Publicado el 22 de Octubre del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
Pyongyang: Un viaje a Corea del Norte

Esta es la historia de Guy Delisle, un trotamundos atrapado en la vorágine del planeta globalizado del siglo XXI, víctima de la paulatina desaparición de los estudios de animación en Europa. La deslocalización, ese horror empresarial añadido al diccionario del espanto tan propio del neoliberalismo, ha permitido que la mayoría de los estudios de animación mundiales encuentren la mano de obra barata en Asia, necesaria para que veamos nuestros episodios favoritos de los Simpson. Lo retrató muy bien Banksy, el célebre grafitero, en su controvertido opening perpetrado precisamente para la serie protagonizada por la familia catódica por excelencia.

Delisle se transforma en superviviente de su oficio, así que pulula de un punto a otro del globo, a sueldo de diferentes productoras de animación del país vecino.

Su último encargo, supervisor de los acabados de una serie infantil, subcontratada al SRK estudio con sede en Pyongyang. Así empieza la peripecia de Guy, tan asombrado por el rotundo choque cultural que se atrevió a plasmar su extraña experiencia en una novela gráfica, que con el tiempo se ha transformado en imprescindible para un mínimo entendimiento de la situación surrealista que se vive en esa pequeña porción del globo.

Sé que sois chicos listos, y que todo el mundo conoce la situación Coreana. Dividida por la guerra, su mitad norte cayó en manos de un sistema basado en la peculiar forma de entender el comunismo aglutinada en la doctrina Juche, principio y fin del pensamiento político y social dentro de la sociedad norcoreana. Desde el mismo momento en el que Delisle pone los pies en el aeropuerto de Pyongyang, empieza una sucesión de situaciones tragicómicas, producto del obsesivo control paranoide de las autoridades del régimen, en ese momento dirigidas por Kim Jong-II, hijo del eterno padre de la república, el reverenciado Kim- II- Sun. En su momento, el gran lider se empeñó en convertir Corea en un paraíso stalinista, que mutó en la primera dinastía “comunista” (y ese entrecomillado está puesto a conciencia) de la historia de la humanidad, por mucho que en wikipedia se lea que Corea del norte es una república democrática (risas y aplausos). Delisle plantea la comicidad de su rutina esquizoide tirando de humor e ironía, pero gracias a su mirada humana y nada ideológica entrevemos la Norcorea que es juego de espejos, luces brillantes construidas para honra de sus líderes y despiste para los escasos extranjeros que visitan esa zona del mundo. Ecos de pesadilla orwelliana en porciones de realidad, resulta esperpéntico el grado de control sobre la población que el régimen ha impuesto sobre las aletargadas conciencias de sus habitantes. Las relaciones personales con el sempiterno guía y traductor sirven de nexo de unión con los habitantes de Pyongyang, cuadriculados en la fe profesada hacia la propaganda del partido, único canal de información en un país que es el único en el mundo sin conexión a la red (o eso tengo entendido, no sé si habrán tenido algún signo aperturista al respecto, pero hablamos de un sistema que permitió los ordenadores por primera vez a mediados de la primera década del siglo XXI, considerados una herramienta para el pueblo).Pero Deslile no está aquí para hacer comedia sobre choques culturales. También muestra su desesperación ante las locuras cotidianas, dulcificadas de forma extrema en su persona por la condición de extranjero. Habla sin resultar condenatorio, desde su propia experiencia, sus opiniones, claro, pero también de las actitudes en una población sometida a un lavado de cerebro general, sin espacio para la disidencia, capaces de creer en ridiculeces que nos harían palidecer de vergüenza ajena. Al mismo tiempo, nos invita a reflexionar sobre nuestros propios mitos, envueltos en esa fantasía de libertad engañosa que es la actualidad mordiente.

Una lectura inteligente y divertida, dibujada con sencillez clara, llena de momentos con los que no sabrás si la sonrisa es la reacción más adecuada al disparate que sucede viñeta tras viñeta.

En estos tiempos, donde muchos “demócratas” sueñan con obscenidades atroces de control y engaño, es bueno que demos este paseo por el país más herméticos del globo, convertido en una especie de forzado teatro a ojos de los extranjeros, que asisten asombrados al desastre.

@SantiagoNeg