Publicado el 20 de Septiembre del 2013 por Capitan_Melenas en Cine
Ajeossi: The man from Nowhere. Lirismo y sangre

 

Llevo un tiempo avisando: al loro con el cine coreano. Las películas que llegan de tan lejano paraje tienen algunos de los más hermosos ejemplos de equilibrio cinematográfico. Con independencia del género que trabajan o de la historia que nos quieren contar, gozan de lirismo y personalidad de sobra para dar envidia al 90% de las obras que se producen en occidente, da igual el lado del charco. Un sentido de la estética motivado por la sencillez y naturalidad se acompaña de un modelo narrativo de primer orden, donde las cosas ocurren por el desarrollo dramático de los acontecimientos, nada de trucos baratos o efectismo literario. Amigos, lo digo en voz alta, es un modelo de película que a mi, personalmente, me tiene enamorado. Cada vez que me pongo delante de alguna de estas películas me descubro asombrado, en tensión, involucrado a todos los niveles con lo que ocurre en la pantalla. Una serie de sensaciones, de posiciones emocionales que pocas filmografías nacionales me producen en conjunto. No es de extrañar que Hollywood mire de reojo a lo que ocurre al otro lado del mundo, e incluso ya está a punto de estrenarse la versión USA de “Old Boy”. La película que hoy os traigo es otro ejemplo más del tarro de las esencias destapado en esa porción de Asia.

Era repartir tollinas o hacerme bajista de 30 seconds to mars

Era repartir tollinas o hacerme bajista de 30 seconds to mars

The man from Nowhere nos cuenta la historia de Cha Tae, personaje huraño y osco, alejado de todo contacto con la realidad. Regenta una pequeña tienda de empeños, en silencio, envuelto en su burbuja de fría indiferencia. El único rescoldo que queda de sus relaciones humanas son los encuentros habituales con una de las niñas del vecindario, que aporta algo de inocencia al oscuro mundo de Cha, aunque la chiquilla es víctima del abandono por parte de su madre drogadicta, envuelta en un turbio asunto de tráfico de drogas con la organización criminal para la que trabaja. En el momento en el que los delincuentes invaden el tranquilo mundo que Cha ha construido y ve a su pequeña amiga en peligro, el enigmático joven desata toda la furia acumulada y se azotan todos los fantasmas de un pasado tormentoso.

Vamos, que tras un buen trabajo de creación de ambientes y contextos, se abre el tarro de lo mamporros y es un no parar.

Lee-Jeong Beom, el director de esta cinta, se toma su tiempo. No tiene prisa por que la mecha llegue a su fin, no le interesa un espectáculo vacío de sangre derramada por excusas triviales sin consistencia. La relación entre Cha Tae y su pequeña vecina se desarrollan en la cotidianidad triste del día a día de la muchacha, una paria social a dos telediarios de caer en la delincuencia juvenil, carcomida por la sensación de abandono y la falta de cariño. Introduce a los secundarios de forma contenida, meditada, desde el grupo de policías que acecha a la organización criminal, hasta los mafiosos de medio pelo transformados en monstruos por una ambición desmedida y el deprecio total por la vida humana. Si nos ponemos quejicas, podemos decir que estos personajes no dejan de ser clichés, vistos en mil y una situaciones, arquetipos arrancados en su versión más básica. Incluso diríamos que la acción es melodramática en exceso, que nuestro posicionamiento moral respecto a lo que ocurre es forzoso, que una niña adorable en peligro es un golpe bajo. Pero creo, sinceramente, que una de las cosas que hacen grande a una historia es la habilidad del narrador para el juego con esos tópicos, y construir un producto atractivo, que no menosprecie al espectador y que hable con un lenguaje que entienda cualquiera que se enfrente al encuentro con la obra, a no ser que sea un tipo de cine más experimental, complejo o dirigido a un público específico.

Con este plano, es que se huele el olor a jarabe de hostia

Con este plano, es que se huele el aroma a jarabe de hostia

Beom no deja que sus personajes se le escapen, no los transforma en excusa para desatar una tormenta de bofetadas. De hecho, es una película larga, con un tramo extenso que nos sirve como presentación y primer acto. Mima a sus protagonistas, nos hace partícipes de su mundo de manera entrañable y real. Cuando sentimos la escala de emociones que nos tiene preparada esta película, no es algo artificial, ocurre porque nos hemos implicado con la historia. Precisamente, porque es pequeña, simple.

Pero la auténtica grandeza de esta película es la habilidad de Beom detrás de la cámara. Es un director excepcional, que mide con maestría los tempos que exige su historia, que no necesita grandes alardes de narrativa visual esquizofrénica y acelerada tan propia del cine de acción, claridad, luz, quietud, calma. La violencia que maneja Beong es cruda, pero prefiere esconder más que salpicarnos con sangre en la cara. La primera parte de la película toma partido por una serie de curiosas soluciones de violencia elíptica, fuera de plano. No lo hace por una falsa moral, ni por protección del espectador ante las roturas de tibia y peroné que ocurren tras el muro. Es, simplemente, que aún no es el momento de mostrar todas las cartas.

Cuando eso ocurre, en el instante que Cha comienza su escalada de violencia, ya no hay excusas ni contención. Old boy meets Bourne, chavales. La cámara, aunque contenida, comienza el baile; Cha es una máquina fría y despiadada, que no ha venido a hacer prisioneros. Es consciente de que se ha embarcado en un camino sin retorno, una encrucijada entre la venganza personal y la cruzada, así que acepta las consecuencias de sus actos en el desastre tras el huracán que cierra la historia. La última hora de película es un fabuloso in crescendo que me tenía agarradas las tripas, y el corazón a mil. Por trepidante, por la emoción cruda, por el exceso casi de cómic que envolvía la acción desatada. Es que me levanté y aplaudí, tíos. Así de claro.

Otra muestra más de que el cine comercial también puede ser buen cine, una idea que defenderé hasta el fin de mis días ante los excesos gafapastiles de algunos, tan memos y vacíos como la más artificiosa de las producciones de Michael Bay (hala, id a llorar a un Starbucks, flipaos).

Me vas quitando el cuchillito, majo, que te va a doler

Me vas quitando el cuchillito, majo, que te va a doler

Cine coreano. Sirve para quedar bien cuando habláis de cine en esas conversaciones de a ver quién la tiene más larga, y además, os lo vais a pasar pipa con el visionado de alguna de las mejores películas que he visto en los últimos tiempos.

Y ya está.

@SantiagoNeg