Publicado el 7 de Octubre del 2013 por Capitan_Melenas en Cine
Cat People: Sigiloso como una sombra (Comparativa 1942-1982)

Parece que vivimos en un mundo sin imaginación. Da la sensación de que todo está contado, atrapado en un eterno retorno, repetición constante de ideas, variaciones sobre el mismo tema. Aunque hay algo de verdad en ese pensamiento, desde mi punto de vista es una reducción al mínimo de un mundo mucho más complejo. Si hablamos de cine, se produce una cantidad ingente de películas al año. La mayoría de lo que llega a nuestras pantallas es la cara más comercial, insulsa y cobarde del mercado estadounidense, con honrosas excepciones. Los productores apuestan por lo fácil, lo que llena de manera rápida y eficaz las arcas, invadiendo con vacíos espectáculos 3D, secuelas, remakes y nulidad las pantallas de medio mundo. No todo es así, ni siquiera en USA. Lo que ocurres es que las distribuidoras nunca se han caracterizado por una valentía excesiva, y las pocas que se atrevían con productos diferentes desaparecen ahogados por la decadencia y políticas culturales nefastas.

Simone Simon: Majestuosa

Simone Simon: Majestuosa

Pero seamos honestos; esto del remake y el lavado de cara de éxitos anteriores no es, ni de lejos, algo nuevo. Ha sido un recurso comercial a lo largo de la historia del cine desde hace tiempo, sobre todo a partir de los años 80. Algunas de estas películas han superado a su original, transformados en clásicos por sus propios méritos, como en el caso de “La cosa”, de John Carpenter (Remake del filme del año 1951, dirigido por Richard Hawks).

Hoy haremos una especie de juego de las diferencias,  partiendo de una de mis películas favoritas, “La mujer pantera”, de 1942, en comparativa con el remake que en 1982 perpetró Paul Schrader. Esos 40 años de diferencia entre una película y otra nos sitúan en una posición perfecta, que permite un vistazo esclarecedor de las diferencias estéticas y técnicas que suponen la evolución en la historia del cine.

Empecemos, pues, el viaje, en la lejana década de los 40, cuando en el cine aún se soñaba en blanco y negro.

La película original de Jacques Tourneaur es una de las mejores películas jamás rodadas, así de claro. Adoro esta cinta en todas sus facetas, y no soy el único. Turner Classic Movies la incluyó en su lista de “50 películas que deberías ver antes de morir”. Me declaro incondicional del cine en blanco y negro y del Hollywood clásico. Esta historia me emociona desde el minuto uno, con la legendaria introducción de la productora RKO. Fue en esta productora donde Tourneur consiguió su fama internacional, gracias a dos películas básicas para entender el género de terror; la que hoy nos ocupa, “Cat People”, y la imprescindible “Yo anduve con un Zombi”, una historia de misterio y vudú.

“La mujer pantera” se nutre de un básico “chico conoce chica”, el principio más simple de el noble arte de la narración. Oliver, ingeniero naval neoyorkino, se presenta a Irena mientras ésta dibuja una pantera en el zoo de Central Park. La muchacha, de origen balcánico, dice esconder un terrible secreto, a cuenta de las leyendas de su país de origen. Oliver no está dispuesto a perder el amor de Irena por lo que él considera superchería, así que finalmente se casa con la misteriosa belleza del este europeo.

Es que menudos Suovenirs raros que tenéis en tu pueblo, nena

Es que menudos Suovenirs raros que tenéis en tu pueblo, nena

Los temores de Irina se convierten en obsesión, pues está convencida de que se transformará en una bestia sanguinaria cuando pierda su virginidad. Lo que todos piensan locura, es un obstáculo que mina la paciencia de Oliver, refugiado en la amistad de su compañera Alice. Los celos no tardarán en hacer mella en Irena, que sufre en carne propia la maldición que persigue a los suyos.

Tourneur construye una historia sobre la losa del pasado, los pecados de nuestros padres, el choque cultural entre la vieja y supersticiosa Europa contra la moderna y materialista América. Él mismo vivió este enfrentamiento en sus carnes, proveniente de Francia pero nacionalizado estadounidense. La premisa del amor roto y posterior venganza cobra fuerza nueva al introducir el elemento fantástico, tratado con una elegancia y discreción magistrales. Tourneur muestra un comedimiento que roza lo teatral, la fuerza recae de manera sobresaliente en los personajes, con especial protagonismo del elenco femenino. Simone Simon esgrime su misteriosa belleza de manera afilada y letal. La tierna mujer enamorada del comienzo muta en fuerza de la naturaleza en el momento en el que los celos destruyen su psique. De vivir obsesionada con la leyenda, convierte su miedo en la clave de su venganza.

