett Johansson. Él mismo fue el responsable del guión, por lo que la película era una fiel adaptación de las intenciones y espíritu de la obra original. Sencillez de comedia ligera, con esos tintes intelectuales tan propios del cine independiente de la época, narrado con simpatía tragicómica, desde el punto de vista de frío observador del que suele hacer gala el señor Clowes.

Antes de Ghost World, antes del reconocimiento, Clowes perpetró un serial en diez partes que no dejó indiferente a ninguno de sus lectores. Unos se sentían fascinados, otros asqueados, pero nadie podía permanecer ajeno a lo que ese cómic había hecho por dentro, las sensaciones nada cómodas que se experimentan en cada página. Ese serial es el cómic del que hoy os hablo. Como un guante de seda forjado en hierro.

La acción nos sitúa en un cine X, tan sórdido como se espera de este tipo de locales. El protagonista, Clay, observa fascinado la inquietante película que se proyecta como fogonazos de un mal sueño. Según avanza la desconcertante narración, Clay queda impresionado por la actriz principal. Decide ir en su busca, lo que da comienzo a la extraña odisea de Clay por el alma oscura de América.

Clowes ofrece al lector una perversión del más clásico viaje del héroe, que, como no puede ser de otra forma, comienza con una visita al oráculo. Clay parte en búsqueda de su Itaca personal, sin tener muy claro el por qué de su andadura, víctima de los vaivenes imposibles a los que se verá sometido por parte de la galería de secundarios más descorazonadora que recuerde en un cómic. Personajes lastrados por su deformidades físicas visibles, la inestabilidad mental; miedos, obsesiones, marcados por el peso de la soledad. Colección de tarados que se mueven ente lo entrañable y lo disfuncional, almas desmontadas que viven en una turbia nebulosa de malsana ensoñación.

La ciudad no es para mí

La ciudad no es para mí

Sectas mesiánicas que poco tienen que envidiar a la familia Manson, conspiraciones, perros sin orificios, entornos urbanos desérticos y amenazadores, relaciones humanas enfermizas, rotas, toda la colección de pulsos sexuales transformados en tortura y culpa. No hay nada simpático, ni un atisbo de sentido del humor. La frialdad narrativa de Clowes se hace afilada e hiriente, no hay piedad para el lector. La bondad, el amor, son sustituidos por la obsesión y la furia. El dibujo de Clowes es sencillo, rico en emociones; su estructura de página es clásica, pero meticulosa y absorbente, repetitiva como un mantra estético lleno de intención, el ataque directo a lo más escondido y profundo de tu mente. El lugar donde guardas todos tus monstruos. Lo cotidiano se pervierte, se crea un ambiente onírico a base de habitaciones de hotel, juegos de espejos, arte dentro de arte, el cine transmutado en genio engañador, moldeando al gusto la coherencia de este oscuro cuento. La narración de Clowes parece inconexa y descabalada, pero todo tiene sentido al rendirnos a la evidencia; la imaginación es un arma, y se ha vuelto contra nosotros.

La violencia es seca, casi irreal, las imágenes de películas extrañas y vacías de cualquier emoción se mezclan con los descarnados sueños de Clay, al mismo tiempo que la realidad misma cobra identidad de pesadilla. Clowes nos relata un viaje sobre el sentido último del poder de la creación artística, mientras lleva a su anodino héroe al punto de no retorno, con la terrible idea de que el inquietante protagonista de esta historia no es dueño de su destino.

Lectura traviesa, dura, nada complaciente. Leer “Como un guante de seda forjado en hierro” te alejará de todas las ideas preconcebidas que tienes sobre el arte de narrar cómics. Te acercará a otro tipo de experiencias, como el cine de David Lynch, otro maestro del viaje onírico y la reflexión acerca del propio arte (ved Island Empire. De verdad). Puede que las extrañas intersecciones y cambios de ritmo que Clowes usa como elemento principal de su narrativa, resulten confusas. No os equivoquéis. No busquéis sentido. Igual que no lo buscasteis anoche, tras vuestra última pesadilla.

simpático,¿ no? Pues cuidadito con el monigote este.

simpático,¿ no? Pues cuidadito con el monigote este.

Simplemente, os disteis la vuelta, dormisteis de nuevo.

Dulces sueños. Si podéis dormir con este guante enfundado.

@SantiagoNeg