Publicado el 11 de Octubre del 2013 por Capitan_Melenas en Cine
Gravity: La emoción del vértigo

 

Ésta es la historia de un chico que soñaba con ser astronauta. Pero aquel chiquillo vivía al lado de unos estudios de cine, y a los 12 años le pusieron su primera cámara en las manos. Sus sueños de inmensidad espacial quedaron en segundo plano, y dedicó su vida al maravilloso arte de contar historias. El tiempo pasa, y el niño se transforma en uno de los directores más prometedores de la cantera mexicana, hasta el punto de que la industria de Hollywood pone el foco en su talento, curtido en producciones independientes en su país de origen. Aunque el sueño de flotar entre las estrellas sigue presente. Y, como todos sabemos, el cine se nutre de esa mágica idea de que los sueños se hacen realidad.

Amanecer en el espacio

Amanecer en el espacio

Creo que Alfonso Cuarón, a estas alturas, ha dejado constancia de su increíble talento al otro lado de una cámara. Nos ha fabricado el mejor Harry Potter con la ya lejana “El prisionero de Azcabán”, un derroche visual que sitúa su película sobre el mago más famoso del mundo muy por encima de otras entregas más mercenarias. Realizó una de las películas sobre ficción especulativa distópica más impresionantes que yo he visto, la excepcional “Hijos de los hombres”, al mismo tiempo que no perdía su esencia de origen y regresaba al cine mexicano con “Y tu mamá también”, de los grandes pelotazos de la cinematografía de dicho país. Ha sabido mezclar trabajos alimentarios con otros más artísticos, pero nunca ha comprometido su personalidad, y cada una de sus películas goza de la marca de la casa. Disfruta de tanta mano ancha en Hollywood que se ha permitido el lujo de rodar “Gravity”,  película nada sencilla, en ninguno de sus elementos, pero que se beneficia de algo de lo que adolecen la mayoría de las películas que se estrenan en un cine: Unidad. Todas las piezas que conforman la narración están perfectamente engranadas, el espectador entiende que lo que ocurre delante de sus ojos es algo especial.

La historia es muy sencilla. No necesitamos introducciones de baratillo, o presentaciones tediosas y forzadas de personajes. Cuarón se desmarca con un “In media res” de primer orden, con los protagonistas en plena misión espacial. Nada espectacular, ni efectismo de opereta. Es rutina. La sensación es la que tienes cuando ves al mecánico que manosea las entrañas de tu coche. Salvo por el impresionante fondo del planeta tierra, o la sensación de agorafobia que produce la soledad oscura del espacio. La única que lo pasa regular es el personaje interpretado por Sandra Bullock, un ratón de laboratorio que se ha visto envuelta en una misión de la NASA por listilla.

Para mí que ha petao el alternador

Para mí que ha petao el alternador

Cuarón nos presenta a la tropa de manera magistral. Ni siquiera vemos la cara del resto de la tripulación. De hecho, de la capitana sólo oímos su voz. Pero sabes que forman parte de un todo, así que no necesitamos información extra sobre su trasfondo.

La acción está engrasada por la presencia de los dos protagonistas, así que no hace falta mucho más. Entonces, la tragedia estalla. Tenemos hora y media por delante de pura montaña rusa, tanto física como emocional. Los personajes se encuentran a la deriva en medio del entorno más hostil para un ser humano. Casi sin oxígeno y sin posibilidades. Dos personajes enfrentados a la prueba de sus vidas.

Cuarón no descubre nada nuevo. La historia ya está contada: Seres humanos en medio de un desastre de proporciones monstruosas. Pero el mexicano está muy lejos de ser un conformista y consigue que una reiteración de esquemas se presente como algo nuevo gracias a la inteligente selección de recursos narrativos. Cada una de las soluciones audiovisuales escogidas para el desarrollo de la aventura son un acierto que construye un sólido ejercicio de realización sublime. Todo el apartado visual se sedimenta sobre larguísimos planos secuencia, rodados con tal elegancia y fluidez que apenas notas las transiciones entre uno y otro. Adoro los planos secuencia, y esta película los borda con milimétrica precisión, al mismo tiempo que regala al espectador la sensación de continuidad necesaria para que olvide el juego de espejos y centre su atención en la angustia de la situación. El otro gran recurso es lo que se conoce como POV, elemento narrativo muy arriesgado, usado en contadas ocasiones por la implicación que exige al espectador. Pocas películas han hecho esta técnica protagonista, y muchas menos lo han hecho con acierto. Que recuerde, la única que consiguió un efecto realmente primordial para la historia fue “Días extraños”, la fenomenal (y caída en el olvido) película de la hoy elevada a los altares cinematográficos Kathryn Bigelow. Consiste en dar el punto de vista real del personaje principal, lo que necesita de una implicación por parte del público bastante exigente, lo que puede resultar en agresivo. En Gravity, la conexión con la humanidad de los astronautas es inmediata, por lo que su angustia es nuestra, se crea una comunión fundamental para que participemos en el componente emocional de la narración. Vemos que los personajes son falibles, dudan, tienen miedo, pasan por todas las fases posibles en medio del horror, desde la lucha a la aceptación del inevitable fin.

