Publicado el 17 de Octubre del 2013 por Germánico en Libros
Presentación de “Dispara, yo ya estoy muerto” de Julia Navarro.

Hoy, día 17 de Octubre del año 2013, ha sido un día un tanto extraño, frikis míos. Cultureta, por decirlo de algún modo; y entre cultura y cultura me he acordado de vosotros, queridos lectores que de vez en cuando me correspondéis leyendo mis locas palabras. Sea como fuere, la mañana ya comenzó bien y antes de comer ya había visitado, acompañado por un nutrido de jóvenes estudiantes femeninas elegantes, atractivas y sexys,  una exposición fotográfica muy interesante de Larry Fink (de la cual tendréis una reseña mañana).

Pero por la tarde, a las 19:00, tenía más planes: Julia Navarro se encontraría en la ciudad castellano-leonesa  de Valladolid para presentar su último libro; como no podía ser de otra manera, Isithrade  y un servidor nos desplazamos hasta la librería Oletvum (haciendo una breve parada para tomarnos unos yougurths helados).

Cuando llegamos, la librería estaba a rebosar, todas las sillas ocupadas y nosotros, apoyados contra una pared, nos dispusimos a escuchar. Acompañaría a Julia Navarro un Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid, Celso Almunia.

La charla (que podría definirse casi mejor como una especie de diálogo entre Almunia y Navarro), comenzó con un pequeño discurso del catedrático repasando la carrera profesional de la escritora y con un intento de spoiler frustrado por una Julia Navarro con un “No, no sigas por ahí. No.” Siguió ella contando su relación periodismo-literatura y su sueño de convertirse en bailarina de ballet.

A partir de ese momento, comenzaron a descifrar, describir y/o comentar un poco lo que vendría siendo la novela. Hablaron de la esencia del libro que consistía en dos familias (sagas de familias, más bien) de judíos y de palestinos. La historia se compone de una enorme galería de personajes e historias, mayormente trágicas (aunque con alguna trama romántica como bien destacó Almunia) que resultó ser tremendamente complicada para la escritora, quien comentó que el reto de enfrentarse a esta novela (la más complicada que ha escrito) fue titánico pues, además de querer que los lectores no se perdieran, buscaba la empatía del lector con las dos familias protagonistas. Es como varias novelas dentro de una sola, sin ser una historia de buenos y malos, con un tema central difícil: relación entre judíos y palestinos.

No sólo eso, trata de representar emociones y sentimientos, todos tienen razón. A Navarro le interesa cómo nos las arreglamos para vivir cuando muchas veces son otros los que toman las decisiones por nosotros. Ha dado voz a unos personajes que, de otra manera, pasarían desapercibidos.

Llegado a este momento, Julia Navarro dijo (no es una transcripción de sus palabras exactas, perdonadme): “Es un ejercicio que todos deberíamos hacer en la vida, intentar comprender. Sólo ese hecho, el dar ese paso, ser capaces de hablar, de escuchar al otro, haría todo más fácil”.

Entre Julia Navarro y Celso Almunia repasaron la historia y causística judía, con las impresiones que Oriente Próximo ejerce sobre la escritora quien tiene una relación amor-odio con Jerusalén. Julia frustró en más de una ocasión los intentos de spoiler de Celso, lo que hacía que el ambiente fuera más relajado y distendido.

Tras varias reflexiones, algunas que ver con la novela, otras simplemente con la ética y moral del ser humano, llegó la ronda de preguntas. El resumen de éstas (con sus respectivas respuestas) os lo resumo en unos puntos:

– Su motivación viene dada por el hecho de la importancia de dónde y cuándo naces.

– Pensó en otras localizaciones (entre las cuales se encontraba Yugoslavia), pero creyó conveniente que Oriente Próximo le resultaba más atractivo, quizá conocedora del tema y por sus múltiples viajes a la zona.

– Sobre el título dijo que lo tenía bien claro desde el principio y que es un guiño a los lectores, pues tiene relación con el final. Final que, de hecho, fue el primer capítulo en ser escrito.

– Una mujer comparó la novela de Julia Navarro con la titulada Éxodo, de Leon Uris. No pareció hacerle gracia esta comparativa, pero sabiamente supo defender su novela (se tenía que basar en una época histórica, que coincidiera no era sinónimo de ser iguales).

– Hubo un momento de risa cuando  un hombre comentó que si los judíos habían ido comprando terrenos cachito a cachito a Palestina (y ahora vemos que prácticamente toda Palestina es Israel), ¿podría pasar lo mismo con los alemanes y Mallorca? Navarro no lo creía imposible.

– Por último, aseguró que ella no buscaba la lágrima, que no quería ser dramática cuando escribía, que simplemente le salía así. Eso sí, dudó mucho el hecho de poder escribir, algún día, una novela más… divertida.

Tras la despedida y los aplausos, llegó el momento de las firmas y de las fotos. Y por supuesto, como documento gráfico de nuestra presencia, aquí os dejamos Isithrade y vuestro querido y bienamado Germaster, la foto que así lo atestigua: