Publicado el 26 de Noviembre del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
Los proyectos Manhattan: Ciencia. Malo

 

Partamos de un principio básico: la historia no es como nos la han contado. Olvidad toda la propaganda que nos han metido a presión en nuestros cerebros simiescos. El mundo maniqueo de blancos y negros que ha sido la nota dominante desde la segunda guerra mundial queda arrasado por la verdad oculta, la auténtica guerra secreta que se libró a espaldas de un mundo paranoico. ¿Pensabas que la mayor amenaza de la guerra fría era la bomba atómica? Sigue en tu cascarón, pajarito.

Pero si quieres conocer de primera mano lo que ocurrió realmente, Jonathan Hickman tiene a la verdad cogida de sus escurridizos testículos. Ahora es cuando te preguntas si realmente quieres mirar.

Oppenheimer y su vicio con la destrucción masiva

Oppenheimer y su vicio con la destrucción masiva

Todos sabemos lo que era el proyecto Manhattan. ¿No? ¿NO? !Por el cojón perdido de Hitler! ¡Tienes dos minutos para mirar Wikipedia! Efectivamente, hablamos del proyecto, auspiciado por Estados Unidos, que culminó con la creación de la bomba atómica. El esfuerzo de las mejores mentes de la época para adelantarse a la maquinaria de guerra Nazi, que, según todos los expertos, tenían su propio proyecto para el desarrollo de la misma tecnología.

Eso es lo que pone en los libros de historia. Pero pensemos un poco. ¿Se detendrían los hombres más brillantes del siglo XX en una nadería como esa, con el mundo de posibilidades que los misterios de la física abrían para el ser humano moderno?

La respuesta es, claramente, no. Un no rotundo. Un no que propició la batalla oculta más importante de la historia de la humanidad. De aquel primer éxito, nacerían Los Poryectos Manhattan. En plural.

Esta es la premisa que nos ofrece el poderío narrativo del autor de moda en el mercado USA, Jhonatan Hickman, su fantasía destructiva sobre una realidad imaginada en la que los héroes de la ciencia del siglo XX, se transforman en protagonistas de una conspiración de niveles cósmicos, literalmente. Todo tiene cabida en esta gamberrada para lectores inquietos, iconoclasta, atrevida y corrosiva. El mundo de Hickman parece no conocer límites, y en Los Proyectos Manhattan se estira hasta el infinito, con el resultado de esguince cerebral continuo para el avezado lector.

Los nombres más reconocibles de vuestros libros de historia de la ciencia son transformados en extraños héroes de acción, dispuestos a explorar lo desconocido para conseguir sus propósitos, a cualquier precio, sin prestar mucha importancia a la cantidad de cadáveres que se dejan por el camino.

Físicos extraterrestres, otros con personalidad múltiple y asesinos de masas, portales cuánticos alimentados por monjes budistas adoradores de la muerte, agujeros a otras dimensiones, desertores Nazis armados con miembros cibernéticos, presidentes muertos regresados en formas de I.A, presidentes vivos francmasones y dados a las orgías místicas en la casa blanca, magos egipcios, invasiones extraterrestres y héroes del espacio rusos. Sí amigos, todo eso y más, que lo anterior no es más que un esbozo de la barbaridad de conceptos, perversiones y cortes de manga que el bueno de Hickman tiene preparado como menú.

Y se lo pasa en grande.

Como compañero de aventuras, un compinche habitual, Nick Pitarra, detallista, brusco, de líneas duras y conceptos simples, que sabe seguir el juego que Hickman ha orquestado. Plasma a la perfección el clima de locura megalómana que empuja a los personajes a tomar decisiones por el bien común, aunque implique el sacrificio de dimensiones enteras. Si el mundo ha de tener una guía, ¿quién mejor que los tíos más listos de la tierra? Y se esforzarán por conseguirlo, aunque el mundo arda. Pitarra no tiene fronteras, todo vale. El uso del color es fundamental para entender el peregrinaje de nuestros pirados favoritos. Viajes a través de la ciencia, el conocimiento, la propia psique humana, o episodios oníricos bastante turbadores.

Einstein está relativamente mosqueado (Buah!! Chiste de ciencias!!! Soy un genio!!!)

Einstein está relativamente mosqueado (Buah!! Chiste de ciencias!!! Soy un genio!

Hickman juega con el tiempo de manera brillante, nos ofrece las piezas del rompecabezas de manera acompasada, sin descanso, de sorpresa en sorpresa. Sin ninguna piedad por los manuales de historia, por arte de fábula unos ratones de biblioteca son héroes dimensionales, auténticos personajes pop dentro de una patada en los dientes al academicismo rancio.

Vuelve a conseguirlo. Este autor está ofreciendo algunos de los mejores episodios de la historia del cómic reciente. Con inteligencia, valor, conocimientos enciclopédicos y un sentido del humor ácido y crítico, lleva a una nueva era los conceptos del cómic “comercial”. Su obras anteriores han levantado ampollas, como “El informativo nocturno”, han definido la ciencia ficción en el medio (“Red Wings”) o han revolucionado cabeceras que parecían tener ya todo escrito a sus espaldas. Mirad lo que ha hecho con los 4F, la primera familia Marvel. Décadas de historias, llenas de ideas que marcaron la historia del arte secuencial, una colección destinada a la repetición y a la revisión de una identidad marcada a fuego. Llega Hickman, y todo es nuevo y maravilloso. La cantidad de conceptos nunca vistos, el sentido de la respetuosa renovación, fueron la tónica constante de ciclo que significó el mejor momento de la historia de los 4F desde principios de los 80. Su fuerza única ha llegado ahora a Vengadores, donde se encarga del evento del año, “Infinito”. No perdáis de vista a un tipo que sabe como conjugar el sentido de la épica con ideas elevadas de la mejor ciencia ficción. Creo que no veíamos nada parecido desde los momentos más emocionantes de Grant Morrison en la Liga de la Justicia (salvando las distancias, que son muchas).

Diversión bruta, reflexión sesuda, comedia desatada, gamberrada inteligente. Todo eso y más. Hickman y Pitarra ofrecen un viaje por el mundo, si estuviera más loco de lo que ya está, si fuese un planeta más enfermizo de lo que ya es. Si es posible, claro.

Todo ello ofrecido por Image Comics, lo que son las cosas. La editorial del exceso, el pseudoplagio y el vacío que significó lo peor de la década de los 90, se ha transformado poco a poco en sinónimo de vanguardia, experimentación y libertad creativa. Nos trae un producto muy diferente, claro, pero está dando sopas a las de siempre.

Hickman escribe cómics inteligentes, para gente inteligente, sin resultar pedante o excesivo, armado con la extraña humildad de los genios humanizados y humanistas. Eso no es fácil de encontrar en un mundo tan lleno de ídolos de barro como el cómic USA. Aprovechad que estamos de suerte, y leed lo que, dentro de unos años, serán clásicos. Porque si pensabais que el humor de la Guerra Fría había llegado a su cenit con “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú”, Hickman da el siguiente paso.

El sí que será el destructor de mundos.

@SantiagoNeg