Cada escena es magnífica, pensada y medida al milímetro; cada movimiento de cámara está cargado de belleza e intencionalidad, el simbolismo es poderoso. El contraste del blanco y negro es parte imprescindible de la fábula, juego de espejos, luces y sombras, que llega a su apogeo en una de mis escenas favoritas de la historia del cine: el baño en la piscina, Alice presa del pánico, rincones oscuros, el hipnótico movimiento del agua, tensión de varios quilates, y tú, afortunado espectador, te levantas y aplaudes cuando Tourneur resuelve la escena de manera brillante.

Y esto es cine, amigos.

 Pasemos ahora a la imagen en el espejo. Con todos ustedes, el Remake de “Cat people”, que en España se llamó “El beso de la mujer pantera”. Sí, efectivamente, la base es la misma, pero hay diferencias tan brutales en forma y fondo que, aparte de lugares comunes, son películas completamente distintas. Si “La mujer pantera” del 42 era un melodrama emocional desgarrador, su contrapartida ochentera se transforma en ejercicio estético subido de tono, muy propio de la época, dando mucho más empaque al contexto sexual del origen de los cambia formas. El responsable de la realización es Paul Schrader, director de filmografía irregular, pero auténtica leyenda de la escritura de guiones, donde realmente es considerado uno de los grandes. Pertenece a la generación que nos dio a Spielberg, Lucas y Scorsese. Precisamente, al lado de este último, escribió alguna de las páginas más memorables del cine, autor de los libretos de “Taxi Driver” o “Toro Salvaje”. Sí, chavales, no hablamos de un cualquiera. Pero que seas un escritor de primera no te convierte en un director a la altura, y eso es lo que pasa con el bueno de Paul. Y que tengas un material original tan brutal como la película de 1942, no quiere decir que tu película sea un techado de virtudes, precisamente. Más cuando te pasas las premisas de la original por el arco del triunfo, complicas la trama de manera absurda, y resuelves la papeleta a cañonazos. Claro que, si la bala es Natasha Kinski, la cosa es más llevadera.

Mira que me ha costado encontrar una foto de Natasha Kinski vestida

Mira que me ha costado encontrar una foto de Natasha Kinski vestida

En este caso, Irena es una joven apocada y algo chapada a la antigua, que ha sido criada por una familia adoptiva tras la muerte de sus padres. Reaparece en su vida el hermano que daba por perdido, por lo que acude a Nueva Orleans para encontrarse de nuevo con una parte de su vida que desconoce. Una vez en la casa familiar, descubrirá el terrible pasado de su familia, y las auténticas intenciones de su hermano. Al mismo tiempo que descubre la bestia en su interior, se encuentra con la irrefrenable pasión que siente por Oliver, el aguerrido responsable del zoo local.

Como veis, hasta en la sinopsis las diferencias son sustanciales. Juguemos ahora al juego de las diferencias que os proponía al principio.

¿Qué tenemos en esta versión del 82? Un videoclip vaporoso, el triunfo de la estética por encima del fondo que tanto dio de sí en aquella década, adornado todo ello con la banda sonora de David Bowie en la época que descubrió los sintetizadores. De hecho, la música original propuesta por Giorgio Moroder en uno de sus momentos bajos, es un horror conceptual.

Las connotaciones sexuales que en la original se insinuaban, en la película de Schrader se explotan sin filtro, transformando la historia sobre traumas de carácter afectivo sexual en una historia de incesto. Casi nada. Bien es cierto que “La mujer pantera” es producto de la época de la censura puritana y castrante, pero eso obligaba a los directores a ser más elegantes en la búsqueda de soluciones. Schrader entra con alegría al galope en el Thriller erótico, de manera explícita, con un as en la manga: Natasha Kinski, mito de la década por antonomasia. Lo bueno que tenía es que además de cuerpo de pecado, era una actriz más que competente. Belleza enigmática, elegancia de aristócrata, mezclado con ese aire de chica rarita. Un acierto.

Anda por ahí Malcolm McDowell en el papel del hermano, más salido que un numerario del Opus, en el habitual rol de pirado que tan bien se le ha dado al caballero. Mezcla de fanático iluminado con delincuente sexual, el personaje no se define con convicción, y anda perdido por todo el metraje como excusa y desencadenante. Una invención respecto a la historia original que se engulle a sí misma. Os seré sinceros: NO soporto a este actor. Hala, ya lo he dicho.

