Publicado el 13 de Octubre del 2013 por Kurtz en Cine
RUSH: Mucho más que cochecitos dando vueltas

Mediados de los años setenta. Niki Lauda y James Hunt se conocen desde la categoría de Fórmula 3. No solo son rivales enfrentados y enemigos en la pista, también representan dos maneras muy diferentes de entender el pilotaje. Lauda es metódico, calculador, sobrio y solitario, mientras que Hunt es impulsivo, popular y muy proclive a los excesos. Juntos trasladan sus arriesgados enfrentamientos al volante a la Fórmula 1. El campeonato del mundo de 1975 se lo lleva Lauda, que ha entrado en Ferrari mientras su máximo rival conduce casi un triciclo con motor. Pero en el 76 parece que no lo va a tener tan fácil. Hunt acaba de fichar por McClaren y ahora ambos pilotos llevan los coches más competitivos de la parrilla. Esto unido a las ganas que se tienen, acaba por desembocar en desastre en el Gran Premio de Alemania, cuando Lauda se sale de la pista y sufre un terrible accidente en el que queda atrapado en el coche mientras este estalla en llamas. Con unas quemaduras que le desfiguran la cara y los pulmones más contaminados que el tornillo de un autobús por la aspiración de vapores tóxicos, Niki se debate entre la vida y la muerte. Su carrera parece acabada y Hunt tiene allanado el camino hacia el campeonato del mundo. Pero apenas mes y medio después y por sorpresa, un Lauda aún cubierto de vendajes se presenta en el GP de Italia dispuesto a correr. Si Hunt quiere la corona, va a tener que pelearla de verdad.

Ron Howard ha dado en el clavo. Ciertamente es un director irregular, pero siempre ha ofrecido cosas interesantes a nivel de dirección. Además es un especialista en temas de superaciones basadas en hechos reales, ahí tenemos cosas como “Una Mente Maravillosa”, “Cinderella Man” o la más que interesante “Frost/Nixon”. A priori “Rush” suponía un cambio de registro y meterlo en un cine más adrenalínico y de acción. Este no es sólo el año que acabó con la cara de Lauda como la mejilla de Jordi González, también fue uno de los mundiales más disputados y con más conflictos extradeportivos. Y lo tenemos todo. Unos coches, modelos y réplicas de la época, perfectos. Una ambientación y de los boxes, gradas, comentaristas y público totalmente cuidado al detalle, y unas carreras llenas de tensión y vértigo magníficamente rodadas. Pero esta película tiene una enorme virtud, y es que no está destinada al disfrute exclusivo de aficionados al motor (a mí, lo de los cochecitos dando vueltas me la ha pelado toda la vida), por eso el protagonismo lo tiene la parte humana de los dos pilotos. Y aunque la factura técnica y la historia deportiva es imprescindible para que la película funcione, y por ello está tan mimada, la parte humana es el complemento que la hace accesible y la convierte en un gran film más allá de géneros. Howard no busca que uno se engorile solo con ver los adelantamientos, piques y accidentes de las carreras, quiere que lo hagamos estando en la cabeza de los corredores y pudiendo entender qué significa para ellos la velocidad y la rivalidad. Algo así como lo que nos contaba el gran documental “Senna” sobre la rivalidad entre Airton Senna y Alain Prost, pero en película y sin tan mala leche.

Test: Adivinen en menos de 2 seg quién de estos dos señores pudo permitirse ser un reconocido playboy

Esta búsqueda del lado humano hace que la película tarde en arrancar, casi el primer tercio de la misma está dedicada a ofrecernos un retrato detallado y cuidado de quienes son Lauda y Hunt, de cómo ven su propia vida y de cómo ven a su rival, de sus relaciones, aspiraciones y de sus miserias. Para ello no solo hace falta un buen guión (a cargo de Peter Morgan, que ya escribió esa joya de “Frost/Nixon”), también hacen falta buenos actores, y Howard acierta con sorpresa incluida. Para interpretar a Lauda recurre a Daniel Brühl, que con una gran labor de caracterización hace un papel antipático, soberbio, cerebral y acomplejado. Es alguien que nunca será tan atractivo como su antagonista y nunca caerá bien y lo sabe, pero también sabe que es mejor que cualquiera que le pongan por delante. Sin duda es lo mejor de la película.

El autentico James Hunt con su segunda diversión favorita

Pero no se queda muy atrás un muy sorprendente Chris Hemsworth, que durante todo el metraje te hace olvidar a “Thor” y al gañán rural de “Amanecer Rojo”. Su físico de guaperas con paquete de músculos le hace muy apto para interpretar a un desenfadado playboy (y no necesita tanta caracterización, se parece de verdad a Hunt), pero es capaz de hacer que las facetas humanas del tipo al que da vida queden bien plasmadas, que no es poco. Los papeles secundarios más importantes son para dos mujeres. Aquí tienen cierto punto de comparsa, pero son una muy buena manera de añadir piezas que ayuden a completar el retrato. Tanto la jamonísima Olivia “señorllévameauncielollenodeestas” Wilde como la señora Hunt, y Alexandra Maria Lara (“El Hundimiento”) como la parienta de Lauda hacen un buen papel, especialmente la segunda, con muchos más minutos en la pantalla.

Así pues, aunque era una película que a priori no me decía nada, ha terminado por convencerme totalmente. Si a las virtudes arriba mencionadas le añades que va creciendo en adrenalina y nos regala un final muy emocionante, puedo decir que ha sido un inesperado y grato regalo. Muy disfrutable, entretenida, bien rodada y con una interesante historia de rivalidad, enfrentamientos, respeto y superación.

Kurtz