Publicado el 26 de Septiembre del 2013 por Germánico en Libros
Hablemos de Libros: El Libro de los Portales.

5/5

Por alguna razón que no llego a descubrir, nunca había leído un libro de la valenciana Laura Gallego. Casi siempre me he encontrado con algunos títulos como Memorias de Idhún y Alas de Fuego por las tiendas y librerías que paso a “visitar”… Y sin embargo, no, nunca uno de sus libros llegó a mis manos. Pero este domingo, Frikis Míos, fue diferente.

Después de una estancia más que agradable en la capital española, mientras esperaba el bus que me llevara al hogar, dulce hogar, me topé con El Libro de los Portales, de Ediciones Minotauro. Y esta vez sí, esta vez cayó en mis manos y tras leer la sinopsis de la contraportada me dije: puede ser interesante. Y sí que ha sido interesante.

Pero como siempre, dejad que os cuente un poco de qué va. Bien, existe un reino llamado Darusia que tiene una de las redes de comunicación y transporte más impresionantes del mundo: los portales de viaje. Sólo los pintores (pintapuertas, granates) de la Academia de los Portales son los únicos que saben cómo dibujarlos y, para ello, necesitan una pintura que extraen de un mineral de color granate que llaman bodarita. La Academia posee rígidas normas, un calendario lectivo abultado y una exhaustiva formación. Allí se encuentra el estudiante modelo Tabit, del último año, a punto de convertirse en Maese. Nuestro querido Tabit recibe el encargo (que será su examen final) de pintar un portal para un joven campesino y, sin saber por qué, cuando está a punto de ir a realizar su trabajo (tras haber hecho las mediciones y demás) la Academia le dice que no, que no debe pintarlo. Ahí comienza todo.

“No existen fronteras para aquellos que se atreven a mirar más allá” Maese Belban de Vanicia.

Tabit se irá involucrando en una trama de intrigas y secretos que jamás creería posibles, junto a Caliandra (otra estudiante), Tash (pequeño minero), Yunek (campesino) y Rodak (guardián de portales). Irá desde encontrarse con la bodarita azul y sus propiedades hasta la desaparición de un profesor, pasando por robo de portales, amenazas e, incluso, asesinatos.

Vamos, que lo tiene todo.

Me ha encantado y eso es así. Su lectura no es sólo sencilla y gratificante, sino que además es apasionante. Una vez has leído los dos primeros capítulos no puedes dejar de leer. ¿Podía dejar de leer? No, no podía dejar de leer. La historia va subiendo en intensidad hasta que allá por la mitad del libro nos vemos rebosados, inquietos e incluso acongojados. Bien es verdad que ese nivel de tensión (que hasta amenaza con explotar en nuestra cara) no llega a mantenerse en todo lo que resta de novela, o quizá sí pero deje de incrementarse de forma exponencial como hace hasta ese punto, pero sigue siendo delicioso el mero hecho de leer cada una de las páginas que vienen.

La historia está bien hilada, bien montada, es fácil de entender (dentro de lo que cabe, claro, si hablamos de los portales… telica) y contiene todo lo necesario: investigación, peleas (pocas, pero está ese miedo ahí), mundos fantásticos, extrañas criaturas, viejos locos y también tiene sus historias de amor.

Hablemos de esto último: no soy un gran apasionado de estos capítulos románticos que todos tenemos que aguantar en prácticamente todas las novelas conocidas, de una forma u otra. Si bien el romanticismo de El Libro de los Portales viene un poco a cuentagotas, es un amor adolescente y bastante previsible (salvo en una ocasión, ahí he de reconocer que Laura Gallego me dejó picueto picueto).

Los personajes también tienen lo suyo y es sorprendente toda la historia que se esconde detrás de cada uno y que parece seguirles como una sombra. Pueden ser complejas, pueden ser más sencillas, pero todas tienen algo en común y es que: no juzgues si no conoces. En cuanto a la vida y obra de los personajes, encuentro especialmente cautivadora la de Tash, la verdad. Y hasta aquí puedo leer.

Y ahora pasemos al final: sorprendente. Llegó un momento en el que me dije: Queda poco para que se acabe el libro y parece que estamos lejos de salir de esta, ¿eh, Tabit y Cía? (sí, hablo con los personajes mientras leo). Me pregunté cómo lo haría Laura Gallego y no me disgustó. De hecho, el final me impresionó de alguna forma y el epílogo me pareció una verdadera exquisitez, una forma de dar un final perfecto a una historia que, de haber acabado con el final “final”, nos habría parecido insuficiente.

En fin, ¿recomendable? Por supuesto.

Y recordad: No hay fronteras.