El misterio que se dibuja en las calles de Nueva Orleans se palpa en el ambiente; otro de los aciertos de la película, el cambio de New York a las mansiones decadentes y pantanos neblinosos.

Según Paul Schreder, la prehistoria era de diseño

Según Paul Schrader, la prehistoria era de diseño

Pero la peli de Schrader hace aguas, a pesar del buen envoltorio. La evolución de Irena es forzada, no entiendo muy bien su cambio de actitud, que la lleva a aceptar la bestia interior. El director aplica el recurso del viaje onírico, un sueño en el que se revela el origen y verdad de la gente pantera. A partir de ahí, Irena se transforma en una depredadora en todos los sentidos. De la contención sexual pasa a la explosión hormonal sin muchas más explicaciones. Somos testigos, incluso, de la transformación física, una buena expresión de los efectos especiales de la época. Como no, unos cuantos retazos de violencia sanguinaria, otro de los excesos propios de los 80, en contrapartida a la muy acertada contención física de su predecesora, más centrada en la lucha interna de los personajes que en los golpes de efecto. Que de eso, en la peli de Schrader hay a patadas. Vamos, que la señorita Irena lama la sangre de su propio himen desgarrado es tan sutil como atracar un banco desnudo con un lazo rosa en la cabeza.

Por eso este ejercicio de porno soft, aunque es un hermoso espectáculo, está tan lejos de la original. Incluso con sus aciertos, es la demostración en imágenes de que las comparaciones son odiosas. Porque aquí también tenemos escena de la piscina. Que era tan, tan, tan buena y perfecta que Schroder la copia casi plano por plano. La resuelve igual. Pero sin el contraste maravilloso del blanco y negro o la habilidad para jugar con la luz de Tourneur. Y con un contexto mucho más débil que en el original, puesto que, como comentaba, el cambio radical de Irena es flojo en la versión ochentera.

Y el final… bueno, ahí lo dejo al gusto. Me parecen adecuados los dos. El de Tourneur, más definitivo y simbólico, una memorable escena en el zoo protagonizada por Irena, con el corazón y el cuerpo roto, dejando escapar a la pantera de su jaula. En el de la versión 82, hermoso y lleno de intención, Irena transformada en su animal interior, acariciada por Oliver a través de unos barrotes que nunca podrán superar.

Ambas hablan de mujeres convertidas en fuerzas implacables. La Irena en blanco y negro, cae presa de su rabia, desengañada, con el corazón partido, abandonada y repudiada, poseída por celos implacables. La Irena de la colorida versión moderna, admite su naturaleza y la abraza con alegría, reflexión acerca de lo destructiva que resulta una pasión desatada. Se puede hablar del papel de lo femenino en estas películas durante horas, pero ese debate lo vamos a dejar para otro momento, que puede traer polémica innecesaria.

Símbolos en narrativa audiovisual, lección 1

Símbolos en narrativa audiovisual, lección 1

La misma idea para dos muestras de cine radicalmente distintas. La erótica de la versión moderna no hace que olvidemos la original ni por un segundo, aunque sea válida en su planteamiento. Es más, con el paso del tiempo, la secuela ha perdido el encanto que sí mantiene la película de los años 40, que es aún magnífico ejemplo de realización ejemplar, tantos años después.

La verdad es que no soy muy fan de las películas eróticas. Casi todas me parecen un quiero y no puedo. No es que sea un mojigato, y me gusta mirar carne como al que más, pero en cuestiones de narrativa, juegan entre la fina línea del buen gusto y lo soez. Salvo muy pocas de la quema, como esta “Cat People” del 82, “Nueve semanas y media” (Yo, a Kim Basinger se lo perdono todo) e “Instinto Básico”, pero por los pelos (Y conste que me refiero al cine americano comercial. Sé que hay buenos ejemplos de erotismo en el séptimo arte, como “Lucía y el sexo” o “Anticristo”, pero el uso del recurso erótico en esas películas es completamente distinto de lo que hablo hoy).

Me gusta más la capacidad resolutiva de directores que no lo tienen tan fácil, que han de tirar de ingenio y poderío visual para captar la atención del público. Por eso me quedo con la impresionante película de 1942, una maravilla que todos los amantes del buen cine, da igual el género que os guste, deberían tener en su lista de grandes.

@SantiagoNeg