Publicado el 9 de Noviembre del 2013 por Kurtz en Cine
RIDDICK: No diga Riddick, diga Vin Diesel

Riddick está triste y de bajona. No importa el puesto de Lord Mariscal Necrófero y las ventajas del cargo (furcias, poder practicar el genocidio y asesinos haciéndote la pelota) cuando lo que te falta es cálido abrazo de los Furyanos. Así que ordena localizar Furya y poner rumbo directo a su planeta natal. Pero nada más tomar tierra, descubre que le han engañado, que eso no es Furya y que siguiendo la máxima necrófaga de “eres dueño de lo que matas”, sus ayudantes quieren darle pasaporte y quitarle el puesto. Riddick, dado por muerto, está ahora malherido, abandonado y completamente solo en un planeta extraño. ¿Solo? No exactamente, ya que toda la fauna local está empeñada en llevárselo al buche. Nuestro cachas favorito tiene que trazar un plan, pero lo primero es lo primero, así que debe recuperarse, asilvestrarse, ponerse más cachas y buscarse una mascota.

Me gusta Vin Diesel. Lo admito aquí, pero puede que lo niegue delante de un juez. Quizá sea un fetichismo extremo, quizá me recuerda a una versión involucionada de Rafa Mora. Pero me mola. Además tiene pinta de ser esos que antes de ponerse a rodar una escena está super concentrado y no deja que nadie se le acerque por si le joden el aura. Es la única manera de explicar como se las arregla para que parezca que se toma en serio cualquier papel que interpreta en cualquier hez  cinematográfica. ¿Qué hay una peli de acción de mierda que es un desvarío que no hay por donde cogerlo? Pues ahí está el, en mitad de la función, como si estuviera interpretando algo de Kieślowski y dándole carácter trascendental a su personaje. Lo peor no es eso, es que además, suele funcionar porque Vin Diesel-Mora, a diferencia de Sam Worthington y otra pléyade de estrellas fans de la cubitera, tiene un extraño carisma. Sus personajes molan pero porque el se mola a un nivel casi cómico. Y Riddick es la máxima expresión. Todo el mundo va a morir en unas horas, el lo sabe y solo tiene que decir lo que va a pasar para que la gente colabore, hagan piña y salgan vivos. ¿Qué hace Riddick? Se calla, se deja encadenar y se decía a vacilarles y a explicar como va a matarlos, en cuanto tiempo y como va a follarse a la rubia. Así es Riddick, insondable, enigmático, vacilón. Pero con profundidad. Si os paráis a pensar, en las tres películas la parte del guión dedicada a sus diálogos es de una extensión similar a la que tendría la de cualquier actor de cine porno (gemidos excluidos). Y esto es porque, al igual que en el noble género del pepino y la almeja, Riddick solo habla para decir las cosas importantes de verdad. Para hablar ya están el resto de personajes, al menos tienen la posibilidad de desahogarse antes de morir.

Este iba a ser el poster, pero hubo que descartarlo porque durante la elaboración a Diesel le salieron 3 o 4 nuevos músculos y ya no valía

Curiosamente, además esta es una franquicia poco menos que inesperada que surge a partir de “Pitch Black”, una película menor, que casi podría calificarse de serie B y donde todo, a priori, parecía ya muy sobado en el genero de bichos espaciales que se comen a los incautos de turno. Sorpresivamente la película funcionaba muy bien, los personajes tenían su miga, la tensión acompañaba, los bichos molaban y además nacía Riddick, ese antihéroe que no es malo ni bueno, y que va a la suya con unas gafas de piscina para invidentes que le quedan como el culo. Riddick  mata, hace coñas y defiende al desvalido casi sin quererlo. No es malo del todo, pero le gusta que caigamos en el error de juzgar a alguien por estar cachas y por haber roto un par de cuellos. Todo en esta películita eran lugares comunes del cine de acción y ciencia-ficción pero estaba hecha con gusto. Aún recuerdo cuando la alquilamos un grupo de colegas (si, antes se alquilaban películas) y quedamos más que gratamente entretenidos tras superar un inicio que prometía un mojón sideral. Ya con Vin Diesel instalado en el trono del bíceps cinematográfico, se decidió revivir al carismático personaje para “Las Crónicas de Riddick”, donde sólo Riddick y un pequeño hilo argumental se enlazaban con la anterior. Esta fue una película con un destino bastante injusto y muy vilipendiada. Es mala, si, pero no tanto. El problema es hacer una pedantísima epopeya espacial donde todo el mundo espera un survival y encima con el personaje tan pagado y sobrado de si mismo que la cosa hasta da risa. Pero los necróferos y su mitología, las tramas secundarias y ese diseño y decorados que recordaban a un puticlub muy gay hacen de ella una película más que entretenida. Pero claro, también es extraña, absurda y con elementos que no encajan ni a leches.  Eso si, tiene el premio de poder ver a Judi Dench y Karl Urban poniendo su mejor cara de “necesito contratar otro agente”.

Vin Diesel meditando sobre las motivaciones intrínsecas de su personaje y sobre si debe mostrarlas de manera explícita o implícita

De nuevo han pasado los años y alguien ha tenido la genial idea de hacerme un regalo sin ser mi cumpleaños. Han vuelto a juntar el equipo y han creado otra película de la saga. Pero esta vez el único que puede ser un pedante es el protagonista, que además se encuentra en una situación muy similar a la de “Pitch Black”. Planeta hostil, fauna comegente y otros humanos tratando de impedir que Riddick sea premiado como el bíceps más duro de todos los sistemas planetarios. De nuevo el argumento trata de enlazar con “Pitch Black”  (la excusa es tan cutre, garrula e idiota que por eso mismo es maravillosa) para que se note que estamos en una saga, y de nuevo la película es un mojón de esos que de malos que son resultan hasta entretenidos. Esta aún más, y no solo por lo subido y pagado que está Vin Diesel de si mismo (cosa que se nota en cosas como que la mitad de la película esté narrada por el mismo con cálida y sensual voz en off) sino por premiar la paciencia del espectador con una Katee Sackhoff (Kara Thrace “Starbuck” de “Battlestar Galactika”) como ruda mercenaria espacial que se tira desde mitad de película al final partiéndole la cara a otro mercenario, que resulta ser nuestro entrañable Jordi Mollá con pinta de haber estado un par de años asaltando supermercados con el SAT. También está por ahí muriendo Batista, uno de esos luchadores-actores que de vez en cuando nos coloca el cine y que vienen bien porque ocupan tanto plano que reducen costos en efectos y atrezo. Del resto de secundarios ni hablo, lo único que hacen es palmar en orden, sin estridencias y sin robar mucho metraje.  El final es puro puro puro plagio de la primera película de la saga, pero ¿Para qué arreglar algo que no funciona pero mola? Ya hace años que AC/DC nos enseñaron que plagiarse a uno mismo es algo que está bien y que se llama estilo. Aprueban con nota los bichos, que son como tienen que ser, feos como el postoperatorio de Belén Esteban y malos como la tiña. Pero por encima de todo, está Vin Diesel. Espero que el mundo del cine rectifique a tiempo y lo fichen para hacer de Batman en la nueva de Superman, porque subiría muchos enteros la cosa

Jordi Mollá, un nuevo papel de éxito tras ser el villano en "Bad Boys 2"