Hostiapijotú, que se ve tu pueblo

Hostiapijotú, que se ve tu pueblo

Parte de la culpa de esa mímesis espiritual la tiene el trabajo actoral. Especialmente, rompo una lanza por la señorita Bullock. Sí, ya que esta tipa tiene un Oscar, pero no entiendo muy bien la razón. Queda muy lejos aquella eterna vecinita de al lado que nos encandiló en “Speed” o “Demolition Man” (tantos años han pasado y aún no sabemos como se usan las dichosas tres conchas). Luego, la selección poco afortunada de papeles y películas la convirtió en una de las reinas de la memez tipo Meg Ryan. Diré más, la presencia de Bullock era una de las razones por las que en un principio deseché el visionado de esta película.

Pero en esta historia, a mí me cerró la boca. La mayoría de la película, aparte de sobre el maravillosos apartado técnico, recae en Sandra Bullock. Su papel es muy físico, pero de una enormidad emocional que no cualquiera aguanta. Ella sirve de nexo entre secuencias, de motor narrativo, marca la pauta entre las partes de la histoira. Durante la primera mitad, es una esclava del entorno. Está embutida en una enorme escafandra, sin mucho control sobre sus propios movimientos. Sólo tenemos acceso a su rostro. Con esa única herramienta, se la exige la capacidad de crear una conexión con la sala, de llevarnos a su terreno. Deseamos que sobreviva, estamos con ella, no resulta odiosa ni cargante. Es una persona normal en una situación extraña y mortal, no es una astronauta con años de experiencia en paseos espaciales. Está aterrorizada. El tiempo que pasamos con ella en el espacio, sirve para la evolución brutal de mujer que sobrevive a mujer que quiere vivir, con todas las cosas terribles, con todas las maravillas que eso conlleva. Cuarón no aparta la cámara de ella en casi ningún momento, aguanta el plano, y la presión, en tiempo real. Nada de transiciones bruscas, nada de trucos con el reloj. En ese aspecto, la película roza el documental. Incluso marca la transición entre las dos partes reconocibles de la historia, en un precioso plano, en el que se despoja del traje de astronauta, y flota en gravedad cero con el amanecer sobre el planeta tierra, envuelta en posición fetal por su propio cuerpo, del que había perdido la conciencia tras horas enclaustrada en su traje espacial. Sobrecogedor.

George Clooney interpreta de nuevo uno de esos papeles hecho a medida, canalla embaucador de lo más entrañable, el astronauta con experiencia, hecho a todo en eso de dar vueltas por el cosmos, noble y capaz de dejarse la piel porque cada uno de los miembros de la expedición regrese a casa. Contrapartida inteligente a la intensidad del papel de Bullock.

600 kilómetros sobre la tierra, y lo único que pillo es la COPE

600 kilómetros sobre la tierra, y lo único que pillo es la COPE

Otro de los grandes protagonistas de la experiencia es el sonido. Una muestra más de la capacidad de control del tempo que tiene Cuarón. Se ciñe a la física espacial, y por lo tanto, en el espacio no se escucha nada. Hay momentos en los que se desata el caos destructivo e inmisericorde, vemos como las cosas se deshacen en mil pedazos, pero el silencio sobrecogedor reina en la sala. El manejo de las sensaciones, el juego con nuestros sentidos, alcanza proporciones colosales, convierte en realidad al oximorón de “silencio ensordecedor”. Otra pieza del rompecabezas perfecto en la narrativa audiovisual de Cuarón, que fabrica ese todo conectado del que hablaba al principio.

No soy un gran defensor del 3D. Todavía no he visto ninguna película en la que no sea un artificio innecesario. Quizá tenía algo de sentido en “Avatar”, pero era un bonito envoltorio para una fenomenal nada. El resto, conversiones de formato absurdas o cortinas de humo para películas nefastas.

Gravity es la película que da sentido a la experiencia 3D. Nos demuestra que, como todo en el cine, es una herramienta; en manos inteligentes, ofrece espectáculos sobrecogedores como éste. Habrá quién abomine de las moderneces, pero ya hubo agoreros que pronosticaban peligros similares cuando apareció el cine sonoro, o el color, o el cinemascope, o tantos otros avances. Incluso cuando Eisenstein estableció su teoría del montaje tuvo sus detractores, y ahora nadie duda de su influencia en el el cine de cualquier tipo.

El 3D, de repente, se convierte en un aporte más en el torrente de emociones que propone “Gravity”. Nos hace aún más partícipes en la experiencia completa, que hacía mucho que no experimentaba en una sala de cine.

Hace un tiempo, hice una crítica un tanto destructiva a una película que, en esencia, se compone de elementos parecidos a la que hoy comento, “Lo imposible”. Ambas tratan la experiencia vital de personas enfrentadas a situaciones límite. La cinta de Bayona apostaba por el espectáculo lacrimógeno, excesivo, ruidoso, vacío y carente de emoción, que obligaba al espectador a hacer el trabajo sucio en la historia. Gravity se centra en la sencillez, el preciosismo, la innovación, en los elementos más básicos y puros para transmitir la información. Aunque el guión sea simple, incluso melodramático de más en algunos momentos. Fallos nimios que no estropean el fabuloso todo. Consigue esas emociones que “Lo imposible” me exigía pero que “Gravity” me regala.

preciosismo espacial

preciosismo espacial

Cuando salgáis del cine, sabréis a qué me refiero.

Disfrutadlo.

@SantiagoNeg