Publicado el 30 de Octubre del 2013 por Kurtz en Cine
LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI: Blandismo y lucha de sexos

La crisis económica pega duro en la España del 2013, lo suficiente como para que una banda de parados disfrazados de estatuas vivientes se lance a cometer un osado atraco en plena Plaza del Sol de Madrid. Con un botín de miles de anillos de una tienda de compra y venta de oro bajo el brazo y con el lastre del hijo menor de uno de los atracadores, se ven obligados a secuestrar un taxi y huir en dirección a Francia. El plan improvisado sigue el rumbo correcto, pero ya muy cerca de la frontera tienen que atravesar Zugarramurdi, lugar donde un mítico proceso inquisitorial acabó con varias brujas quemadas y en el que, según las habladurías, siguen produciéndose fenómenos extraños.

Vamos a ver, lo primero es el regusto agridulce que se me ha quedado. No sé exactamente qué es lo que falla en ella, pero intentando un análisis que siempre va a ser subjetivo (soy muy fan de Alex de la Iglesia), voy a intentar hacer una disección lo más sensata posible. Por una parte tiene sus virtudes; para empezar resulta muy complicado que este hombre a estas alturas ruede una película “mala”. Por oficio y personalidad, su cine sigue estando ahí, y aún con sus irregularidades y agujeros la película sigue una línea coherente, tiene unos personajes bien presentados que ocupan su lugar en la trama y la historia se desarrolla hasta llegar al climax final. Es decir, la historia, pese a lo descerebrado del conjunto, es funcional. Pero creo que no es aquí donde personalmente encuentro el problema, lo que me chirría es más bien el tono general y la sensación de que se está desaprovechando una historia que podría haber ofrecido mucho más.

Como ya he dicho antes, esto es un asunto muy subjetivo. Una de las características que me gusta del cine de Alex de la Iglesia es su capacidad para convertir el retrato costumbrista en algo lleno de ácido. La pensión de “El día de la Bestia”, “La Comunidad” al completo, buena parte de “Balada Triste de Trompeta” son buenos ejemplos. Es decir, coger lo más típico de los tópicos de nuestro carácter y hacer de ello algo divertido y sarcástico (algo que Berlanga hacía mucho mejor, pero de la Iglesia le pone más mala leche). Aquí es donde veo la cojera, por momentos parece un quiero y no puedo y veo el carácter general  más cercano al de una telecomedia española al estilo “Aquí no hay quien viva” que a la mala baba y oscuridad que suelen tener los personajes de sus anteriores películas. Buen ejemplo de esta falta de “chicha” malsana es tener una película llena de brujas y llenarla de unos chistes y tópicos fáciles y mil veces oídos sobre la guerra de sexos. Algo que impacta bien poco cuando vivimos en un país lleno de series de humor que llevan décadas repitiendo hasta la saciedad estos mismos chistes y tópicos fáciles.

Claro, que esto es lo que yo quería o me esperaba. Es su película, hace con ella lo que le pasa por los huevos, y tiene suficiente crédito como para hacerlo. Puede que simplemente pretendiera hacer una comedia alocada y adrenalínica  donde los protagonistas hacen cosas “incoherentes” pero acorde con el tono cómico. Si ese era el propósito, bien por él porque lo ha conseguido. La película es muy divertida, y  no nos libramos de momentos de cine bien rodado como el atraco inicial y la espectacular primera persecución (aunque esté intercalada con unos miles de gags) o exhibiciones de músculo como algunos momentos de la ceremonia final (aunque derive en la mayor ida de olla que ha tenido este hombre en toda su filmografía, para bien o para mal).

Para que todo esto funcione hace falta un reparto acorde a lo que se busca, y pese a que por momentos aquello parece un vodevil de amigotes suyos a la caza de su minuto y su bocadillo en el rodaje, en general están todos en su sitio. Hugo Silva cumple haciendo de versión de sí mismo en clave de humor. Curiosamente Mario Casas está enorme, y digo curiosamente porque como actor me parece una pifia con piernas (y eso cuando le entiendo al hablar, que es casi nunca), pero su rol de cani descerebrado y tonto del culo es sensacional y le queda como anillo al dedo. Hasta Carolina Bang funciona muy bien. Vale, se diría que lo suyo es limitarse a poner cara de loca y tener actitud de pirada, pero físicamente tiene muchísima presencia, y aunque me pareciera lo más flojo de “Balada Triste de Trompeta”, aquí casa con el conjunto. Lo mismo le pasa a Macarena Gómez aunque esté haciendo exactamente el mismo papel que en “La que se avecina”. Pepón Nieto y Secun de la Rosa, aunque cumplen como inspectores de policía con problemas internos, son otro factor que ayuda a alimentar la sensación que da a veces la película de ser un capítulo muy largo de una serie cómica ¿Falta alguien? Si, claro, faltan los dos dinosaurios, Carmen Maura y Terele Pávez. Las dos están como se espera de ellas, perfectas. Son puro oficio y se nota que van muy sobradas. Incluso la segunda anda un poco contenida, cosa rara teniendo en cuenta que se ha especializado en interpretar a brujas en el sentido más metafórico. Mención aparte a Javier Botet, al que con ese físico siempre le tocan papeles extraños (ha sido la niña Medeiros de “Rec” y el fantasma de “Mama”, entre otros). Aquí de nuevo depende de su imagen, pero atentos a su papel y a su descojonante primera intervención.

Seamos justos, al menos a Alex hay que reconocerle el buen gusto para algunas cosas

Me dejo a muchos, pero es que la lista es casi inacabable. Para ir concluyendo. Es una película que me habría gustado muchísimo más si se le hubiera metido un trasfondo más ácido y más cabrón como Alex de la Iglesia sabe hacer perfectamente, pero que como comedia “todo-vale” al estilo de “Acción Mutante” funciona perfectamente y ayuda a pasar un buen rato.