Publicado el 1 de Octubre del 2013 por Rukia-K en Series
Elogio de Heisenberg

MAJOR SPOILERS

Ya podemos afirmar con total seguridad que Breaking Bad se posiciona como triunfadora en el podio de las series, con un guion redondo en el que todas las escenas y todos los detalles tienen un significado profundamente relacionado con la historia.

Breaking Bad es, ante todo, el relato de la metamorfosis de Walter White, un profesor de química de vida anodina, casado con una mujer castrante que no lo quiere (como se observa ya desde el primer episodio) y con una vida social aburrida en la que muchas veces termina siendo objeto de mofa por su retraimiento.

La noticia de que padece cáncer de pulmón, pese a no haber fumado jamás, supone el punto de inflexión en su insustancial vida. No en vano, sus primeras decisiones tras este despertar serán dejar su segundo trabajo en un lavadero de coches donde tiene que aguantar las humillaciones de su jefe, y utilizar sus conocimientos científicos para elaborar la metanfetamina más pura que haya conocido el mercado nacional e internacional.

De manera premonitoria, el todavía profesor de instituto Mr. White hablará en el segundo episodio a sus alumnos de lo que iba a ser su viaje sin retorno:

“El término “quiral” viene de la palabra griega “mano”. La idea es que, igual que la mano izquierda y la derecha son imágenes espejo la una de la otra, idénticas, pero opuestas, también dos compuestos orgánicos pueden ser imágenes espejo el uno del otro a nivel molecular. Pero, aunque parezcan iguales, no siempre se comportan de igual forma. Por ejemplo, la Talidomida. El isómero derecho de la droga Talidomida es un buen medicamento para la mujer embarazada, ya que evita las náuseas, pero si por error se le da a la misma mujer embarazada el isómero izquierdo de la Talidomida, su niño nacerá con horribles defectos físicos. Así pues, quiral, quiralidad: imágenes espejo. Activo, inactivo. Bueno, malo.”

Walter White y su imagen espejo, Heisenberg. El padre y esposo abnegado, insignificante y echado a perder en la medianía de sus desagradecidos y mal pagados trabajos y su círculo familiar y social,  y su quiral, el hombre apasionado que utiliza su elevado ingenio e inteligencia para convertirse en un triunfador en su negocio, respetado y temido.

Walter White como Gregor Samsa en La metamorfosis de Kafka, un ser cada vez más deleznable a los ojos de su familia; admirable para los que aprecian y viven en la transgresión, e incomprensible para sí mismo, hasta el punto de que tarda 62 episodios en reconocer que todo lo que ha hecho ha sido porque le gustaba, para sentirse vivo.

A lo largo de su transformación podemos ver cómo va perdiendo la comunicación con su primogénito, Walter Junior, mientras se siente cada día más cercano a Jesse. Porque Jesse es el hijo de Heisenberg, del “yo” que le gusta ser, mientras su propio hijo es tan sólo un extraño que se aferra a la falsa idea de que su padre es un vulgar y gris hombre de clase media estadounidense sin mayor aspiración que hacer lo que le ordene su triste esposa.

El episodio en el que, desesperado, llora de dolor ante Walter Junior y se confunde llamándolo “Jesse” muestra ese lazo que le une con su joven exalumno y compañero de negocios.

Hank será el único que se dé cuenta de ese vínculo de Heisenberg con Jesse cuando, tras investigar sus movimientos, enumere todas y cada una de las acciones que ha realizado por ayudarlo, incluyendo el tratamiento de desintoxicación. Porque Hank, una vez que sufre la catarsis de descubrir las actividades de su cuñado, aprovecha su conocimiento tanto de Walter White como de Heisenberg para atacarlo en sus debilidades.

El mejor oponente entre una larga lista de antagonistas y enemigos será así Hank, que es el único que entiende la quiralidad de Heisenberg. No obstante, y pese a la brillante investigación llevada a cabo, Heisenberg, incluso sin quererlo, logra salir airoso cuando ya daba todo por perdido.

Las continuas trabas que se presentan en su camino no sólo no matan a Heisenberg, sino que lo hacen más fuerte. Sus planes para librarse de todas las dificultades, que llegan a niveles épicos en los casos del cártel mexicano, Gus Fring y, por último, la familia neonazi de Todd son un alarde de ingenio que difícilmente se puede superar.

Se echan de menos en la serie, por nombrar el que tal vez sea su único fallo, personajes femeninos inteligentes y que no estén emocionalmente desequilibrados, mujeres lúcidas y astutas que estén como mínimo a la altura de personajes masculinos como Mike, Saul, Gus o Hank.

En este sentido quizá el personaje de Lydia haya sido el más descuidado, pues ella, distribuidora internacional de metanfetamina y con una doble vida como ejecutiva en una empresa, sería la candidata idónea a némesis de Heisenberg, y no lo que tristemente es su personaje: una snob histérica que apenas puede pensar claramente en cuanto le surgen obstáculos.

No obstante, y a pesar de esta carencia del guion, Breaking Bad sigue mereciendo el podio, además de por ser una exquisitez narrativa y audiovisual, por considerar al público inteligente; por atreverse a narrar los apasionantes últimos días de un hombre brillante que estaba desaprovechado en un entorno mediocre y que se lanzó a ser protagonista de su propia historia y, sobre todo, por no haber caído en la moralina.

@RuthMartinezSch